descomposición

Günter Brus. Sin título, 1961

La pintura en el laberinto, 1963

Revestí las paredes de las dos habitaciones del sótano con Molino, un sucedáneo barato de lienzo, tensé unas cuerdas a lo largo y ancho de las habitaciones, y fijé en ellas unas bandas de papel de estraza que llegaban hasta el suelo y hasta las paredes que quería pintar. Mi intención era crear un laberinto que debería ayudar a evitar una idea de composición que se ha consolidado demasiado deprisa. Me imaginé trabajando en todas las paredes a la vez, como si todo a mi alrededor fuera un cuadro, haciendo realidad una ansiada “descomposición” mientras paseaba arriba y abajo por el laberinto.

Anna Jiménez Jorquera (coord.): Günter Brus. Quietud nerviosa en el horizonte,  Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA), Barcelona, 2005, p. 114.

acción

Günter Brus- Eigenblutverzicht, 1983_Günter Brus: Eigenblutverzicht, 1983

Günter Brus

(27 de septiembre, 1938, Ardning, Styria, Austria)

En pocas palabras: hace ya cierto tiempo que el arte no es motivo de escándalo público. O bien el pueblo se ha vuelto bien educado o bien los causantes del escándalo se han cansado. (2003)

En mi opinión, la pintura pura o el arte del dibujo que parten de criterios estrictamente formales está pasada de moda. No es que me oponga a que otros artistas sigan experimentando con ello, pero eso es lo que yo pienso. Si no pongo un texto al lado de mis dibujos considero que el trabajo en base a esos programas es superficial. (1993)

Quisiera abarcar todas las áreas que son susceptibles de ser reproducidas visualmente. Y eso comprende desde los cuentos de hadas hasta los intentos de acceder al ámbito de lo abstracto y verse a sí mismo como un marginado o como alguien que teme por su existencia.  (1987)

El arte surge en estado de delirio. Todo el resto es conservación de monumentos. Los coleccionistas son artistas sin hogar. Tienen que adaptarse donde van. (2003)

La verdad: la mayoría de las veces mi arte me daba asco. A menudo, cuando quería escribir un poema en una hoja impoluta, me daban arcadas, y ante más de un dibujo tuve que vomitar. Frente a cualquier cuadro poema me temblaba todo el cuerpo, y ante cualquier acción me tragaba una lata de filoxera prensada. Una y otra vez perseguía una especie de no-arte, y una y otra vez fracasaba como un chimpancé que pretende deshacerse de un plátano sin haberle quitado la piel. El asco de crear arte atrae naturalmente a los coleccionistas, y de vez en cuando también a los fotógrafos. (2002)

El arte es escupir bilis sobre el campo y cosechar opiniones de las víboras. (2003)

Mis cuadros-poema son los límites del lenguaje en el atolón de los signos. (2003)

Para mí, los cuadro-poema son la forma ideal porque el proceso de dibujo se ve constantemente interrumpido o contrastado por la escritura. Y puesto que siempre que escribo tengo algo que decir, el esfuerzo tiene un efecto de contrapeso. El dibujo y la escritura se complementan de maravilla. (2002)

Escribir sin faltas es como vomitar aire. (2003)

Poesía es cuando se priva a la palabra de la verdad que le ha sido atribuida. (2003)

En cierto sentido, hasta hoy no he abandonado el accionismo tal y como yo lo entendía. Hoy en día sigo trabajando en “sesiones”, que se parecen mucho al desarrollo de una acción. Lo que ha cambiado es el escenario en el que tiene lugar la función. (2003)

Günter Brus: citas recogidas en el  catálogo de la exposición Günter Brus. Quietud nerviosa en el horizonte que tuvo lugar en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) entre el 12 de octubre de 2005 y el 15 de enero de 2006. Anna Jiménez Jorquera (coord.), pp.208-264

Günter Brus- Blindes Blut,1983_Günter Brus: Blindes Blut,1983

Günter Brus- Warten auf eine detaillose Zeiteinheit, 1991_Günter Brus: Warten auf eine detaillose Zeiteinheit, 1991

procedimiento

acontecimiento

günter brus

Günter Brus

En su propio descubrimiento, Nietzsche entrevió como en un sueño el medio de hollar la tierra, de acariciarla, de bailar y de devolver a la superficie lo que quedaba de los monstruos del fondo y de las figuras del cielo. Pero es cierto que se impuso una exigencia más profunda, más grandiosa, más peligrosa: en su descubrimiento vio un nuevo medio de explorar el fondo, de mirar con un ojo distinto, de discernir mil voces en sí mismo, de hacer hablar a todas estas voces, con el riesgo de ser atrapado por ese fondo que interpretaba y poblaba como nadie antes que él lo había hecho. No soportaba permanecer sobre la frágil superficie, cuyo trazado sin embargo había realizado a través de los hombres y los dioses. Reconquistar un sin-fondo que él renovaba, que ahondaba, es así como Nietzsche a su modo pereció. O mejor, «casi-pereció»; porque la enfermedad o la muerte son el acontecimiento mismo, y como tal sometido a una doble causalidad: la de los cuerpos, estados de cosas y mezclas, y también la de la casi-causa que representa el estado de organización o desorganización de la superficie incorporal. Así pues, Nietzsche se volvió loco y murió de parálisis general, al parecer, mezcla corporal sifilítica. Pero, la andadura que seguía este acontecimiento, esta vez respecto de la casi-causa que inspiraba toda la obra y co-inspiraba la vida, todo esto no tiene nada que ver con la parálisis general, con las migrañas oculares y los vómitos que le aquejaban, excepto para darles una nueva causalidad, es decir, una verdad eterna independientemente de su efectuación corporal, un estilo en una obra en lugar de una mezcla en el cuerpo. No se puede plantear el problema de las relaciones entre la obra y la enfermedad sino bajo esta doble causalidad.

Gilles Deleuze: Lógica del sentido, Decimoquinta Serie. De las singularidades. (trad. Miguel Morey)

síntoma

síntoma

Günter Brus — Self-Painting, Self-Mutilation (1965)
Günter Brus:  Self-Painting, Self-Mutilation (1965)

Igualmente, el escritor como tal no está enfermo, sino que más bien es médico, médico de sí mismo y del mundo. El mundo es el conjunto de síntomas con los que la enfermedad se confunde con el hombre. La literatura se presenta entonces como una iniciativa de salud: no forzosamente el escritor cuenta con una salud de hierro (…),  pero goza de una irresistible salud pequeñita producto de lo que ha visto y oído de las cosas demasiado grandes para él, demasiado fuertes para él, irrespirables, cuya sucesión le agota, y que le otorgan no obstante unos devenires que una salud de hierro y dominante haría imposibles. [7] De lo que ha visto y oído, el escritor regresa con los ojos llorosos y los tímpanos perforados. ¿Qué salud  bastaría  para  liberar la vida allá donde esté encarcelada por y en el hombre, por y en los organismos y los géneros? Pues la salud pequeñita de Spinoza, hasta donde llegara, dando fe hasta el final de una  nueva visión a la cual se va abriendo al pasar.

[7] Sobre la literatura como problema  de salud, pero para aquellos que carecen de ella o que sólo cuentan  con una  salud  muy frágil, vid. Michaux, posfacio  a «Mis propiedades»,  en La nuit remue, Gallimard. Y Le Clézio, Haï, pág. 7: «Algún día, tal vez se sepa que no había arte, sino sólo medicina

Deleuze, G.: Crítica y clínica, Anagrama, Madrid, Barcelona, 1996, pp.14-15