la creación

Sofía Bassi: La lágrima del mundo (1974)

La creación

vive como génesis

bajo la superficie visible

de la obra.

Hacia atrás

lo ven todos los intelectuales.

Hacia adelante

-en el futuro-

solo los creadores.

(1914)

Paul Klee: Casi todos los poemas, Eda Libros, Benalmádena, Trad. de José Luis Reina Palazón, 2019, p.229

Este desequilibrio

John Everett Millais: La sonámbula (1871)

EXÁMENES FINALES

A las cinco y media de la mañana suena la alarma.
Sentada esperando a que se caliente el café, decido no ir a clase.
Finjo encontrarme mal, que no se preocupen, que mañana iré.
Mis padres me dicen que siga estudiando, que no lo deje.
Me siento ante los libros,
los abro y me pregunto de qué nos salvan estas hojas.

Nadie llegaba a entender que me pesaban los párpados,
los viajes en metro, el trayecto en bus, comer tarde,
hacer los deberes en la cama rodeada de bolsas de mudanzas
y ayudar a descargar la furgoneta,
que el bus no llegaba a tiempo,
que hacía latín y lengua durante el recorrido
y estudiaba historia entre cabezadas,
que no iba a dejar que aquella mudanza pudiera conmigo.

A veces cuando entro en la cocina, todavía creo que son las cinco y media,
que llego tarde, fingir que estoy mala, un simple resfriado.

Incapaz de reconocer que no siempre sabemos qué hacer con todo este desequilibrio.

Cristina Angélica: Mi hogar es una caja de mudanzas, Valparaíso, Granada, 2020 p. 40

silencioso gesto

Oswaldo Guayasamín: Lágrimas negras (1984)

LO INAUDIBLE

Es inaudible,
no podremos saber si las hojas
se acumulan y suenan al encaramarse
la mirona lagartija sobre la hoja.
Nos roza la frente
y creemos que es un pañuelo
que nos está tapando los ojos.
El oro caminaba
después hacia la hoja
y la hoja iba hacia la casa
vacía del otoño, donde lo inaudible
se abrazaba con lo invisible
en un silencioso gesto de júbilo.
Lo inaudible
gustaba del vuelo de las hojas,
reposaba entre el árbol inmóvil
y el río de móvil memoria.
Mientras lo inaudible lograba
su reino, la casa oscilaba,
pero su interior permanecía intocable.
De pronto, una chispa
se unió a lo inaudible
y comenzó a arder escondido
debajo del sonido facetado del espejo.
La casa recuperó su movilidad
y comenzó de nuevo a navegar.

1 de febrero y 1975

José Lezama Lima: Poesía Completa, Sexto Piso, México, 2016, pp.784-785

contables

Tarsila do Amaral: Operários (1933)

Profesiones

Además de lo evidente: el capataz,
el contramaestre, el cabo;
estaban desde el principio
mucilaginoso del tiempo
los curas. Luego vinieron
los psicólogos (y sus esbirros
pedagógicos). Hasta hubo
curas psicólogos.
Y me dicen que en la dulce
Francia, tenían sociólogos,
pero que no todos eran curas.
Ahora tenemos economistas:
las niñas quieren ser de mayores
contables de la mafia.

Javier Rodríguez Fernández: Así, Huerga y Fierro editores, Madrid, 2021, p.48

hacer trampa

László Moholy-Nagy: Untitled (1939)

UN TROZO DE PAPEL

Hoy fui a la doctora,
la doctora dijo que yo estaba muriendo,
no con esas palabras, pero cuando lo dije,
no lo negó.

Qué le has hecho a tu cuerpo, decía su silencio.
Te lo dimos y mira lo que le hiciste,
cómo abusaste de él.
No sólo hablo de los cigarrillos, dice,
sino también de la mala dieta, la bebida.

Es una mujer joven; la rígida bata blanca oculta su cuerpo.
Tiene el cabello recogido, los pequeños mechones femeninos
suprimidos por una cinta oscura. No está cómoda aquí,

tras su escritorio, con su diploma sobre la cabeza,
leyendo una lista de números en columnas,
algunos resaltados para llamar la atención.
Su columna también está recta, sin mostrar sentimientos.

Nadie me enseñó a cuidar de mi cuerpo.
Creces vigilado por tu madre o tu abuela.
Una vez que te liberas de ellas, tu esposa se apodera, pero está nerviosa,
no va demasiado lejos. Así que este cuerpo que tengo,
por el cual me culpa la doctora, siempre ha sido supervisado por mujeres
y, déjame decirte, dejaron mucho por fuera.
La doctora me mira;
en medio, una pila de libros y carpetas.
La clínica está vacía, salvo por nosotros.

