realidad

Man Ray- Objeto indestructible
Man Ray, Objeto indestructible*

«Todo lo que pueda decir acerca del amor ha sido ya dicho. Huida, instante, abandono, donación… Creer que repitiéndolo lo reinvento es un consuelo que no puede satisfacer. Sé que, en el fondo, no podré salir de la trivialidad. Más exactamente: sé que tengo que salir de ella para volver a ella. Con el peligro de caer en el ridículo. Porque toda carta de amor tiene que ser necesariamente ridícula. La trivialidad, que se mantiene a lo largo del tiempo, ha sido hoy recubierta con la obviedad. Cuando las referencias se han venido abajo en esta noche del siglo, el amor resulta ser la última instancia productora de sentido. Más necesario que nunca y, a la vez, imposible en una sociedad construida sobre lo efímero. Todos queremos amar y ser amados, y si no es así nos sentimos profundamente desgraciados. El amor es una de las caras de la movilización total de la vida por lo obvio. Como tal contribuye a crear esta realidad en la que sobrevivimos. La obviedad, que es el peso de la realidad, debe ser destruida, para poder alcanzar la verdad del amor que subsiste en su trivialidad.
(…)
Hablar de amor exige inventar un lenguaje.
(…)
El amor da más realidad.»

Santiago López Petit: Amar y Pensar: El odio del querer vivir, Bellaterra, Barcelona, 2005 65-71

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*En  1923 Man Ray tituló a esta obra Objeto para ser destruido; más tarde cambió el título por Objeto de destrucción; finalmente, en 1963, la tituló Objeto indestructible. No sólo el título de la obra cambió.


a tientas

Chirico-La-vuelta-de-Ulises-1968

Giorgio de Chirico: El retorno de Ulises (1968)

EL PENSAMIENTO

Es un error suponer que la verdad de una teoría es lo mismo que su fecundidad. Muchos, sin embargo, parecen pensar exactamente lo contrario. Creen que una teoría tiene tan poca necesidad de encontrar su aplicación en el pensamiento que, en general, es mejor que prescinda de ello. Toman toda afirmación en el sentido de una profesión de fe definitiva, de una orden o de un tabú. Quieren someterse a la idea como a un dios, o bien la atacan como a un ídolo. No tienen libertad frente a ella. Pero es esencial a la verdad el estar presente como sujeto activo. Uno puede oír proposiciones que en sí son verdaderas, pero sólo captará su verdad pensando y repensando en ellas.

Ese fetichismo se expresa hoy en forma extrema. Se es llamado a rendir cuentas del pensamiento como si éste fuese directamente la praxis*. No sólo la palabra que busca atacar al poder, sino también aquella otra que se mueve a tientas, experimentando, jugando con las posibilidades del error, resulta simplemente por eso intolerable. Pero ser incompleto y saberlo es también la señal del pensamiento, y justamente de ese pensamiento con el que vale la pena morir. La tesis según la cual la verdad es el todo** se revela como idéntica a su opuesta, según la cual la verdad sólo existe como parte. La excusa más miserable que los intelectuales han podido encontrar para los verdugos —y en el siglo pasado no han estado, al respecto, con las manos quietas— es la de que el pensamiento de la víctima, por el que ésta fue asesinada, había sido un error.

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* «directamente la praxis»/1944: «directamente la praxis. En Europa apenas existe ya una nación donde uno no sea fusilado por un lapsus linguae.»

** (Hegel, Phänomenologie des Geistes, cit., 24, trad. cast., Fenomenología del espíritu, cit., 16).

T. Adorno y M. Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid, 1998, p.290

gestos

Modigliani, Jeanne Hebuterne sitting (1918)

Artículo CXIII. De los gestos de los ojos y del rostro.

