Distribución del tiempo

Julio Cortázar

Cada vez somos más los que creemos menos

en tantas cosas que llenaron nuestras vidas,

los más altos, indiscutibles valores vía Platón o Goethe,

el verbo, su paloma sobre el arca de la historia,

la pervivencia de la obra, la filiación y la heredad.

No por eso caemos con el celo del neófito

en esa ciencia que ya pone sus robots en la luna;

en verdad, en verdad, nos es bastante indiferente,

y si el doctor Barnard transplanta un corazón

prefiriríamos mil veces que la felicidad de cada cual

fuese el exacto, necesario reflejo de la vida

hasta que el corazón insustituible dijera dulcemente basta.

Cada vez somos más los que creemos menos

en la utilización del humanismo

para el nirvana estereofónico

de mandarines y estetas.

Sin que eso signifique

que cuando hay un momento de respiro

no leamos a Rilke, a Verlaine o a Platón,

o escuchemos los claros clarines,

o miremos los trémulos ángeles

del Angélico.

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