el cinturón

1950s, Chicago, ILVivian Maier– 1950s. Chicago, IL

El cinturón

Sucede en la vida algo semejante a lo que sucede en el avión en el que se desarrolla Milagro, el poema de Raymond Carver:

Hay más personas,
eso es todo. Personas como ellos mismos
en cierto modo, personas no completamente distintas
a ellos mismos —pelo, orejas, ojos, nariz, hombros,
genitales— Dios mío, hasta la ropa que llevan
es parecida, y está ese cinturón
que les sujeta por la cintura.

Sí. Personas no completamente distintas. Cuando comienzo a olvidarme -todo lo que sabemos corre, en ocasiones, ese riesgo- a la altura de mi asiento veo detenerse a Raymond con su media sonrisa y señalar con su dedo mi cinturón desabrochado. Un poco avergonzada miro la lucecita iluminada sobre mi cabeza y lo vuelvo a abrochar. Hay un instante en el que maldigo entre dientes: «Somos jodidamente iguales». Raymond sonríe como sólo saben los muertos y se pierde al fondo del pasillo del avión.

Lo difícil no es darnos cuenta de que somos iguales cuando todo va bien, sino repetirlo cuando los demás nos sacan de quicio.

Noelia Pena: El agua que falta, Caballo de Troya, Barcelona, 2014, pp. 47-48

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