desplazamiento

Max Ernst. Deux Oiseaux (1926)

Sé de memoria
esos desconocidos caminos
que puedo recorrer
con los ojos cerrados

Mis movimientos
no tienen la gracia axiomática
del pez en el agua

del buitre y del tigre

parecen desordenados
como todo lo que se ve
por primera vez

Me siento obligado a inventarme
un modo propio de desplazamiento
de respiración
de existencia

en un mundo que no es ni agua
ni aire, ni tierra, ni fuego

cómo saber de antemano
si uno ha de nadar
volar, caminar o arder

Al inventar el quinto elemento
el sexto
me veo obligado a revisar mis tics
mis costumbres, mis certezas

pues pretender pasar de una vida acuática
a otra terrestre
sin modificar el funcionamiento
del aparato respiratorio
es la muerte

*

Je connais par cœur
ces chemins inconnus
je peux les parcourir
les yeux fermés

Mes mouvements
n’ont pas la grâce axiomatique
du poison dans l’eau

du vautour et du tigre

ils paraissent désordonnés
comme tout ce qu’on voit
pour la première fois

Je suis obligé d’inventer
une façon de me déplacer
de respirer
d’exister

dans un monde qui n’est ni eau
ni air, ni terre, ni feu

comment savoir d’avance
si l’on doit nager
voler, marcher ou brûler

En inventant le cinquième élément
le sixième
je suis obligé de réviser mes tics
mes habitudes, mes certitudes

car vouloir passer d’une vie aquatique
à une vie terrestre
sans changer la destination
des son appareil respiratoire
c’est la mort

Gherasim Luca: fragmento de El inventor del amor, La poesía, señor hidalgo, Barcelona, Trad. de Eugenio Castro, 2007, pp.24-27

cualquier cosa

Clive Smith: Sometimes it Matters (2001)

PERO NO LA MISMA SOLEDAD

Cualquier cosa menos la misma
_____________________soledad otra vez
soledad
más profunda que el mar,
más amarga que la sed en el desierto,
más cortante que un cuchillo contra un ojo abierto.
Cualquier cosa menos la misma
_____________________soledad otra vez.

Aquí están mi sangre y mis manos
y las llaves de la cárcel de mis instintos.
Cógelas, cógelas,
enciérrame en todo lo que pertenece a todos,
enciérrame en todo lo que tienen todos en común.

Aquí están mi rebeldía y mi soledad,
su grito está enfermo como el del somormujo.
Ciégalas con la calma de la luna,
ahoga su garganta con tu olvido.
Cualquier cosa menos la misma
_____________________soledad otra vez.

Sí, claro que lo sé, lo sé:
el amor que acaricio
apenas es el amor de los labios a sí mismos,
paz serena y la seguridad de la ribera.
Que se hunda la ribera,
que sean aplastados los labios.
Cualquier cosa: sangre en las manos,
el grito del somormujo y
el cuchillo contra el ojo abierto.
Cualquier cosa menos la misma
_____________________soledad otra vez.

De Fiskefärd, 1949

Karl Vennberg, en Poesía Sueca Contemporánea, Ediciones Litoral, Málaga, Trad. de Francisco J. Uriz, 1990, pp.181-182

los sueños

Kristina Haydamaka

CAMBIO DE DÉCADA

 

Vayamos al grano:
el desenlace de la década del 70 puede depender de
cómo maneje la izquierda su desencanto.

Sólo si tiempo de cosecha es un tiempo en que los frutos se muestran esquivos
podré hablar de la década del 70 como tiempo de cosecha.
Si existen decenios que mueren con su utopía, como el de los años 20,
temo que el decenio del 60 fue uno de ellos.

Hay motivos para sospechar que nuestra civilización
ha descubierto una nueva solución del tipo “use y tire”,
de lo que Marx después de la Comuna de París llamó la cuestión vital:
deshacerse de los montones de cadáveres asesinados.

Tú, cuyo corazón está con la izquierda: ella necesita tu sensatez.
Repite los hechos, tu parte de los hechos.
Repite los sueños, tu parte de los sueños.
Repite las palabras en el lenguaje clandestino.