Aquí hay un escotillón y, a través de él,
el país de los muertos. Y los vivos te empujan para que entres,
quieren que llegues primero, antes que ellos.

La doctora lo sabe. Ella tiene sus libros,
yo tengo mis cigarrillos. Finalmente
escribe algo en un trozo de papel.
Esto te ayudará con la presión arterial, dice.

Y lo guardo en el bolsillo, señal de partida.
Y una vez fuera, lo rompo, como un ticket al otro mundo.

Estaba loca por haber venido aquí,
un lugar donde no conoce a nadie.
Está sola; no tiene anillo de casada.
Vuelve sola a casa, a su hogar fuera del pueblo.
Y se toma su única copa de vino en el día,
su cena que no es una cena.

Y se quita la bata blanca:
entre esa bata y su cuerpo
sólo hay una delgada capa de algodón.
Y, en algún punto, eso también desaparece.

Para nacer, tu cuerpo hace un pacto con la muerte
y, desde ese momento, lo único que intenta es hacer trampa.
Te metes solo en la cama. Quizás duermes, quizás nunca despiertas.
Pero escuchas cada sonido por un buen rato.
Es una noche de verano como cualquier otra; la oscuridad nunca llega.

Louise Glück: Una vida de pueblo, Pre-Textos, Valencia, Trad. de Adalber Salas Hernández, 2020, pp. 85-89

un breve hueco

Paula Rego: Amor (1995)

CEMENTERIO

Tiene también la sangre sus revoluciones,
sus líderes y demagogos
que arengan al pueblo de las ansias
congregado en el corazón.
Tiene también la sangre sus masacres
-en nombre de oscurísimas razones-,
en las que mueren tantos inocentes:
los de pequeña voz, los tímidos
que no saben exponer sus deseos;
menos aún, imponerlos.
Mueren entre las venas, y de manera irrevocable,
lo mismo que acontece en la historia.
Muere toda una grey de tristes oprimidos, pero
en la espantosa servidumbre del reemplazo
sucumben a su vez los opresores
sin que exista un recodo, un breve hueco
en que dejar sobre una lápida
constancia de su paso.
En la anónima fosa de la sangre
yacen mezclados víctimas y verdugos;
y en las terribles horas de la comprensión
qué imposible resulta distinguir
del corrompido olor de la esperanza degollada
el agrio aroma de sus asesinos.


Francisca Aguirre: Detrás de los espejos (Antología 1973-2010), Bartleby, Madrid, 2013, p. 21

esa luz secreta

Joan Miró: Femme (1977)

Pintaba un día, el negro había invadido la tela por completo, sin formas, sin contrastes, sin transparencias.
En ese extremo vi de alguna manera la negación del negro.
Las diferencias de textura reflejaban la luz con más o menos debilidad, y de la sombra emanaba una claridad, una luz pictórica, cuyo poder emocional particular animaba mi deseo de pintar. Mi instrumento ya no era el negro, sino esa luz secreta procedente del negro.

Pierre Soulages, citado en Delphine De Vigan: Nada se opone a la noche, Anagrama, Barcelona, Trad. de Juan Carlos Durán, 2013, p. 9

las amarras

Joan Miró: ‘Peinture (femme, tige, coeur)’ (1925)

