los límites de lo posible

Helena_Almeida_Pintura Habitada (1976)Helena Almeida- Pintura habitada (1976)

 

Los límites de lo posible

 

“Todos los hombres, iluminados por secretas ilusiones, cegados por ideas preconcebidas, seducidos por ideales, anhelaban de algún modo, muy inteligente o muy tonto, poco importaba, salir de sí mismos y de los límites de lo posible.”
HERMAN HESSE, Rastro de un sueño

Si ha de existir algún límite, ahora que lo pienso, éste ha de ser el tiempo. Nos detenemos en un puesto de libros de segunda mano. Me gusta la luz del sol en la plaza esta mañana. El sol nos hace parecer jóvenes como hace siempre el sol a mediodía en primavera. Me dices algo mientras mis ojos se pierden ya en los lomos de los libros, asiento con la cabeza a lo que me dices pero voy dejando poco a poco de hacerte caso, ya jugando a los títulos e inventándome mi propia historia. Diría que es sábado. Espera. Mira éste. Rastro de un sueño. «Herman Hesse», digo en voz alta mientras lo abro y tú giras la cabeza sin entender. En la parte inferior de la primera página en bolígrafo azul, leo: «Es importante empezar a leer para poder de vez en cuando soñar. También es importante soñar………………………». Los puntos suspensivos llegan hasta el final de la página dibujando una línea apenas torcida que bien podría ser la de un mar, una orilla de tinta azul. La dedicatoria sigue en la siguiente página impar:

Jose, no tengo muchas palabras,
pienso que las palabras nunca pueden
expresar lo que se siente.
Espero que en tu vida seas tú y
tus pasos los que te dirijan.
No puedo decirte nada más,
porque frente a la vida yo me
siento igual que tú, como alguien
que empieza a andar.
Te quiero mucho.
Nuria 6-1-78

Bien vale los tres euros que consigo juntar en monedas y me lo llevo, con una sensación de naufragio y tesoro que arriba a mi distraída orilla. El rastro de un sueño es el tiempo de un amor que no me pertenece pero guardo en el bolsillo para imaginar luego.
Una vez alguien se preguntó en voz alta si no sería acaso el estado normal de nuestros cuerpos el estar dormidos y soñando; si no sería lo verdaderamente extraño e inexplicable, el estar despiertos y razonando. Quizás, pienso ahora al abrir de nuevo el libro, no son los sueños los que deben hacerse realidad, sino la realidad la que debe ser soñada. El límite de lo posible es una línea dibujada sobre el mar, el rastro de un sueño será siempre la revolución.

Noelia Pena: El agua que falta, Caballo de Troya, Barcelona, 2014, pp.27-29

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