Hay decenios en los que sólo se puede sobrevivir, como los años 30
o los años 50. Entonces hasta los mismos sueños
pueden ser como una nube nocturna cubierta de hielo.

De Sju ord påtunnelbanan, 1971.

Karl Vennberg, en Poesía Sueca Contemporánea, Ediciones Litoral, Málaga, Trad. de Francisco J. Uriz, 1990, pp.185-186

exactamente

John William Godward: Ancient Pastimes, detalle (1916)

RECONOCIMIENTO

Si supiera exactamente cómo

De su rama la hoja crece,

Callaría por toda la eternidad: pues ya sabría lo suficiente.

*

ERKENNTNIS

Wüßt ich genau, wie dies Blatt aus seinem Zweige herauskam,

Schwieg ich auf ewige Zeit still: denn ich wüßte genug.

 

Hugo von HofmannsthalPoesía lírica, seguida de Carta de Lord Chandos, Igitur, Montblanc, 2002, Trad. Olivier Giménez López, p. 131

siempre

Man Ray. Abat-jour (1919-1959)

. . . Un grito en medio de la multitud,
Mi propia voz, sonora, arrolladora y definitiva.

Venid, hijos míos,
Venid, mis muchachos y muchachas, mis mujeres, parientes y amigos íntimos,
El músico muestra ahora su nervio . . . ha practicado el preludio en sus flautas interiores.

¡Acordes fácilmente escritos con ágiles dedos! Siento la resonancia de su clímax y de su final.

Mi cabeza gira sobre mi cuello,
Resuena la música, pero no de órgano . . . la gente me rodea, pero no los conozco.

Siempre la tierra dura y resistente,
Siempre los comilones y bebedores . . . siempre el sol naciente y poniente . . . siempre el aire y las continuas mareas.
Siempre yo y mis vecinos, amables, perversos y reales,
Siempre la vieja pregunta sin respuesta . . . siempre esa espina en el pulgar, ese aliento de envidias y de sed,
¡Siempre la burla del chismoso!, hasta que descubrimos dónde se oculta el astuto y lo forzamos a salir;
Siempre el amor . . . siempre el sollozante fluir de la vida,
Siempre el vendaje bajo la barbilla . . . siempre el caballete de la muerte.

Por todas partes los que caminan con monedas en los ojos,
Para aplacar la voracidad del vientre, se alimentan libremente del cerebro,
Toman, compran o venden entradas, pero ni una sola vez van a la fiesta,
Son muchos los que sudan, aran, trillan y reciben luego la paja en pago,
Y son pocos los que poseen, no hacen nada y reclaman continuamente el trigo.

Ésta es la ciudad . . . y yo soy uno de sus ciudadanos;
Todo lo que le interesa a los demás me interesa . . . la política, la iglesia, la prensa y las escuelas,
Las sociedades de beneficiencia, mejoras, bancos, tarifas, vapores, fábricas, mercados.
Surtidos, tiendas, bienes muebles e inmuebles.

Los llorones y charlatanes con levita y cuello de pajarita . . . sé muy bien quiénes son . . . y que no son gusanos ni pulgas,
Reconozco los dobles de mí mismo bajo el disfraz de estos labios arañados y piernas de alambre.

El más débil y el más superficial es inmortal conmigo,
Lo que hago y digo ellos lo harán igualmente,
Cada pensamiento que se agita en mí, el mismo se agita en ellos.

Conozco perfectamente bien mi propio egoísmo,
y conozco mis palabras omnívoras, pero no puedo dejar de decirlas,
Y quisiera llevarte, quienquiera que seas, a mi propio nivel.

