duración

N.IRELAND. Belfast.

Christopher Steele-Perkins – Belfast, Irlanda del Norte (1978)

Un fragmento de música titulada «Vals de los cinco minutos», dura cinco minutos. Es en eso y en nada más en lo que consiste su relación con el tiempo. Pero una relación cuya acción dure cinco minutos podría, en cuanto al tiempo, extenderse en un período mil veces más largo, mientras los cinco minutos se hallasen replegados con una conciencia excepcional, y podría parecer muy corto a pesar de que por su duración imaginaria fuese muy largo.

Por otra parte, es muy posible que la duración de los acontecimientos relatados rebase, al infinito, la duración propia del relato que los presenta en extracto; decimos «en extracto» para indicar un elemento ilusorio, o, para expresarnos de un modo completamente claro, un elemento mórbido que se manifiesta en el relato que se sirve de un hechizo hermético y de una perspectiva exagerada, recordando ciertos casos anormales de la experiencia real de toda evidencia orientados hacia lo sobrenatural. Se conocen diarios de fumadores de opio que, bajo el dominio del estupefaciente, durante el breve período de transporte han vivido sueños que se extienden sobre diez, treinta o sesenta años, y que incluso rebasan todos los límites posibles de una experiencia humana del tiempo; sueños, por consiguiente, cuya duración imaginaria rebasa su propia duración y en donde se produce un extracto increíble de la experiencia del tiempo, una aceleración de imágenes tal que puede creerse, como dice un comedor de hachís, que se ha sacado del cerebro embriagado «algo así como el resorte de un reloj roto».

Es un poco a la manera de esos sueños artificiales como la narración puede tratar el tiempo. Pero como puede «tratarle», está claro que el tiempo, que es elemento del relato, puede igualmente convertirse en su objeto. Tal vez será demasiado el afirmar que se puede «narrar el tiempo», pero no constituye, a pesar de todo, una empresa tan absurda como nos había parecido de pronto eso de querer evocar el tiempo en un relato, de manera que podría atribuirse un doble sentido, muy relacionado con el soñar, al calificativo de «novela del tiempo».

Thomas Mann: La montaña mágica, Edhasa, (trad. Mario Verdaguer, colab. David Castelló), 1997, p.750-751

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