No hay pasión alguna que no sea revelada por algún gesto de los ojos (…). Pero, aunque estos gestos de los ojos se adviertan fácilmente y se sepa lo que significan, no por eso es fácil describirlos, porque cada uno se compone de vanos cambios que se producen en el movimiento y en la forma de los ojos, y son tan particulares y tan pequeños que no puede percibirse cada uno de ellos separadamente, aunque sea fácil de notar lo que resulta de su conjunto. Casi lo mismo puede decirse de los gestos del rostro que acompañan también a las pasiones; pues, aunque son más grandes que los de los ojos, es asimismo difícil distinguirlos, y son tan poco diferentes que hay hombres que ponen casi la misma cara cuando lloran que cuando ríen. Cierto es que algunos signos del rostro son bastante evidentes, como las arrugas de la frente en la cólera y ciertos movimientos de la nariz y de los labios en la indignación y en la burla; pero parecen ser más voluntarios que naturales. Y generalmente el alma puede cambiar todos los gestos, sean del rostro o de los ojos, cuando, queriendo ocultar su pasión, imagina intensamente una contraria; de suerte que lo mismo podemos servirnos de los gestos para disimular nuestras pasiones que para expresarlas.

R. Descartes, Tratado de las pasiones del alma (1649)

devenir (vi)

Fabrizio Bertuccioli, Paolo Pace, Bernadoni, Alvin Curran, Yvonne, Carla Cassola.  Photo, Figurelli (1971)Fabrizio Bertuccioli, Paolo Pace, Bernadoni, Alvin Curran, Yvonne, Carla Cassola.  (Fotografía: Figurelli, 1971)

1730: Devenir-Intenso, Devenir-Animal, Devenir Imperceptible

Pues bien, ¿de qué trata la música, cuál es su contenido indisociable de la expresión sonora? No es fácil decirlo, pero es algo así como: un niño muere, un niño juega, una mujer nace, una mujer muere, un pájaro llega, un pájaro se va. Lo que queremos decir es que esos no son temas accidentales de la música, incluso si se pueden multiplicar los ejemplos, y mucho menos ejercicios imitativos, sino algo esencial. ¿Por qué un niño, una mujer, un pájaro? Porque la expresión musical es inseparable de un devenir-mujer, de un devenir-niño, de un devenir-animal que constituyen su contenido. ¿Por qué el niño muere, o el pájaro cae, como atravesado por una flecha? A causa precisamente del “peligro” propio de toda línea que se escapa, de toda línea de fuga o de desterritorialización creadora: transformarse en destrucción, en abolición. Melisande, una mujer-niña, un secreto, muere dos veces (“ahora le toca a la pobre niña”). La música nunca es trágica, la música es alegría. Pero sucede necesariamente que nos dé ganas de morir, no tanto de felicidad como de morir felizmente, desaparecer. No porque despierte en nosotros un instinto de muerte, sino a causa de una dimensión específica de su agenciamiento sonoro, de su máquina sonora, el momento que hay que afrontar, en el que la tranversal se transforma en línea de abolición. Paz y exasperación. La música tiene sed de destrucción, todo tipo de destrucción, extinción, destrucción, dislocación. ¿No es ése su “fascismo” potencial? Pero cada vez que un músico escribe In memoriam, no se trata de un motivo de inspiración, ni de un recuerdo, sino, al contrario, de un devenir que no hace más que afrontar su propio peligro, sin perjuicio de caer para renacer: un devenir-niño, un devenir-mujer, un devenir animal, en tanto que son el contenido mismo de la música y van hasta la muerte”.

G. Deleuze y F. Guattari: Mil Mesetas, Pre-textos, Valencia, 2004, p.298

Alvin Curran

demasiada lógica

Maurice Maeterlinck

(29 de agosto de 1862 –  5 de mayo de 1949)

