el envés

Martin Drolling: Interior de una cocina (1815)

Palabras

 

Algunas palabras hay que golpean como mazas {pelotas de goma y gases lacrimógenos que las UIP lanzan contra la multitud, explosiones a miles de kilómetros de distancia con detonadores en nuestra propia casa}. Pero hay otras {un cuidadoso punzón rasga el azogue de un espejo}
Que te tragas cual anzuelo {se confunde con el hambre o la sed de quien mezcla a medidas iguales horas de día y de sueño} y sigues nadando sin saberlo {limpiando de la mesa las virutas que raspas al aluminio, comiendo poco a poco el envés del vidrio para alcanzar la transparencia allí donde el valor se confunde con el atrevimiento, donde el fruto cae sin retorno y sin reflejo}.

{Anotación sobre} Hugo von Hofmannsthal: Poesía Lírica, seguida de Carta a Lord Chandos, Igitur, Montblanc, 2002, Trad. Olivier Giménez López, p.133

actualidad

LEANDRO KATZ. On the solidarity of waiting, 2016

R.B. —Lo que hago se parece a lo que hace un jardinero, un horticultor: trasplantar, desquejar. Tomo esquejes de la realidad y los planto en la película.

G.S. —Según la estación que escoja el jardinero, un esqueje dará sus frutos o se secará. Creo por mi parte que una obra de arte, para dar sus frutos, debe estar ligada a su tiempo. A menudo, juzgué equivocadamente sus películas intemporales, desligadas de nuestra época. ¿Le preocupa una cierta contemporaneidad? Perdón por esta horrible palabra, pero no veo otro modo de decir que una obra —aún histórica— está más o menos ligada a lo contemporáneo o, si se quiere, a la actualidad, que sé que a usted le apasiona, pues caería enfermo si no pudiera leer cada mañana los diarios para enterarse de lo que acontece.

R.B. —No vivo fuera del tiempo. Pero la actualidad en sí misma, a menos que la consideremos como un documento para el historiador, exige una distancia. Por otra parte, lo importante no es tanto la actualidad del tema escogido como el comportamiento del autor, su manera concreta de ser actual. El diario que acabo de hojear afirma que Montagne es el autor actual más leído. El encanto viene en buena parte del hecho de que la lengua de Montaigne estaba sólidamente enraizada en su tiempo. Y él también.

Robert Bresson: Para que pase la corriente hay que pelar los cables, entrevista con Georges Sadoul, en Bresson por Bresson, Entrevistas (1943-1983) reunidas por Mylène Bresson, Intermedio, Barcelona, Trad. de León García Jordán y Vanesa G. Cazorla, 2015,  p.161

el encanto

Frederic Amat- Estudio sogas rojo, 2008.jpg

Frederic Amat: Estudio sogas rojo (2008)

UN ESPECTÁCULO INTERRUMPIDO

 

¡Cuán lejos está la civilización de procurar los goces atribuidos a tal estado! Uno debería, por ejemplo, sorprenderse de que una asociación entre los soñadores que habitan en ella no exista, en toda gran ciudad, para proveer a un periódico que observe los sucesos bajo la luz propia del sueño. Artificio, la realidad, bueno para fijar el intelecto promedio entre los espejismos de un hecho; pero descansa por eso mismo sobre algún entendimiento universal, evidente, simple, que sirve de modelo. Quiero, pensando sólo en mí, escribir cómo golpeó mi mirada de poeta, tal Anécdota, antes que la divulguen los reporteros entrenados por la muchedumbre para asignar a cada cosa su carácter común.

