técnica

George Braque- L'oiseau et son nid (L'oiseau retournant à son nid) 1955George Braque: L’oiseau et son nid (L’oiseau retournant à son nid), 1955.

MI INTERÉS POR LA PINTURA ha nacido mucho antes, y fue siempre muy vivo. Me halaga pensar que si yo no fuese poeta, podría haber sido quizá un buen pintor. Quiero decir que la posibilidad de dar forma concreta a lo que yo me imaginaba me hubiese dado grandes satisfacciones. Pero no pude realizar esa ambición, ni siquiera como aficionado. Sencillamente porque desconocía la técnica -nunca la había aprendido. Y así, para satisfacerla como fuera, para dar entidad a mis anhelos, dirigí mi atención al denominado collage.

Max Ernst había inventado el collage, en el seno del movimiento surrealista, asociando diversas imágenes tomadas de antiguas cincografías para crear nuevas combinaciones trascendentales.

Yo realicé, empero, algunas sustituciones, porque la mayoría de sus imitadores trabajaba como él con antiguas cincografías. Utilicé la fotografía de hoy día con cuanta temáticamente griega encontré: con mares, con muchachas, con iconos… y de ese modo he creado unas cuantas composiciones que las llamé conimágenes.

Muchos creen que es fácil, pero no es así, puesto que las mismas reglas que rigen la composición en la pintura son igualmente válidas para los collages. Además uno debe de estar atento a la forma en que se logrará la unidad del conjunto, para que no sea visible que se trata de pedazos ensamblados. Si, por ejemplo, un elemento recibe la luz desde un ángulo, debe ser lo mismo para los demás elementos, y así sucesivamente.

Odysseas Elytis: Autorretrato en lenguaje oral, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz, Trad. de Nina Anghelidis, 2005, 88-91

la duda

Opened by Customs 1937-8 by Kurt Schwitters 1887-1948Kurt Schwitters: Zollamtlich geöffnet (1937-8)

Una vez leí que la mujer de Kurt Schwitters transportaba un día en Hannover una obra de arte de su marido en un tranvía. Cuando la gente le preguntaba qué estaba llevando, para no tener que decir que era una pieza artística respondía que era algo que había hecho su marido para sus hijos. A mí también me resultaba difícil explicar qué tipo de películas hacía si la pregunta venía de alguien que nunca había estado en una marcha agitando una bandera roja. Creo que muchas personas dieron vida a muchos partidos y a sus respectivas organizaciones juveniles, de estudiantes, de ciudadanos progresistas, para estar siempre rodeados de un ambiente familiar, para que no pudiera aparecer ninguna pregunta en un tranvía ante cuya respuesta se esperara una reacción enemiga o de rechazo, reacción que tendría posiblemente como consecuencia la duda sobre los propios ideales.

Harun Farocki: Aprender lo elemental, en Desconfiar de las imágenes, Caja Negra, Buenos Aires, trad. de Julia Giser, 2014, p.57

elementos

Alfred Stieglitz, Georgia O'Keeffe--Hands and Thimble, 1919Alfred Stieglitz: Georgia O’Keeffe. Manos y dedal (1919)

-(…) Sí, Wally, yo creo que Schumann no hizo exactamente música, que su lenguaje del Davidsbündler y el Carnaval está a las puertas de un arte distinto.
-¿Sí? -dijo Wally López Morales-. Pero los elementos son los mismos.
-Con palabras se hacen la prosa y la poesía, que en nada se parecen. Schumann intencionalizaba
usted me perdonará
su música, la acercaba a una forma enunciativa que no era ya estética
o mejor que no era solamente estética,
y por supuesto tampoco literaria, es decir que no daba gato por liebre. Su música me suena un poco a rito de iniciación. Jamás me ocurre eso con Ravel, digamos, o Chopin.
-Sí, Schumann es extraño -dijo Wally, que era buena interlocutora-. Tal vez la locura…
-¿Quién sabe? Oiga esto, Wally: Schumann sabía que estaba en posesión de un misterio, y con eso no digo que fuera un misterio trascendental; lo que su obra revela es que tenía conciencia oscura de ese saber, pero que a él le era tan desconocido como a los demás. El antisócrates: sólo sé que sé algo, pero no sé qué. Parece haber esperado que su sistema musical lo fuera diciendo, como Artaud lo esperaba de sus poemas. Fíjese que se parecen.
-Pobre Artaud -dijo Wally-. El perfecto caleidoscopio: su obra pasa de mano, y en ese instante cambian los cristales (cambia la mano), y ya es otra cosa.
-Quizá -dijo Clara, que estaba entre ellos- las obras que importan no son las que significan sino las que reflejan. Quiero decir las que permiten nuestro reflejo en ellas. Un poco bastante lo que sugería Valéry.
-De donde se extrae una vanidosa consecuencia -dijo Wally-. Y es que los importantes somos nosotros. Tu idea es el artículo primero del estatuto de un club de lectores. Por mi parte, prefiero hacerme chiquitita y dejar que el libro se me venga encima.

Julio Cortázar: El examen, Sudamericana, Buenos Aires, 1986, pp. 136-137