Sir John Lubbock se inclina a negar a la abeja todo discernimiento que sale de la rutina de sus trabajos habituales. Da como prueba de ello una experiencia que cada cual puede fácilmente repetir. Meted en una garrafa media docena de moscas, y media docena de abejas; colocad luego horizontalmente la garrafa con el fondo hacia la ventana de la habitación; las abejas se empeñarán, durante horas, hasta morir de fatiga o inanición, en buscar una salida a través del fondo del cristal, mientras que las moscas, en menos de dos minutos, habrán salido todas en el sentido opuesto por el cuello de la botella. Sir John Lubbock deduce de esto que la inteligencia de la abeja es en extremo limitada y que la mosca es mucho más hábil en salir del paso y encontrar el camino. Esta conclusión no parece irreprochable. Volved alternativamente hacia la luz, veinte veces seguidas si queréis, ora el fondo, ora el cuello de la esfera transparente, y veinte veces seguidas las abejas volverán al mismo tiempo para hacer frente a la luz. Lo que las pierde en la experiencia del sabio inglés es su amor a la luz y es su razón misma. Se imaginan, evidentemente, que en toda prisión el rescate está por la parte de la claridad más viva, obran en consecuencia y se obstinan en obrar con demasiada lógica. No han tenido nunca conocimiento de ese misterio sobrenatural que para ellas representa el vidrio, esa atmósfera súbitamente impenetrable que no existe en la Naturaleza, y el obstáculo y el misterio deben de serles tanto más inadmisibles, tanto más incomprensibles, cuanto más inteligentes son. Al paso que las moscas aturdidas, sin seso, sin tener cuenta de la lógica, del llamamiento de la luz, del enigma del cristal, revolotean al azar en el globo y, encontrando aquí la buena suerte de los simples, que a veces se  salvan donde perecen los más sabios, acaban necesariamente  por encontrar a su paso el buen cuello que las salva.

Maurice Maeterlinck, La vida de las abejas, Barcelona, Orbis, pp.66-67

Grete Stern, Botella al mar, 1950

condiciones

Edouard Boubat- graffiti1968
pintada en París, Édouard Boubat (1968)

*

Se dice equivocadamente (sobre todo en el marxismo) que una sociedad se define por sus contradicciones. Pero eso sólo es cierto a gran escala. Desde el punto de vista de la micropolítica, una sociedad se define por sus líneas de fuga, que son moleculares. Siempre fluye o huye algo, que escapa a las organizaciones binarias, al aparato de resonancia, a la máquina de sobrecodificación: todo lo que se incluye dentro de lo que se denomina “evolución de las costumbres”, los jóvenes, las mujeres, los locos, etc. Mayo del 68, en Francia, era molecular, y sus condiciones tanto más imperceptibles desde el punto de vista de la macropolítica. En esas circunstancias, se da el caso de que personas muy moderadas o muy viejas capten mejor el acontecimiento que los hombres políticos más avanzados, o que se creían tales desde el punto de vista de la organización. Como decía Gabriel Tarde, habría que saber qué campesinos, y en qué regiones del Mediodía, han empezado a negar el saludo a los propietarios de su entorno. A este respecto, un viejo propietario desfasado puede evaluar mejor las cosas que uno progresista. En Mayo del 68 ocurrió lo mismo: todos los que lo juzgaban en términos de macropolítica no comprendieron nada del acontecimiento, puesto que algo inasignable huía. Los hombres  políticos, los partidos, los sindicatos y muchos hombres de izquierda, cogieron una gran rabieta; repetían sin cesar que no se daban las “condiciones”. Daba la impresión de que se les había privado provisionalmente de toda la máquina dual que los convertía en los únicos interlocutores válidos. Extrañamente, de Gaulle e incluso Pompidou comprendieron mucho mejor que los otros.

G. Deleuze y F. Guattari: Mil Mesetas, Pre-textos Valencia, 2004, p.220-221

el ojo inocente

Mark Tansey: The innocent eye test (1981)

Un físico, un matemático y un filósofo contemplan una región para los tres desconocida desde su compartimento en un tren en marcha. Al otro lado de la ventana se ve una vaca negra pastando. “En este lugar, las vacas son negras”, dice el físico. “Vas demasiado lejos”, dice el matemático. “Lo más que puedes decir con los datos de que disponemos es que, en este lugar, al menos una vaca es negra”. “Tú también vas demasiado lejos”, dice el filósofo. “Lo más que puedes concluir es que, en este lugar, al menos una vaca es negra por un lado ”.

Manuel García-Carpintero: Las palabras, las ideas y las cosas, Barcelona, Ariel, 1996, p.74