Mis palabras son palabras que preguntan y hablan de realidad;
Este libro impreso y encuadernado . . . pero, ¿y el impresor y el muchacho de la imprenta?
Y la dote y los acuerdos matrimoniales . . . pero, ¿y el cuerpo y la mente del novio y los de la novia?
El panorama del mar . . . pero, ¿y el mar mismo?
Las fotografías bien tomadas . . . pero, ¿y tu mujer o tu amigo fuertemente apretados en tus brazos?
La flota de buques de pasajeros y todas las mejoras modernas . . . pero, ¿y la astucia y el coraje del almirante?
Los platos, el precio y los muebles . . . pero, ¿el huésped y la huésped y la mirada de sus ojos?
El cielo allá arriba . . . pero, ¿y aquí, en la casa de al lado o al otro lado de la calle?
Los santos y los sabios de la historia . . . pero, ¿y tú mismo?
Los sermones, doctrinas y la teología . . . pero, ¿y el cerebro humano y lo que llamamos razón, lo que llamamos amor, lo que llamamos vida?

 

*

 

A call in the midst of the crowd,
My own voice, orotund sweeping and final.

Come my children,
Come my boys and girls, my women and household and intimates,
Now the performer launches his nerve . . . he has passed his prelude on the reeds within.

Easily written loosefingered chords! I feel the thrum of your climax and close.

My head evolves on my neck,
Music rolls, but not from the organ . . . folks are around me, but they are no household of mine.

Ever the hard unsunk ground,
Ever the eaters and drinkers . . . ever the upward and downward sun . . . ever the air and the ceaseless tides,
Ever myself and my neighbors, refreshing and wicked and real,
Ever the old inexplicable query . . . ever that thorned thumb-that breath of itches and thirsts,
Ever the vexer’s hoot! hoot! till we find where the sly one hides and bring him forth,
Ever love . . . ever the sobbing liquid of life,
Ever the bandage under the chin . . . ever the trestles of death.

Here and there with dimes on the eyes walking,
To feed the greed of the belly the brains liberally spooning,
Tickets buying or taking or selling, but in to the feast never once going,
Many sweating and ploughing and thrashing, and then the chaff for payment receiving,
A few idly owning, and they the wheat continually claiming.

This is the city . . . and I am one of the citizens;
Whatever interests the rest interests me . . . politics, wars, markets, newspapers, schools,
Benevolent societies, improvements, banks, tariffs, steamships, factories, markets,
Stocks and stores and real estate and personal estate.

They who piddle and patter here in collars and tailed coats . . . I am aware who they are . . . and that are not worms or fleas,
I acknowledge the duplicates of myself under all the scrape-lipped and pie-legged concealments.

The weakest and shallowest is deathless with me,
What I do and say the same waits for them,
Every thought that flounders in me the same flounders in them.

I know perfectly well my own egotism,
And know my omnivorous words, and cannot say any less,
And would fetch you whoever you are flush with myself.

My words are words of a questioning, and to indicate reality;
This printed and bound book . . . but the printer and the printing-office boy?
The marriage estate and settlement . . . but the body and mind of the bridgeroom? also those of the bridge?
The panorama of the sea . . . but the sea itself?
The well-taken photographs . . . but your wife or friend close and solid in your arms?
The fleet of ships of the line and all the modern improvements . . . but the craft and pluck of the admiral?
The dishes and fare and furniture . . . but the host and hostess, and the look out of their eyes?
The sky up there . . . yet here or next door or across the way?
The saints and sages in history . . . but you yourself?
Sermons and creeds and theology . . . but the human brain, and what is called reason, and what is called love, and what is called life?

 

Walt Whitman: Canto a mí mismo, parte 42, en Hojas de hierba, Alianza editorial, Madrid, Trad. de Manuel Villar Raso, 1995, 174-179

 

 

pasar

HORST P. HORST. Edith Sitwell, New York, 1948

PASAR

Será un breve pasar entre la ceniza y el viento.
Una suave tentativa, un tenue soplo
a las puertas del silencio. Una pérdida
de todo, del propio sentido y del deseo.
Ser nada pero habitar el instante y sus murmullos
en la infinita dispersión. Entre ruinas,
en los confines de una tierra cenicienta
donde las nubes y los árboles se confunden,
todo tiene sabor a destino y a principio,
a plenitud o nada. Y la palabra vibra
silenciosa, unánime, casi ebria
de un dios vegetal entre cigarras.
El mar ya centellea. El exilio casi cesa.
Lo que es breve perdura en grávida levedad.

