esquemas

Helena Almeida. O Atelier, 1983

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Se ha de establecer este principio — vivimos sólo mediante ilusiones — nuestra conciencia roza la superficie. Son muchas las cosas que se ocultan ante nuestra mirada. Tampoco hay que temer que el hombre se conozca completamente a sí mimo, que atraviese con su mirada en todo momento todas las leyes de la palanca, de la mecánica, todas las fórmulas de la arquitectura, de la química, que son necesarias para su vida. Pero cabe la posibilidad de que se conozca todo por esquemas. Eso no cambia casi nada para nuestra vida. Todo esto se reduce además a fórmulas sobre fuerzas absolutamente incognoscibles.

Friedrich Nietzsche: Fragmentos Póstumos (1869-1874), Vol. 1, Tecnos, Madrid, Trad. de Luis E. de Santiago Guervós, 2007, p.336

espacio

Helena Almeida- O abraço (2007)Helena Almeida- O abraço (2007)

El atlas del Gran Kan contiene también los mapas de las tierras prometidas visitadas con el pensamiento pero todavía no descubiertas o fundadas; la nueva Atlántida, Utopía, la Ciudad del Sol, Océana, Tamoé, Armonía, New Lanark, Icaria.

Pregunta Kublai a Marco:

-Tú que exploras a tu alrededor y ves los signos, sabrás decirme hacia cuál de esos futuros nos impulsan los vientos propicios.

-Para llegar a esos puertos no sabría trazar la ruta en la carta ni fijar la fecha de arribo. A veces me basta un retazo que se abre justo en medio de un paisaje incongruente, unas luces que afloran en la niebla, el dialogo de dos transeúntes que se encuentran en pleno trajín, para pensar que a partir de ahí juntaré pedazo por pedazo la ciudad perfecta, hecha de fragmentos mezclados con el resto, de instantes separados por intervalos, de señales que uno envía y no sabe quién las recibe. Si te digo que la ciudad a la cual tiende mi viaje es discontinua en el espacio y en el tiempo, a veces rala, a veces densa, no creas que hay que dejar de buscarla. Quizá mientras nosotros hablamos está asomando, esparcida dentro de los confines de tu imperio; puedes rastrearla, pero de la manera que te he dicho.

El Gran Kan estaba hojeando ya en su atlas los mapas de las ciudades amenazadoras de las pesadillas y en las maldiciones: Enoch, Babilonia, Yahóo, Butúa, Brave New World.

Dice:

-Todo es inútil, si el ultimo fondeadero no puede ser sino la ciudad infernal, y donde, allí en el fondo, en una espiral cada vez más cerrada, nos absorbe la corriente.

Y Polo:

El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.

Italo Calvino: Las ciudades invisibles, Siruela, Madrid, Trad. Aurora Bernárdez, 2013, pp. 170-171

eternidad

Helena Almeida. “Desenho”, 1999Helena Almeida, Desenho (1999)

OCUPACIONES VERANIEGAS

Por fin dispongo de tiempo, hasta dispongo de todo el tiempo, puedo hacer lo que quiera de mis días, por ejemplo, tumbarme al sol y aguardar la llegada de las hormigas. No pueden tardar, y cuando lleguen aquí me encuentran, a mí que soy vacilación. O lo que quede de mí, buenas noches, unas sandalias, unas gafas, algunas sílabas casi de vidrio. Tengo que pensar en lo que diré a criaturas tan susceptibles; sería de mal gusto distraerlas de sus ocupaciones, les hablaré del trigo rojo de Hungría, a veces casi violeta, de los cardos de Epidauro rastreando en la tierra, en busca del corazón del agua. Pero cuando me volví para seguir el vuelo de un pájaro, me di cuenta de que el tiempo había cambiado, las hormigas no vendrían ya. En efecto, el sol se había nublado, la lluvia no tardaría, torrencial. ¿Y ahora, quién te ayudará a soportar la eternidad?

OCUPAÇÕES DE VERÃO

Finalmente disponho de tempo, disponho mesmo do tempo todo, posso fazer o que quiser dos meus dias, por exemplo, estender-me ao sol e aguardar a chegada das formigas. Não podem tardar, e quando chegarem já aqui me encontram, a mim, que sou vacilação, ou o que restar de mim, boa-noite, umas sandálias, uns óculos, algumas sílabas quase de vidro. Tenho de pensar no que direi a criaturas tão susceptíveis; seria de mau gosto distraí-las das suas ocupações, falar-lhes-ei do trigo vermelho da Hungria, às vezes quase violeta, dos cardos de Epidauro rastejando na terra, à procura do coração da água. Mas quando me voltei para seguir o voo de um pássaro, apercebi-me que o tempo mudara, as formigas já não viriam. Com efeito o sol escurecera, a chuva não tardaria, torrencial. Quem me ajudará agora a rilhar a eternidade?

Eugénio de Andrade:  de Memoria de otro río (1978), en en Antología de la poesía portuguesa contemporánea, Tomo II, Madrid, Júcar, (trad. Ángel Crespo), 1982, pp. 56-57