Heinrich von Kleist

Pentesilea

La suma sacerdotisa

¡Ay, dioses inmortales, cuán frágil es la criatura humana! Esta que aquí yace aniquilada, no hace mucho que, ebria de orgullo, remontaba vuelo hasta la más altas cimas de la vida.

Protoé

¡Pereció porque había florecido con demasiado vigor y orgullo! La encina ya muerta y seca resiste el temporal, mas los árboles sanos y vigorosos son descuajados, porque su espesa copa es fácil presa de la furia de la tormenta.

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