*

PASSAGEM

Será uma breve passagem entre a cinza e o vento.
Uma suuave tentativa, um ligeiro sopro
às portas do silêncio. Uma perda
de tudo, do própio sentido e do desejo.
Ser nada mas habitar o instante e os seus murmúrios
na infinita dispersão. Entre ruínas,
nos confins de uma terra acinzentada
em que as nuvens e as árvores se confundem,
tudo tem sabor a destino e a princípio,
a plenitude ou nada. E a palavra vibra
silenciosa, unânime, quase ébria
de un deus vegetal entre cigarras.
O mar xintila já. O exílio quase cessa.
O que breve perdura em grávida leveza.

António Ramos Rosa: Facilidad del aire, ediciones del oriente y del mediterráneo, Madrid, trad. de Clara Janés, 1998, pp.18-19

Morgue

Amat madrid 0004

Frederick Amat. Sogas nº1 (2008)

Morgue

 

El poeta se desvela. La hoja degüella la noche. El poeta enciende la luz de la
cocina abre la puerta del frigo
busca algo que corte una hemorragia.

Pero ¿qué harás con la noche descabezada?
Envolverla en papel frío.

El poeta toma las constantes a la noche
mide la temperatura el pulso hunde su mano en la frente
demora la hora del beso

Visita cada noche el poeta sus poemas
de amor
el corazón incandescente.

Noelia Pena, 2014

demostrar

László Moholy-Nagy - Bridges 1 K 33, 1920László Moholy-Nagy: Bridges 1 K 33 (1920)

Hoy se oye tan a menudo, profanada, la pregunta de Hölderlin: ¿Para qué poetas en estos tiempos de penuria? Otra pregunta no menos justificada sería: ¿Y para qué poemas? ¿Qué hay que demostrar y a quién? Si los poemas no tuvieran que ser una demostración de nada, tendríamos que atenernos a que estimulan la memoria.

Ingeborg Bachmann: [¿Para qué poemas?], en Literatura como Utopía, Pre-Textos, Valencia, Trad. de Mónica Fernández Arizmendi y Àngels Giménez Campos, 2012, p.87

nombres

 Toute la mémoire du monde (Alain Resnais, 1956)Fotograma de Toute la mémoire du monde (Alain Resnais, 1956)

Preguntas de un obrero que lee

¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas?
En los libros figuran solo nombres de reyes.
¿Acaso arrastraron ellos los bloques de piedra?
Y Babilonia, mil veces destruida,
¿Quién la volvió a levantar otras tantas? Quiénes edificaron
la dorada Lima, ¿en qué casas vivían?
¿Adónde fueron la noche
en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles?
Llena está de arcos triunfales
Roma la grande. Sus césares
¿sobre quiénes triunfaron? Bizancio,
tantas veces cantada, para sus habitantes
¿solo tenía palacios? Hasta en la legendaria
Atlántida, la noche que en que el mar se la tragó, los que se ahogaban
pedían, bramando, ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César venció a los galos.
¿No llevaba siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al saber su flota hundida.
¿No lloró más que él?
Federico de Prusia ganó la Guerra de los Treinta Años.
¿Quién la ganó también?

Un triunfo en cada página.
¿Quién preparaba los festines?
Un gran hombre cada diez años.
¿Quién pagaba los gastos?

A tantas historias,
tantas preguntas.

 

Bertolt Brecht: Historias de almanaque, Alianza, Madrid, 1980, trad. Joaquín Rábago, pp. 88-89

Cortometraje Toute la mémoire du monde (Alain Resnais, 1956)

obreiro

Luis Seoane- Cristo obreiro (1975)Luis Seoane: Cristo obreiro crucificado (1975)