El pequeño teatro de las PRODIGALIDADES añade la exhibición de un primo viviente de Atta Troll o de Martín en su espectáculo de magia La bella y el genio; para reconocer la invitación del doble boleto que ayer extravié en mi casa, yo había colocado mi sombrero en el asiento vacío a mi lado; la ausencia de un amigo testimoniaba allí el gusto general para esquivar este ingenuo espectáculo. ¿Qué pasaba ante mí? Nada, excepto que: de palideces evasivas de muselina refugiadas en veinte pedestales al estilo de la arquitectura de Bagdad, brotaban una sonrisa y brazos abiertos a la triste pesadez del oso: mientras que el héroe, un payaso, evocador y guardián de estos silfos, en su alta desnudez argéntea, se burlaba del animal con nuestra superioridad. Gozar como la muchedumbre del mito incluso en toda trivialidad, cuánto reposo y, sin vecinos en que verter reflexiones, ver la ordinaria y espléndida vigilia encontrada en las candilejas por mi búsqueda aletargada con imaginaciones o con símbolos. Extraño a mucha reminiscencia de atardeceres semejantes, ¡el más nuevo incidente! suscita mi atención: una de las numerosas salvas de aplausos discernidos según el entusiasmo a la ilustración sobre el escenario del privilegio auténtico del Hombre acababa, ¿quebrada por qué?, de detenerse precisa, con un continuo estruendo de gloria en su apogeo, incapaz de esparcirse. Todo oídos, fue necesario ser todo ojos. Del gesto del títere, una palma crispada en el aire abriendo los cinco dedos, comprendí que él, ¡ingenioso!, había captado las simpatías por el ademán de atrapar alguna cosa al vuelo, figura (y eso es todo) de la facilidad con que cada cual toma una idea, y que, movido por el vientecillo, el oso, rítmica y suavemente alzado, interrogaba la proeza con una garra colocada sobre las cintas del hombro humano. Nadie respiraba siquiera, tantas consecuencias graves para el honor de la raza comportaba aquella situación: ¿qué iba a suceder? La otra pata se abatió, ágil, contra un brazo extendido a lo largo del traje; y se vio, pareja unida en un acercamiento secreto, cómo un hombre inferior, bueno, de pie sobre dos piernas con pelo separadas, estrechaba, para aprender allí las prácticas del genio, y su cráneo de negro hocico no llegando sino a la mitad, el busto de su hermano brillante y sobrenatural: pero que, ¡él!, elevaba, la boca loca de vacío, una cabeza horrorosa removiendo con un hilo visible en el horror las denegaciones verdaderas de una mosca de papel y de oro. Brillante espectáculo, más vasto que los tablados, con esta dádiva, apropiada para el arte, de durar largo tiempo; para completarlo dejé, sin que me ofuscase la actitud probablemente fatal adoptada por el mimo depositario de nuestro orgullo, brotar tácitamente el discurso prohibido al vástago de los parajes árticos: «Sé bueno (era el sentido), y más bien que faltar a la caridad, explícame la virtud de esta atmósfera de esplendor, de polvo y de voces, en que me enseñaste a moverme. Mi pedido, insistente, que tú no pareces, en una angustia que sólo es fingida, responder ni saber, es justo, arrojado a las regiones de la sabiduría, ¡primogénito sutil!, a mí, para darte libertad, vestido aún de la morada sin forma de las cavernas donde sumergía, en la noche de las épocas humildes, mi escondida fuerza. Confirmemos con este estrecho abrazo, ante la multitud sentada con ese fin, el pacto de nuestra reconciliación.» ¡La ausencia de algún hálito unida al espacio, en qué lugar absoluto vivía yo, uno de los dramas de la historia astral, eligiendo, para producirse allí, este modesto teatro! La multitud entera se eclipsaba, en el emblema de su situación espiritual, magnificando la escena: dispensador moderno del éxtasis, sólo, con la imparcialidad de una cosa elemental, el gas, en las alturas de la sala, continuaba un ruido luminoso de expectativa.