Los fragmentos de la noche

Cómo aislar los fragmentos de la noche
para apretar algo con las manos,
como la liebre penetra en su oscuridad
separando dos estrellas
apoyadas en el brillo de la yerba húmeda.
La noche respira en una intocable humedad,
no en el centro de la esfera que vuela,
y todo lo va uniendo, esquinas o fragmentos,
hasta formar el irrompible tejido de la noche,
sutil y completo como los dedos unidos
que apenas dejan pasar el agua,
como un cestillo mágico
que nada vacío dentro del río.
Yo quería separar mis manos de la noche,
pero se oía una gran sonoridad que no se oía,
como si todo mi cuerpo cayera sobre una serafina
silenciosa en la esquina del templo.
La noche era un reloj no para el tiempo
sino para la luz,
era un pulpo que era una piedra,
era una tela como una pizarra llena de ojos.
Yo quería rescatar la noche
aislando sus fragmentos,
que nada sabían de un cuerpo,
de una tuba de órgano
sino la sustancia que vuela
desconociendo los pestañeos de la luz.
Quería rescatar la respiración
y se alzaba en su soledad y esplendor,
hasta formar el neuma universal
anterior a la aparición del hombre.
La suma respirante
que forma los grandes continentes
de la aurora que sonríe
con zancos infantiles.
Yo quería rescatar los fragmentos de la noche
y formaba una sustancia universal,
comencé entonces a sumergir
los dedos y los ojos en la noche,
le soltaba todas las amarras a la barcaza.
Era un combate sin término,
entre lo que yo le quería quitar a la noche
y lo que la noche me regalaba.
El sueño, con contornos de diamante,
detenía a la liebre
con orejas de trébol.
Momentáneamente tuve que abandonar la casa
para darle paso a la noche.
Qué brusquedad rompió esa continuidad,
entre la noche trazando el techo,
sosteniéndolo como entre dos nubes
que flotaban en la oscuridad sumergida.
En el comienzo que no anota los nombres,
la llegada de lo diferenciado con campanillas
de acero, con ojos
para la profundidad de las aguas
donde la noche reposaba.
Como en un incendio,
yo quería sacar los recuerdos de la noche,
el tintineo hacia dentro del golpe mate,
como cuando con la palma de la mano
golpeamos la masa de pan.
El sueño volvió a detener a la liebre
que arañaba mis brazos
con palillos de aguarrás.
Riéndose, repartía por mi rostro
grandes cicatrices.

Lezama Lima

Flores del poema

 

Joan Colom: Fotografía de la serie ‘La calle‘ (1958-1961)

 

Llamado por los malos poetas

Se necesitan malos poetas.
Buenas personas, pero poetas
malos. Dos, cien, mil malos poetas
se necesitan más para que estallen
las diez mil flores del poema.

Que en ellos viva la poesía,
la innecesaria, la fútil, la sutil
poesía imprescindible. O la in-
versa: la poesía necesaria,
la prescindible para vivir.

Que florezcan diez maos en el pantano
y en la barranca un Ele, un Juan,
un Gelman como elefante entero de cristal roto,
o un Rojas roto, mendigando
a la Reina de España.

(Ahora España
ha vuelto a ser un reino y tiene Reina,
y Rey del reino. España es un tablero
de alfiles politizados y peones
recién comidos: a la derecha, negros, paralizados, fuera del juego).

Y aquí hay torres de goma, alfiles
politizados y damas policiales
vigilando la casa.

A la caza del hombre,
por hambre, corren todos, saltan
de la cuadrícula y son comidos.

Todo eso abunda: faltan los poetas,
los mil, los diez mil malos, cada uno
armado con su libro de mierda. Faltan,
sus ensayitos y sus novela en preparación.

Ah.. y los curricola,
y sus diez mil applys nos faltan.

No es la muerte del hombre, es una gran ausencia
humana de malos poetas. Que florezcan
cien millones de tentativas abortadas,
relecturas, incordios,
folios de cartulina, ilustraciones
de gente amiga, cenas
con gente amiga, exégesis, escolios,
tiempo perdido como todo.

Se necesitan poetas gay, poetas
lesbianas, poetas
consagrados a la cuestión del género,
poetas que canten al hambre, al hombre,
al nombre de su barrio, al arte y a la industria,
a la estabilidad de las instituciones,
a la mancha de ozono, al agujero
de la revolución, al tajo agrio
de las mujeres, al latido
inaudible del pentium y a la guerra
entendida como continuidad de la política,
del comercio,
del ocio de escribir.

Se necesitan Betos, Titos, Carlos
que escriban poemas. Alejandras y Marthas
que escriban. Nombres para poetas,
anagramas, seudónimos y contraseñas
para el chat room del verso se necesitan.

Una poesía aquí del cirujeo en la veredas.
Una poesía aquí de la mendicidad en las instituciones.
Una poesía de los salones de lectura de versos.

Una poesía por las calles (venid a ver los versos por las calles…)

Una poesía cosmopolita (subid a ver los versos por la web…).

Una poesía del amor aggiornado (bajad a ver poesía en el pesebre del amor…)

Una poesía explosiva: etarra, ética,
poéticamente equivocada.

En los papeles, en los canales
culturales de cable, en las pantallas
y en los monitores, en las antologías y en revistas
y en libros y en emisiones clandestinas
de frecuencia modulada se buscan
poetas y más malos poetas:
grandes poetas celebrados pequeños,
poetas notorios, plumas iluminadas,
hombres nimios, miméticos,
deteriorados por el alcohol,
descerebrados por la droga,
hipnotizados por el sexo
idiotizados por el rock,
odiados, amados por la gente aquí.

