protesta permanente

René Shützenberger: Liseuse à la fenêtre (1890)

Los libros dignos de ser citados erigen una protesta permanente contra la cita, sin la cual no puede pasarse quien escribe sobre libros. Pues cada uno de esos libros es paradójico en sí mismo, objetualización de lo por excelencia no objetual que la cita ensarta. La misma paradoja se expresa en el hecho de que el peor autor puede reprochar con razón a sus críticos haber sacado de contexto los corpora delicti literarios, mientras que sin tal acto de violencia la polémica no es en absoluto posible.

Th. W. Adorno: Chifladuras bibliográficas, en Notas sobre literatura, Akal, Madrid, Trad. de Alfredo Brotons Muñoz, 2013, pp. 338-339

lo más nítido posible

Jane Millares Sall: Los faroles (1960)

Da sosiego, tranquiliza estar aquí, sola, encerrada en mi cuarto…nadie vendrá a molestarme, estoy haciendo “los deberes”, cumplo con un deber que todo el mundo respeta… Lilí grita, Vera se enfada no sé con quién, va y viene gente tras de mi puerta, nada de esto va conmigo… Limpio la plumilla en un trapito cuadrado de fieltro, la mojo en el frasco de tinta negra, repaso con mucho cuidado… no debo salirme ni un pelo… vuelvo lo más visibles, lo más nítido posible los pálidos fantasmas de palotes, de letras… le impongo un esfuerzo a mi mano que cada vez obedece mejor…

Nathalie Sarraute: Infancia, Alfaguara, Madrid, 1984, Trad. de M. Teresa Gallego y M. Isabel Reverte, p. 127

extraña flor

Anish Kapoor: Yellow (1999)

Rueda el cielo

Rueda el cielo -que no concuerde
su intento y el grácil tiempo-
a recorrer la posesión del clavel
sobre la nuca más fría
de ese alto imperio de siglos.
Rueda el cielo -el aliento le corona
de agua mansa en palacios
silenciosos sobre el río
a decir su imagen clara.
Su imagen clara.

Va el cielo a presumir
-los mastines desvelados contra el viento-
de un aroma aconsejado.
Rueda el cielo
sobre ese aroma agolpado
en las ventanas,
como una oscura potencia
desviada a nuevas tierras.
Rueda el cielo
sobre la extraña flor de este cielo,
de esta flor,
única cárcel:
corona sin ruido.

José Lezama Lima

la boca del poema

Jacek Malczewski: La muerte de Elena (1906-7)

ALGO SIN NOMBRE

Algo que no tiene nombre
y que nunca lo tendrá
busca tal vez mover estas palabras
para que sean portadoras de clemencia.
Si en ellas floreciese la rosa del vacío
o el incendio que fertiliza el grito
o la suave tempestad de las arterias
o si un relámpago calcinado en su trayecto
le diese la más evidente claridad.
Una herida no cesa en el silencio blanco
y no asciende a la boca del poema.
¡Si el agua aquí se hiciese arquitectura
y la sed el fuego la danza el infortunio
se reuniesen en en un solo latir de sílabas
y en un leve edificio se abriese la sombra desnuda!

António Ramos Rosa: Facilidad del aire, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 1998, Trad. de Clara Janés, p. 111

hacia otra estrella

Burt Glinn: Helen Frankenthaler working in her West End Avenue studio, New York (1956)

EL TIEMPO ESTÁ PARADO

El tiempo está parado
somos nosotros los que transcurrimos.
Y si vamos lanzados en el tren nos parece
que casa y tierra y hatos que allí pastan
se escapan de nosotros como espectro.
Alguien saluda y luego, como en sueños, se esfuma,
con casa y tierra, con farola y árbol.

También así el paisaje de la vida se mueve,
dejándonos atrás, hacia otra estrella
y en su mismo acercarse se nos está alejando.
En vano pretendemos detenerlo,
bien sabemos que todo es sólo un espejismo.

El paisaje se queda, en tanto nuestro tren
deja atrás esas millas que ha medido.

El tiempo está parado.
Somos nosotros los que huimos.

Mascha Kaléko: Tres maneras de estar sola, Renacimiento, Salamanca, Trad. de Inmaculada Moreno, 2012, p. 59