el sentido

Paul Klee, Teoría de la configuración pictóricaPaul Klee (material pedagógico de su teoría de la configuración pictórica, años 20′)

Carpe noctem

 

Que la noche no nos preguntara nada.
Que sólo las lámparas encendidas para los amigos
dieran cuenta de un afecto remoto y excesivo.
Que no pudiera medirse el tiempo que guardó esa
promesa el gesto ciego de la intimidad -tan espontáneo
que ya no nos pertenece.

Que el silencio fuera el secreto de una anécdota
y
que la anécdota fuera tan insignificante
que en su aparente oscuridad durmiera
como un grillo.

Que lo que no sabemos qué es advenga para todos,
fingiendo todos saber que no lo saben.
Ellos preguntaron: “¿Cómo será esta noche?
¿Qué fin tendrá la noche?
¿Próspero o adverso?”

En el sentido una apuesta más secreta nos vigila
y olvida.

 

Arturo Carrera: Noche y día, Losada, Buenos Aires, 2005, pp. 21-22

el tintero

Yves Klein, Untitled Anthropometry, 1960Yves Klein, Untitled Anthropometry (1960)

TENER SENCILLO

 

…que viva de nada útil,
sino seguridad del sentido momentánea.

…imágenes que todavía se barajen
en su mente como indecisas nubes,

pero que le aseguren ser fugaces intocables
como instantes de conformidad con la belleza

cuerpos de relieve tenue y breve elocuencia,
risas que estallan en el tintero de la nada.

 

Arturo Carrera: Potlatch, Amargord, Madrid, 2010, p.34

TEMER SENCILLO

condición

Avedon_ Hermione Gingold and Cecil Beaton, 1956Richard Avedon: Hermione Gingold y Cecil Beaton (1956)

Una vez, cuando era muy pequeño, había conseguido una moneda de diez centavos y tenía muchos deseos de dársela a una vieja mendiga que solía apostarse entre las dos plazas. Ahora bien, me parecía una cantidad inmensa de dinero, una suma que probablemente ningún mendigo había recibido jamás, y por tanto me avergonzaba hacer algo tan extravagante ante la mendiga. Pero de todos modos tenía que darle el dinero; cambié la moneda, le di un centavo a la vieja, luego di la vuelta entera a la manzana de la Municipalidad y de la arcada, volví a aparecer como un nuevo benefactor por la izquierda, volví a darle un centavo a la mendiga, me eché nuevamente a correr y repetí dichoso diez veces la maniobra. (O tal vez menos, porque creo que en cierto momento la mendiga perdió la paciencia y desapareció.) De todos modos, al final me sentía tan agotado, también moralmente, que me fui corriendo a mi casa y lloré hasta que mi madre me repuso los diez centavos.
Ya ves, tengo mala suerte con los mendigos, no obstante me declaro capaz de entregar toda mi fortuna presente y futura, cambiada en los billetes de menos valor, a una mendiga junto a la Ópera, siempre bajo la condición de que tú estés a mi lado y que yo pueda sentir tu proximidad.

Franz Kafka

Citado en Arturo Carrera: Potlatch, Amargord, Madrid, 2010, p.13

arco iris (i)

PAUL KLEE- Scheidung Abens (Separación por la tarde, 1922)Paul Klee- Scheidung Abends (Separación por la tarde, 1922)

El arco iris: caso único de una escala natural de colores puros que no sea plenamente de este mundo y aparezca al nivel de la atmósfera. Perteneciendo al dominio intermedio entre la tierra y el universo, este fenómeno alcanza cierto grado de perfección, pero no el grado último, ya que sólo parcialmente pertenece al “más allá”.

Pero también nuestro poder creador se encuentra, por sobre la imperfección del fenómeno, en condiciones de obtener, por lo menos, una síntesis del ser. Hay que suponer que lo que sólo nos llega como una apariencia defectuosa existe en alguna parte en la plenitud de su ser. Nuestro instinto de artista va a ayudarnos a concebir claramente este ser.

¿En qué consiste la insuficiencia del arco iris?

Paul Klee, Teoría de los colores

En Arturo Carrera: Noche y Día, Losada, Buenos Aires, 2005, p. 107

maquetas

Jan Saudek, Image No. 213-1, Ilary 1
Jan Saudek, Image No. 213/1, Ilary 1 (1983)

VISIBLE, INVISIBLE

I

Que este brío dure,
que los pájaros imiten
el grito de los terneros
al anochecer. La gata agazapada
bajo el vaho de las buenasnoches.