En las habitaciones se buscan.
En un bar, en los flippers,
en los minutos de descanso de la oficina,
entre dos clases de gramática,
en clase media, en barrios
vigilados se buscan.

¿Habrá en la tropa?
¿En los balnearios, en los baños
públicos que han comenzado a construir?
¿En los certámenes de versos?
¿En los torneos de minifútbol?
¿Bajo el sol quieto?
¿A solas con su lengua?
¿A solas con una idea repetitiva?
¿Con gente?
¿Sin amor?

No es el fin de la historia, es
el comienzo de la histeria lingual.

Todo comienza y nace de una necesidad fraguada en la lengua.
Falsifiquemos el deseo:
Te necesito nene.
Para empezar te necesito.
Para necesitar, te pido
ese minuto de poesía que necesito, necio:
quisiera ver si me devuelves el ritmo de un mal poema,
que me acarices con sus ripios,
que me turbes la mente con otra idea banal,
y que me bañes todo con la trivialidad del medio.

Y en medio del camino, en el comienzo
de la comedia terrenal, quiero vivir
la necedad y la necesidad
de un sentimiento falso.

Se necesitan nuevos sentimientos,
nuevos pensamientos imbéciles, nuevas
propuestas para el cambio, causas
para temer, para tener,
aquí en el sur.

Y arriba España es un panal
de hormigas orientales:
rumanas, tunecinos,
suecas a la sombra de un Rey.

Riámonos del Rey.
De su fealdad.
De su fatalidad.
De Su Graciosa Realidad.
La realidad es un ensueño compartido.
La realidad de España
es su filosa lengua pronunciando la eñe
y su mojada espada pronunciando el orden
del capital y la sintaxis.

¡Ay, lengua: aparta de mí este cuerno de la prosperidad clavado en tu ingle,
suturada de chips, y cubre
nuestras heridas con el bálsamo de los malos poemas..!

(Buenos Aires, 2002)

Rodolfo Fogwill: Útimos Movimientos, en Poesía Completa, Alfaguara, Barcelona, 2017, p. 351-355

 

sensación reunida

Egon Schiele: Pareja sentada (1915)

CARA

Otra vez el dolor y su ciencia
imponen entre nuestros dichos deseo.

El dolor como deseo y el dolor
como indúctil posibilidad.

«…nada de historia,
nada de teoría literaria,
nada de nada» -dijiste.

Nada de lo que hay que saber,
de lo que hay que aprender a saber;
no pueden escribir las sensaciones.

La atención consiste en encontrar
en esta foto
el cuerpo que en el deseo había perdido
el hilo de las sensaciones.

-voces oídas.
La voz de «pa», «ma»
A la cisterna de las palabras
del agua llovida.

Allí estaré, mientras juntás el agua para el pelo

deseándote.

Allí mirando el poder de los embustes,
las teorías,
los saberes que en el cuerpo
como un tatuaje te hacen detener
las propias imágenes consentidas,

las alcanzadas por indiferencia, por rencor,
por miedo puro

indiferente en ellos,
diferente en mí.

Allí estaré esperándote.

Solo nuestro dolor parece el sentido;
y placer, aunque ausente,
la sensación reunida.

Sólo niega
el sentido.
su sentido

el tacto,
incluso el sabor
-y esa mano pequeña
que lleva la del padre herido como un juguete.

En un divino mapa que viaja otra vez
hacia la guerra de Oriente,
hacia otra escollera inmaterial
de indolente paciencia…

Arturo Carrera: Potlatch, Amargord, Madrid, 2010, pp. 31-32

mis costuras

Asger Jorn: Study for Interplanetary Female (1953)

EL EXTRAÑO

HABLAN de mí sólo en voz baja
y señalan mis costuras.
Ponen veneno en mi comida.
Hago los bártulos, me marcho
a la ancestral manera de mi estirpe.
Hablan de mí sólo en voz baja.
Sigo siendo el extraño del lugar.

Mascha Kaléko: Tres maneras de estar sola, Renacimiento, Salamanca, Trad. de Inmaculada Moreno, 2012, p. 83

He buscado en la noche

Anish Kapoor: Untitled (1987)

MATERIA

Cadencia y ritmo,
y augur
de cosas que tú aventas
con tus dedos abiertos,
hacia mis ojos, recargados
de tu sospecha.

Comezón dolorosa
de tu ausencia,
y lento repasar entre las cosas
nuevas
y entre las viejas.