EL OBRERO EN EL MAR

En la calle pasa un obrero. ¡Qué firme anda! No tiene blusa. En el cuento, en el drama, en el discurso político, el dolor del obrero está en su blusa azul, de grueso paño, en las gruesas manos, en los pies enormes, en los sinsabores enormes. Ése es un hombre común, apenas más oscuro que los otros, y con una significación extraña en el cuerpo, que carga designios y secretos. ¿Adónde va él pisando así tan firme? No lo sé. La fábrica quedó atrás. Adelante sólo está el campo, con algunos árboles, el gran anuncio de gasolina americana y los cables, los cables, los cables. Al obrero no le sobra el tiempo para drse cuenta de que ellos llevan y traen mensajes, que hablan de Rusia, de Araguaia, de los Estados Unidos. No oye, en la Cámara de Diputados, al líder de la oposición vociferando. Camina por el campo y apenas nota que allí corre agua, que más adelante hace calor. ¿Adónde va el obrero? Tendría vergüenza de llamarle mi hermano. Él sabe que no es, nunca fue mi hermano, que no nos entenderemos nunca. Y me desprecia… O tal vez sea yo mismo quien me desprecie a sus ojos. Tengo vergüenza y ganas de enfrentarlo: una fascinación que casi me obliga a saltar por la ventana, a caer frente a él, a interrumpirle la marcha. Ahora está caminando en el mar. Yo pensaba que eso fuese privilegio de algunos santos y navíos. Pero no hay ninguna santidad en el obrero, y no veo ruedas ni hélices en su cuerpo, aparentemente banal. Siento que el mar se ha acobardado y lo dejó pasar. ¿Dónde están nuestros ejércitos que no impidieron el milagro? Pero ahora veo que el obrero está cansado y que se mojó, no mucho, pero se mojó, y peces escurren de sus manos. Veo que se vuelve y me dirige una sonrisa húmeda. La palidez y confusión de su rostro son la misma tarde que se descompone. Dentro de un minuto será de noche y estaremos irremediablemente separados por las circunstancias atmosféricas, yo en tierra firme, él en medio del mar. Único y precario agente de ligación entre nosotros, su sonrisa cada vez más fría atraviesa las grandes masas líquidas, choca contra las formaciones salinas, las fortalezas de la costa, las medusas, atraviesa todo y viene a besarme el rostro, a traerme una esperanza de comprensión. Sí, ¿quién sabe si algún día lo comprenderé?

*

O OPERÁRIO NO MAR

Na rua passa um operário. Como vai firme! Não tem blusa. No conto, no drama, no discurso político, a dor do operário está na blusa azul, de pano grosso, nas mãos grossas, nos pés enormes, nos desconfortos enormes. Esse é um homem comum, apenas mais escuro que os outros, e com uma significação estranha no corpo, que carrega desígnios e segredos. Para onde vai ele, pisando assim tão firme? Não sei. A fábrica ficou lá atrás. Adiante é só o campo, com algumas árvores, o grande anúncio de gasolina americana e os fios, os fios, os fios. O operário não lhe sobra tempo de perceber que eles levam e trazem mensagens, que contam da Rússia, do Araguaia, dos Estados Unidos. Não ouve, na Câmara dos Deputados, o líder oposicionista vociferando. Caminha no campo e apenas repara que ali corre água, que mais adiante faz calor. Para onde vai o operário? Teria vergonha de chamá-lo meu irmão. Ele sabe que não é, nunca foi meu irmão, que não nos entenderemos nunca. E me despreza… Ou talvez seja eu próprio que me despreze a seus olhos. Tenho vergonha e vontade de encará-lo: uma fascinação quase me obriga a pular a janela, a cair em frente dele, sustar-lhe a marcha, pelo menos implorar lhe que suste a marcha. Agora está caminhando no mar. Eu pensava que isso fosse privilégio de alguns santos e de navios. Mas não há nenhuma santidade no operário, e não vejo rodas nem hélices no seu corpo, aparentemente banal. Sinto que o mar se acovardou e deixou-o passar. Onde estão nossos exércitos que não impediram o milagre? Mas agora vejo que o operário está cansado e que se molhou, não muito, mas se molhou, e peixes escorrem de suas mãos. Vejo-o que se volta e me dirige um sorriso úmido. A palidez e confusão do seu rosto são a própria tarde que se decompõe. Daqui a um minuto será noite e estaremos irremediavelmente separados pelas circunstâncias atmosféricas, eu em terra firme, ele no meio do mar. Único e precário agente de ligação entre nós, seu sorriso cada vez mais frio atravessa as grandes massas líquidas, choca-se contra as formações salinas, as fortalezas da costa, as medusas, atravessa tudo e vem beijar-me o rosto, trazer-me uma esperança de compreensão. Sim, quem sabe se um dia o compreenderei?