Y mezclas, matices,
pero como se mezclan dos nubes
y como entra en el incienso el hipo del incienso
haciéndonos sentir su barrido,
su despejo de falsas sensaciones.

Y como entra la noche en el atardecer
bajo la soledad sonora de los grillos
—la música callada de las luciérnagas mezquinas.

y que se unan otra vez esas rachas de sonido
a la única voz en que juntos vacilamos.
Sonidos que ignoraban ser iguales,
apenas iguales: secretos ejercicios de alegría

visible como el espiado,
como un habla de visible en lo invisible,
la laguna.

II

La calandria que vimos con Mauricio
canta aún en el bullicio de los patos.
La vemos y la pensamos soñada,
cara de otras monedas:

primero en la casa,
(invisible como fue,
visible como es ahora.)

Después entre la gente,
impalpable como parece,
—ruido— ahora
en el televisor.

pero visibles e invisibles “Mundos”
si la poesía los rozara,
“naturalezas” si con su palabrerío ignorara
la potencia implacable de otro estilo.

“Relámpago”
anunciaría.

“Trueno” si la música sostuviera en su rumor
la atonalidad expectante.

Pero no somos la casa, ni el hogar,
ni el árbol, ni el camino.

Sólo sus dibujos o maquetas matizadas
en una esferilla donde nieva y hay ritornelos
de caja de música

envueltos en nuestro balbuceo salado.

¿Cuántas veces necesitamos que nos digan
que la belleza es la arena movediza
de la certidumbre?

Arturo Carrera: Poltlatch, Amargord, Madrid, 2010, pp. 85-87

Ilary, Jan Saudek (serie completa, 6 fotografías): 1, 2, 3, 4, 5, 6

Arturo Carrera


 

La tardecita

 

Se acerca la primavera,

Marcia me odia, tanto
como yo amo a Lesbia, y
Catulo la amaba…

Ella dice que es obscena
la manera de referirme a mis amigos;
que soy, en resumidas cuentas de collar,
una máscara ya obscena y amenamente
indeseable

Una máscara del teatro de la infelicidad.

Pero estamos en el campo.

El sol alto y tardío.
El sexo en los cogollos del almendro.
La luna por despuntar…

…el durazno japonés relampagueante,
brillante rosado como nunca ví. Vacío,

vacío vertiginoso como tu voz brillante
contra el viento iluminado y el infierno musical
de tus estupideces.

Tu voz brillante. Tu voz ¡poética!

¿Recuerdas que dijiste que la prioridad del artista
estaba en hacerse reventar por los chongos
de Floresta y después “narrarlo” mientras
se posa, ante un pintor, como una mariposa
americana?

El cielo es una lámina que finge un color,
una desgracia, unos dibujos maravillosos para el feliz

embaucamiento de unos niños que involuntariamente
suspenden la credulidad; coléricos.

Oh poeta,
el pequeño vestigio de una tormenta atormentadora
te alimenta con su rayo

Te arrimás a los pies de un fulgor que quema como aquel
caballo blanco que veo, ahora, pegado a su destello

Estúpido caballo criollo del lenguaje.

Una mujer entrevé tu Vacío en su boca estrepitosa

Oh inebriante perrito faldero
llorando aún por la pérdida de su mamá
en las letrinas de Roma en una época cruel, en una época
de niños Heligábalos tan putos como él,
tan degenerados superiores como él. ¿Debí decir que
citaba a Pessoa (mucho más, mucho más inteligente que
yo. Más claro y menos oscuro en las razones de la amistad
obscena con la tierra y el aire y el sol y la eternidad)?

¿se acerca la primavera?

Sí, se acerca la revolución
de las florecillas de la amable locura
con sus sospechas escarlatas, con su Rimbaud, con sus
mejores mujeres y sus lolitas en flor también
a la sombra de un despertar anaranjado del verano
en medio de cada insoportable estación.

De todas maneras,
una carcajada embrujada por la dicha “engama” los
colores;
unas manos frágiles precipitan la luz que sostiene
las formas de unas serranías y unos árboles amarillos,

¿Vendrá?

Todas las formas en todas las formas y la cabeza en la
pica de la certidumbre,

la angustiosa serenidad momentánea de la certidumbre,

Una cierta sombra en las fantasías del amor. Unas
sombrías

siluetas en la cabeza abigarrada y pulsante,
la cabeza, la cabeza del amante

sea quien sea. La primavera.
El cielo como una lámpara en la mesita de luz y
el día como una noche dispuesta para el obsceno Dolor
y siempre unos niños bailando en un claro de mi sangre:
un arco iris del deseo en mis venas.