Y cegadora nota última
-confirmación de la sospecha
que gravita en mis ojos-
cuando sucede la experiencia.
He buscado en la noche,
hundido mis brazos
-materia de la noche-,
y te he tropezado entre mis dedos,
concreta.

Vicente Aleixandre: Ámbito, Edición facsímil de la Revista Litoral, Málaga, 1928, p. 100

desfile intermitente

Henri Matisse: The Blue Window (1913)

The stuff the dreams are made of

Por ti sobrevivir coa forza necesaria
para erixirme en sombra do que fun
Sen ti ser eu de novo
orfo doutro destino
resignado a ser eco da túa ausencia
vida e morte en desfile intermitente
Humildemente ser nada por ti
unha figura fuxidía na sombra
da mesma materia que os nosos soños
co esprito intoxicado de nostalxia.

Lois Pereiro: Poemas 1981-1991, Edicións Positivas, Santiago de Compostela, 2010, p. 73

cabeza de proa

Sam Francis: Blue Blood Stone (1960)

(…)

oh, luz amigábel

oh, fresca fonte da luz

Aqueles que non inventaron nin a pólvora nin o compás

Aqueles que nunca souberon do mar nin o vapor nin a electricidade

Aqueles que non exploraron nin os mares nin o ceo

mais aqueles sen quen a terra non sería a terra

xibosidade tanto máis benéfica que a terra deserta,

máis que a terra

silo onde se preserva e madura o que de máis terra ten a terra

a miña negritude non é unha pedra, a súa xordeira arrebolada

contra o clamor do día

a miña negritude non é unha nube de auga morta no ollo morto da terra

a miña negritude non é nin unha torre nin unha catedral

 

fúndese na carne vermella do chan

fúndese na carne ardente do ceo

atravesa o abatamento opaco da súa erguida paciencia.

 

Eia polo Kailcedrato real!

Eia por aqueles que nunca inventaron nada

por aqueles que nunca exploraron nada

por aqueles que nunca domaron nada

 

mais abandónanse, cativados, á esencia de todo

ignorantes das superficies mais cativados polo movemento de todo

despreocupados de domar, mais a xogar o xogo do mundo

 

verdadeiramente son os fillos maiores do mundo

os poros abertos a todos os alentos do mundo

eira fraternal de todos os alentos do mundo

leito sen escape de todas as augas do mundo

fulgor do lume sagrado do mundo

carne da carne do mundo latexando co movemento mesmo do mundo!

 

Tépedo mencer de virtudes ancestrais

 

Sangue! Sangue! todo o noso sangue conmovido polo corazón viril do sol

aqueles que saben da feminidade da lúa de corpo de aceite

a exaltación reconciliada do antílope e da estrela

aqueles cuxa supervivencia avanza na xerminación da herba!

Eia perfecto círculo do mundo e pechada concordancia!

 

Escoitade o mundo branco

terriblemente canso do seu esforzo inmenso

as súas articulacións rebeldes renxen baixo as estrelas duras

as súas rixideces de aceiro azul atravesan a carne mística

escoita as súas vitorias desleais anunciar as súas derrotas

escoita nas súas grandiosas coartadas o seu torpe tropezar

 

Piedade para os nosos vencedores omniscientes e inxenuos!

 

Eia polos que nunca inventaron nada

por aqueles que nunca exploraron nada

por aqueles que nunca domaron nada

 

Eia pola alegría

Eia polo amor

 

Eia pola dor nas ubres de bágoas reencarnadas.

E aí está ao esmorecer a alba a miña pregaria viril non quero oír nin as risas nin os gritos, coa mirada fixa nesta cidade que eu profetizo, fermosa,

dádeme a fe salvaxe do feiticeiro

dádelle ás miñas mans forza para moldear

dádelle á miña alma a afouteza da espada

non me agocho, para nada. Facede da miña cabeza unha cabeza de proa

e de min mesmo, corazón meu, non fagades nin un pai, nin un irmán,

nin un fillo, mais si o pai, o irmán, o fillo,

nin un marido, mais si o amante deste pobo único.

 

Facédeme rebelde a calquera vaidade, mais dócil ao seu xenio coma o puño á extremidade do brazo!

Facédeme comisario do seu sangue

facédeme depositario do seu resentimento

facede de min un home de determinación

facede de min un home de iniciación

facede de min un home de recollemento

mais fai tamén de min un home de sementeira

 

facede de min o executor destas altas obras

(…)

 

Aimé Césaire: Caderno dun regreso á terra natal, Laiovento, Santiago de Compostela, Trad. de Manuel Ángel García Fernández, 2019, pp. 48-51