Se rompió el encanto: fue cuando un trozo de carne, desnudo, brutal, atravesó mi visión dirigido desde el intervalo del escenario, adelantándose algunos instantes a la recompensa, misteriosa de ordinario luego de estas representaciones. Andrajo sustituido sangrando al lado del oso que, recobrando sus instintos antes que una curiosidad más alta de que el fulgor teatral lo dotaba, cayó en cuatro patas y, como llevando el Silencio en sí mismo, fue con el movimiento de su especie a husmear esta presa para aplicar en ella los dientes. Un suspiro, casi exento de decepción, alivió incomprensiblemente la asamblea, cuyos binoculares, de hilera en hilera, buscaron, encendiendo la nitidez de sus cristales, el juego del espléndido imbécil evaporado en su temor; pero vieron una abyecta cena, preferida tal vez por el animal a la misma cosa que le hubiera sido necesario hacer de nuestra imagen, para probarla. La cortina, dudando hasta entonces de acrecentar el peligro o la emoción, abatió súbitamente su diario de tarifas y de lugares comunes. Me levanté, como todo el mundo, para ir a respirar afuera, sorprendido de no haber sentido, una vez más, el mismo género de impresión que mis semejantes, pero sereno: porque mi modo de ver, después de todo, había sido superior, y hasta verdadero.

Stéphane Mallarmé: Obra poética II, Hiperión, Madrid, trad. de Ricardo Silva-Santisteban, 1981, pp.33-39

la duda

Opened by Customs 1937-8 by Kurt Schwitters 1887-1948Kurt Schwitters: Zollamtlich geöffnet (1937-8)

Una vez leí que la mujer de Kurt Schwitters transportaba un día en Hannover una obra de arte de su marido en un tranvía. Cuando la gente le preguntaba qué estaba llevando, para no tener que decir que era una pieza artística respondía que era algo que había hecho su marido para sus hijos. A mí también me resultaba difícil explicar qué tipo de películas hacía si la pregunta venía de alguien que nunca había estado en una marcha agitando una bandera roja. Creo que muchas personas dieron vida a muchos partidos y a sus respectivas organizaciones juveniles, de estudiantes, de ciudadanos progresistas, para estar siempre rodeados de un ambiente familiar, para que no pudiera aparecer ninguna pregunta en un tranvía ante cuya respuesta se esperara una reacción enemiga o de rechazo, reacción que tendría posiblemente como consecuencia la duda sobre los propios ideales.

Harun Farocki: Aprender lo elemental, en Desconfiar de las imágenes, Caja Negra, Buenos Aires, trad. de Julia Giser, 2014, p.57

plano

Germaine Krull- Bicycle Wheels (1929)Germaine Krull: Ruedas de Bicicleta (1929)

ARTÍCULOS DE ESCRITORIO Y PAPELERÍA

PLANO-PHARUS. Conozco a una mujer que es distraída. Ahí donde yo tengo a mano los nombres de mis proveedores, el lugar donde guardo mis documentos, las direcciones de mis amigos y conocidos, la hora de una cita, en ella se han fijado conceptos políticos, consignas del partido, fórmulas confesionales y órdenes. Vive en una ciudad de consignas y habita en un barrio de términos conspiradores y hermanados, en el que cada callejuela toma partido y cada palabra tiene por eco un grito de guerra.

(…)

Walter Benjamin: Dirección única, Alfaguara, Madrid, Traducción de Juan J. del Solar y Mercedes Allendesalazar, 1987, p. 50

interior

Paul-Klee-Two Heads1932Paul Klee -Two heads (1932)

Curiosamente, era una de las personas más radicalmente escépticas que había conocido nunca y, posiblemente (una teoría fabricada para intentar comprender a una mujer tan transparente en algunos aspectos y tan enigmática en otros), se dijera en su interior: Como somos una raza sin esperanza, encadenada a un barco que se hunde (sus lecturas favoritas de joven eran Huxley y Tyndall y a los dos les gustaban mucho esas metáforas náuticas), como todo es un chiste detestable, hagamos, de todos modos, nuestra parte: aliviemos los sufrimientos de nuestros compañeros de prisión (Huxley una vez más); decoremos los calabozos con flores y cojines inflables; seamos todo lo decentes que podamos. Esos rufianes, los dioses, no se saldrán con la suya: la idea de Clarissa era que los dioses, que nunca perdían la menor oportunidad de herir y contrariar a los hombres y de malgastar vidas humanas, se desconcertaban mucho si, de todos modos, alguien se comportaba con dignidad.

Virginia Woolf: La señora Daloway, Alianza, Madrid, 2006, p.121

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