Carlos Drummond de Andrade: Sentimento del mundo, Hiperión, Madrid, Traducción Adolfo Montejo Navas, 2005, pp. 36-39

Máis sobre o Cristo obreiro crucificado e outras obras de Luis Seoane.

ding-dong

Emilie Clark- Untitled, 2014Emilie Clark, Untitled (2014)

En verdad

Para Ana Ajmátova

A quien nunca se quedó sin palabras,
y yo os lo digo,
quien sólo sabe ayudarse a sí mismo
y con las palabras,

a éste no se le puede ayudar.
Ni por el camino corto
ni por el largo.

Hacer sostenible una única frase,
aguantar en el ding-dong de las palabras.

Nadie escriba esta frase
que no la firme.

*

Wahrlich

Für Anna Achmatova

Wem es ein Wort nie verschlagen hat,
und ich sage es euch,
wer bloß sich zu helfen weiß
und mit den Worten-

dem ist nicht zu helfen.
Über den kurzen Weg nicht
und nicht über den langen.

Einen einzigen Satz haltbar zu machen,
auszuhalten in dem Bimbam von Worten.

 

Ingeborg Bachmann: Últimos poemas, Hiperión, trad. Cecilia Dreymüller y Concha García, Madrid, 1999, pp. 60-61

el velo

Michael Summers- Hidden Love, 2006 (A different view of Magritte's 'The Lovers')Michael Summers: Hidden Love, 2006 (A different view of Magritte’s ‘The Lovers’)

EL VELO DE LA REINA MAB

 

La reina Mab, en su carro hecho de una sola perla, tirado por cuatro coleópteros de petos dorados y alas de pedrería, caminando sobre un rayo de sol, se coló por la ventana de una buhardilla donde estaban cuatro hombres flacos, barbudos e impertinentes, lamentándose como unos desdichados.

Por aquel tiempo, las hadas habían repartido sus dones a los mortales. A unos habían dado las varitas misteriosas que llenan de oro las pesadas cajas del comercio; a otros unas espigas maravillosas que al desgranarlas colmaban las trojes de riqueza; a otros unos cristales que hacían ver en el riñón de la madre tierra, oro y piedras preciosas; a quienes cabelleras espesas y músculos de Goliat, y mazas enormes para machacar el hierro encendido; y a quienes talones fuertes y piernas ágiles para montar en las rápidas caballerías que se beben el viento y que tienen las crines en la carrera.

Los cuatro hombres se quejaban. Al uno le había tocado en suerte una cantera, al otro el iris, al otro el ritmo, al otro el cielo azul.

*

La reina Mab oyó sus palabras. Decía el primero:

–¡Y bien! ¡Heme aquí en la gran lucha de mis sueños de mármol! Yo he arrancado el bloque y tengo el cincel. Todos tenéis, unos el oro, otros la armonía, otros la luz; yo pienso en la blanca y divina Venus que muestra su desnudez bajo el plafond color de cielo. Yo quiero dar a la masa la línea y la hermosura plástica; y que circule por las venas de la estatua una sangre incolora como la de los dioses. Yo tengo el espíritu de Grecia en el cerebro, y amo los desnudos en que la ninfa huye y el fauno tiende los brazos. ¡Oh, Fidias! Tú eres para mí soberbio y augusto como un semidiós, en el recinto de la eterna belleza, rey ante un ejército de hermosuras que a tus ojos arrojan el magnífico chitón, mostrando la esplendidez de la forma, en sus cuerpos de rosa y nieve.

Tú golpeas, hieres y domas el mármol, y suena el golpe armónico como un verso, y te adula la cigarra, amante del sol, oculta entre los pámpanos de la viña virgen. Para ti son los Apolos rubios y luminosos, las Minervas severas y soberanas. Tú, como un mago, conviertes la roca en simulacro y el colmillo del elefante en copa del festín. Y al ver tu grandeza siento el martirio de mi pequeñez. Porque pasaron los tiempos gloriosos. Porque tiemblo ante las miradas de hoy. Porque contemplo el ideal inmenso y las fuerzas exhaustas. Porque a medida que cincelo el bloque me ataraza el desaliento.

