una salida

Jean-Baptiste Camille COROT- Le beffroi de Douai (1871)Jean-Baptiste Camille Corot- Le beffroi de Douai (1871)

«Lo más difícil de hacer es lo que mejor conoces.»

(…)

Más tarde, dijo: «Lo esencial es trabajar sin ideas preconcebidas, sin saber de antemano cómo va a ser el cuadro. Van Gogh, por ejemplo,  trabajaba con ideas preconcebidas. Solía describir a Théo cuadros que todavía no había pintado. Picasso siempre tenía alguna idea preconcebida. Pero Corot no. Sus figuras son absolutamente maravillosas. Le Beffroi de Douai, en el Louvre, es como un sueño. Es muy, muy importante evitar cualquier idea preconcebida, intentar ver sólo lo que existe. Cézanne descubrió que es imposible copiar la naturaleza. No se puede hacer. Pero hay que intentarlo igualmente, intentar traducir las sensaciones, como Cézanne.»

(…)

A la tarde siguiente, el trabajo fue mal casi desde el principio. Anunció que iba a destruirlo todo. «Tengo que hacer un pequeño agujero en la naturaleza», declaró.

«Y pasar a través de él», dije.

«Sí. Tengo que hacer un pequeño agujero, pero es demasiado pequeño como para poder pasar a su través.»

(…)

Después de trabajar en silencio durante un rato, dijo: «Es curioso. Todo se está encogiendo. Parecía demasiado grande, pero ya no queda sitio para nada más».
Un poco después dijo: «Si alguien intentara hacer lo que yo estoy haciendo, tendría las mismas dificultades.»

«Pero, ¿es que hay alguien que intente hacer lo que tú?»

«No conozco a nadie. Sin embargo, parece bastante simple. Tan sólo intento reproducir lo que veo en barro o sobre el lienzo.»

«Bien. Pero la cuestión es que tú ves las cosas de forma diferente que los demás, puesto que las ves exactamente tal y como se presentan ante tus ojos, y no como los demás las han visto antes.»

«Es cierto que la gente ve las cosas de forma muy parecida a como otros ya las han visto», dijo. Simplemente, es cuestión de tener una visión original, es decir, de ver realmente, de contemplar un paisaje en vez de un Pisarro. Lo cual no es tan fácil como parece.»

El trabajo continuaba por mal camino. Dijo: «Es más difícil que el primer día. Tendremos que descansar un poco.» Quitó el cuadro del caballete y lo colocó al fondo del estudio.

El retrato nunca había estado mejor. La cabeza ya no se caía hacia un lado y los rasgos, que estaban realizados con determinación, se interrelacionaban entre sí. Además, había cierto parecido. Yo estaba encantado y así se lo dije.

«Hay una salida», dijo, y fue a hacer unas llamadas de teléfono.

Tan pronto regresó, unos diez minutos después, comenzamos a trabajar de nuevo. Dijo:

«Estoy destrozándolo todo.»

(…)

«Todavía puedo deshacerlo con rapidez», dijo. «Eso es bueno.»

«¿Por qué?», pregunté.

«Porque ahora empiezo a saber de qué va todo esto.»

«¿El qué?»

«Una cabeza», respondió simplemente.

(…)

De camino hacia el café, dijo: «Hay una salida. Seguro. Es la primera vez en mi vida que veo esa salida. La primera. Ya ves, me has hecho un gran favor. Nunca había encontrado una salida igual.»

(…)

«Está empezando», reconoció. «Hay una salida. No está tan mal. Algo se puede hacer, aunque va y viene. Nunca se sabe.»

«Ya veremos mañana», dije.

«¡Oh! Mañana», murmuró, «mañana quién sabe».

(…)

«No importará que te diga que estoy destruyendo todo de nuevo», declaró.

«No, en absoluto», dije.

(…)

«Uno se imagina», dijo él, «que para hacer un cuadro sólo hay que poner un detalle al lado de otro. Pero no es así. No lo es en absoluto. Se trata de crear una entidad completa de una sola vez.»

«¿Por eso dijo Cézanne que era imposible dar una sola pincelada de más a un cuadro sin cambiarlo de todo?»

«Exactamente.»

(…)

«Es demasiado malo. Todavía podemos ir mucho más lejos. Hay una salida. Sé que hay una salida real. Es la primera vez en mi vida que veo una salida como esta.»
Quitó el cuadro del caballete y lo colocó al fondo del estudio, entonces salió al patio para contemplarlo en la distancia. «Bien», dijo, «hemos ido bastante lejos. Pero sólo es el principio de lo que podría llegar a ser. Aunque ya es algo.»

(…)

Fuimos al café. En la calle, dijo: «Después de todo ha habido un ligero progreso. Hay una salida muy pequeña. En dos o tres semanas sabré si existe alguna esperanza, alguna oportunidad de continuar. Dos o tres semanas, posiblemente menos. Tengo que hacer el retrato de Caroline, luego el de Anette. Y también quiero hacer algunos dibujos. Nunca tengo tiempo para dibujar. El dibujo es la base de todo. También me gustaría hacer algunas naturalezas muertas. Pero hemos avanzado algo, ¿no?»

«Sí», dije. «Hemos ido muy lejos.»

Sin embargo, en el café pareció olvidar rápidamente los progresos que habíamos hecho. Gimió y golpeó la mesa con el puño, lo cual hizo que nos miraran todos los que estaban sentados a nuestro alrededor, algo de lo que no se dio cuenta. Cabizbajo exclamó: «Nada es como yo quiero que sea, nada de nada.»

«Pero hemos progresado», insistí.

«No, no», dijo. «Quizá dentro de dos o tres semanas. Trabajaré dos o tres semanas más y entonces, si no hay salida, lo dejaré como está.»

John Lord: Retrato de Giacometti, La balsa de Medusa, Madrid, trad. Amaya Bozal, 2002, pp.96-149

Giacometti: Retrato de John Lord (1964)

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