El cuerpo estratificado en el lecho ácido del pino,
las semillas turgentes bajo sus madres arraigadas;
el silbo de unas perdices mientras avanzo hacia la casa
cerrada y el galgo y las tunas mordidas por los toros.

El secreto en el aura de Alicia, la casera, que espanta
las vacas con su Citroën amarillo y sus alaridos
expertos.

El celo. Tres rojas muchachas y yo. El celo sereno,
el celo en la cabellera solar de la mujer

¿El hombre de mármol
quejumbroso?

¿Vendrá?

Todas las parteras oirían su nacimiento
si se decidiera a verse nacer,
estímulo de la pintura. Estímulo de las
estéticas anarquistas de la pasión…
Confuso esclavo de la maldad evaporando en la sombra
toda la Literatura y todo el Mal.

-Pero no pronuncies esa palabra obscena, por favor,
Arturito…

Ni dispongas puntos suspensivos donde políticamente
no hay suspenso.
Estamos en el campo y aquí me quedaría hasta ver
amanecer y que la vaca me dé la teta con sus innumerables
pezones…

Terco poeta como la luna en el agua que se agita,
el día se agita como yo.
Estamos en el campo.

-¿Qué somos?
-A-mi-gui-tos…

Sonrisa en el coral de las sonrisas que miradas
difícilmente se disuelven en el aire obsceno.
Obsceno el tacto del pico de los patos.
Obscena la algarabía de la quietud.
Obscena la tarde con sus mates lavados.
Obscena la invitación a la pintura en caballete.
Obsceno el caballete en el desván del campo.

Obsceno el diálogo más que el monólogo y más obsceno
que este coloquio entre perros de interior…

Obscena la mirada a la leña y el hacha,
obsceno el conejo con sus orejas enterradas en el barro;
obsceno el juego de repetir
la hartura de la pintura…
Del campo.

¿Vendrá?

Su caballito volvió solo al lugar

Espacio perfumado
no importa con qué
Estiércol de la atención humeante y perfumada

La mirada bosta circular de las vacas
como un cráter lunar en el aire
en el verde del aire-césped

Sangre en la pared.

Sangre en la nariz de la niñita que sale del agua,

Sangre escondida en los hilillos equidistantes
de las venas poéticas

Y es todo lo que no nos debería faltar.

Arturo Carrera

ESCRITO CON UN NICTÓGRAFO

El escriba ha desaparecido
Señaló el sitio vacío
donde los muertos se divierten
La noche penetrando
y el glande inflado de tinta, penetrando
hacen el mismo ruido
que la muerte penetrando
Asisto a su duración en lo instantáneo
SILENCIO DESORBITADO
su fiesta en lo opaco, en lo pleno, en lo plano
la atención lleva un blanco en la frente
lleva una capa de lirones
despiertos
es la época en que la muerte entra muda

Mudo mi cuerpo

Yo me impongo en tu muerte

Yo me guarezco tu muda

tiempo de atenuación

tiempo de purificación

tiempo de lluvias constantes
lo insensible vibra
lo insensible soporta la noche
brota flores en mitad de la noche
en mitad de la página
sobre la panza de la muerte
la orfandad lleva un blanco en la frente
E L  P O E M A  S E  A B R E
esa es tu fuerza
la orfandad es fascinada comandada

Subida a la barca invadida y hundida de muertos

Yo en la prosa de tu libro

En el barco de los muertos

Entre volúmenes huecos mi cuerpo grafía

a otro páramo

descargando letras huesos huecos

El poema se abre

Esa es tu fuerza

El poema toma contacto

Se desliza con brazos extendidos

por las dos orillas

esa es tu fuerza
Me hablabas de una trampa del lenguaje
el poema se abre
SALTAN TUS MUERTOS
C L O W N S
D A N Z A S
interferencia de danzas
palimpsesto de danzas
en lo oscuro
la oscuridad polarizada

Y danzas

Como las danzas de las abejas

invariables

te atraen con sus movimientos mociosos

para extenuar un lugar

para desocultar otro lugar

para fingir invadir para informar
DANZAS

vos estás dictás dilectismos

espacios acopiados sismos

estos muertos son míos
(señalando las palabras)
estos muertos son míos.