*

Y decía el otro:

–Lo que es hoy romperé mis pinceles. ¿Para qué quiero el iris y esta gran paleta del campo florido, si a la postre mi cuadro no será admitido en el salón? ¿Qué abordaré? He recorrido todas las escuelas, todas las inspiraciones artísticas. He pintado el torso de Diana y el rostro de la Madona. He pedido a las campiñas sus colores, sus matices; he adulado a la luz como a una amada, y la he abrazado como a una querida. He sido adorador del desnudo, con sus magnificencias, con los tonos de sus carnaciones y con sus fugaces medias tintas. He trazado en mis lienzos los nimbos de los santos y las alas de los querubines. ¡Ah, pero siempre el terrible desencanto! ¡El porvenir! ¡Vender una Cleopatra en dos pesetas para poder almorzar!

¡Y yo, que podría, en el estremecimiento de mi inspiración, trazar el gran cuadro que tengo aquí dentro…!

*

Y decía el otro:

–Perdida mi alma en la gran ilusión de mis sinfonías, temo todas las decepciones. Yo escucho todas las armonías, desde la lira de Terpandro hasta las fantasías orquestales de Wagner. Mis ideales, brillan en medio de mis audacias de inspirado. Yo tengo la percepción del filósofo que oyó la música de los astros. Todos los ruidos pueden aprisionarse, todos los ecos son susceptibles de combinaciones. Todo cabe en la línea de mis escalas cromáticas.

La luz vibrante es himno, y la melodía de la selva halla un eco en mi corazón. Desde el ruido de la tempestad hasta el canto del pájaro, todo se confunde y enlaza en la infinita cadencia. Entre tanto, no diviso sino la muchedumbre que befa y la celda del manicomio.

*

Y el último:

–Todos bebemos del agua clara de la fuente de Jonia. Pero el ideal flota en el azul; y para que los espíritus gocen de la luz suprema, es preciso que asciendan. Yo tengo el verso que es de miel y el que es de oro, y el que es de hierro candente. Yo soy el ánfora del celeste perfume: tengo el amor. Paloma, estrella, nido, lirio, vosotros conocéis mi morada. Para los vuelos inconmensurables tengo alas de águila que parten a golpes mágicos el huracán. Y para hallar consonantes, los busco en dos bocas que se juntan; y estalla el beso, y escribo la estrofa, y entonces, si veis mi alma, conoceréis a mi Musa. Amo las epopeyas porque de ellas brota el soplo heroico que agita las banderas que ondean sobre las lanzas y los penachos que tiemblan sobre los cascos; los cantos líricos, porque hablan de las diosas y de los amores; y las églogas, porque son olorosas a verbena y a tomillo, y al sano aliento del buey coronado de rosas. Yo escribiría algo inmortal; mas me abruma un porvenir de miseria y de hambre…

*

Entonces la reina Mab, del fondo de su carro hecho de una sola perla, tomó un velo azul, casi impalpable, hecho de suspiros, o de miradas de ángeles rubios y pensativos. Y aquel velo era el velo de los sueños, de los dulces sueños que hacen ver la vida de color rosa. Y con él envolvió a los cuatro hombres flacos, barbudos e impertinentes. Los cuales cesaron de estar tristes, porque penetró en su pecho la esperanza, y en su cabeza el sol alegre, con el diablillo de la vanidad, que consuela en sus profundas decepciones a los pobres artistas.

Y desde entonces, en las buhardillas de los brillantes infelices, donde flota el sueño azul, se piensa en el porvenir como en la aurora, y se oyen risas que quitan la tristeza, y se bailan extrañas farandolas alrededor de un blanco Apolo, de un lindo paisaje, de un violín viejo, de un amarillento manuscrito.

Rubén Darío, en Azul (1888)

el sentido

Paul Klee, Teoría de la configuración pictóricaPaul Klee (material pedagógico de su teoría de la configuración pictórica, años 20′)

Carpe noctem

 

Que la noche no nos preguntara nada.
Que sólo las lámparas encendidas para los amigos
dieran cuenta de un afecto remoto y excesivo.
Que no pudiera medirse el tiempo que guardó esa
promesa el gesto ciego de la intimidad -tan espontáneo
que ya no nos pertenece.

Que el silencio fuera el secreto de una anécdota
y
que la anécdota fuera tan insignificante
que en su aparente oscuridad durmiera
como un grillo.

Que lo que no sabemos qué es advenga para todos,
fingiendo todos saber que no lo saben.
Ellos preguntaron: “¿Cómo será esta noche?
¿Qué fin tendrá la noche?
¿Próspero o adverso?”

En el sentido una apuesta más secreta nos vigila
y olvida.

 

Arturo Carrera: Noche y día, Losada, Buenos Aires, 2005, pp. 21-22

el tintero

Yves Klein, Untitled Anthropometry, 1960Yves Klein, Untitled Anthropometry (1960)

TENER SENCILLO

 

…que viva de nada útil,
sino seguridad del sentido momentánea.

…imágenes que todavía se barajen
en su mente como indecisas nubes,

pero que le aseguren ser fugaces intocables
como instantes de conformidad con la belleza

cuerpos de relieve tenue y breve elocuencia,
risas que estallan en el tintero de la nada.

 

Arturo Carrera: Potlatch, Amargord, Madrid, 2010, p.34

TEMER SENCILLO

el verso

Marrie Bot, Geliefden-Timeless Love, 2004Marrie BotTimeless Love (2004)

LA RED

Lo que sostengo, lo que no invento, lo que prometo,
lo que las palabras y las playas perpetúan
en la alegría verde del amor,
me devuelve los caminos y el comienzo,
¡es alegre comienzo!

La fauna dilacerada refugiada en el verso,
el silencio de piedra de las horas perdidas,
consienten otra vez aquella distancia
en la que encuentro el palacio de mis siete años,
y las puertas monumentales traspasadas
sólo por la infancia mortal de una belleza mortal
como Londres, de tarde, a fines de noviembre.

Lo que sostengo, lo que descubro y no invento,
lo que repito exaltadísimo,
recuerda a veces la red potente
que se deshace, sólo en apariencia,
para el que equivocadamente espera,
para quien nunca se sentó en medio del camino,
para los que no sonríen por casualidad,
y no se destruyen en un ritual necesario
como las voces puras de la media noche del mar.

Lo que sustento, lo que no invento, lo que prometo
es la alegría limpia de las lisas planicies de visiones de luz insoportable.
Lo que prometo es lo que he visto, testigo y nada más.
Canto lo que existió y existirá, gloria suprema
de los dioses, no mía.

Londres, 11.1.54

*

A REDE

O que eu sustento, o que eu não invento, o que eu prometo,
o que as palavras e as praias perpetuam
na alegria verde do amor,
devolve-me as estradas e o princípio,
o alegre princípio!

A fauna dilacerada refugiada no verso,
o silêncio de pedra das horas perdidas,
deixam outra vez aquela distância
onde encontro o palácio dos meus sete anos
e as portas monumentais ultrapassadas
só pela infância mortal duma beleza mortal
como Londres à tarde nos finais de Novembro.

O que sustento, o que eu descubro e não invento,
o que eu repito exaltadíssimo,
lembra às vezes a rede potente
que se desfaz, só na aparência,
para os que esperam duma forma errada,
para os que nunca se sentaram no meio da estrada,
para os que nunca sorriem por acaso,
e não se destroem num ritual preciso
igual às vozes puras da meia noite do mar.

O que eu sustento, o que eu não invento, o que eu prometo
é a alegria límpida das lisas
planícies de certas visões insuportáveis de luz.
O que eu prometo é o que eu vi, testemunha e nada mais.
Eu canto o que existiu e existirá, glória suprema
dos deuses e não minha.

Londres, 11.1.54

 

Alberto de Lacerda:  de Aventura, en en Antología de la poesía portuguesa contemporánea, Tomo II, Madrid, Júcar, (trad. Ángel Crespo), 1982, pp. 149-151