la tregua

Bianca de Vilar - Journeys_iii_7Bianca de Vilar. Journeys_iii_7

«Noto una dificultad de ser.» {De yacer, de doler.} Eso es lo que contesta el señor Fontenelle, ya centenario {ya astronauta}, cuando está a punto de morir {de entrar en órbita} y le pregunta su médico {el mayordomo}: «¿Qué nota, señor Fontenelle?». {Acercándole la aceituna.} Solo que la suya es de  última hora {la última antes de cerrarse la compuerta}. La mía es de toda la vida {la de toda la tregua}.

{Anotación sobre} Jean Cocteau. La dificultad de ser, Siruela, Trad. María Teresa Gallego Urrutia, 2006, p.114

la mina

Martha Holmes - Jackson Pollock Dribbling Sand on Painting While Working in his StudioMartha Holmes: Jackson Pollock en su estudio (1949)

No hay ni magia ni ojo del amo. Solo mucho amor y mucho trabajo. Llegados a este punto del alma, tropiezan, pues están acostumbrados, por una parte, al metrónomo de Voltaire y por otra a la varita de avellano de Rousseau. Quizá en ese oscuro equilibrio consiste la conquista de la mente moderna y sería necesario que los críticos explorasen la zona, visitaran la mina y admitieran lo que hay en ella de desconocido.

Jean Cocteau: La dificultad de ser, Siruela, Madrid, Trad. de María Teresa Gallego Urrutia, 2006, p.146

 

invisible

René Magritte - La Folie Almayer (Lien de Paille, 1968)René Magritte: La folie Almayer, de Lien de Paille (1968)

Nuestra época está muy enferma. Ha inventado «la evasión». Los horrores que padecen las víctimas de la frivolidad de una guerra le proporcionan, desde luego, unos cuantos derivativos. Los usa para drogarse, recurriendo a los periódicos; e incluso la bomba atómica le aporta un lirismo a lo Julio Verne, hasta que llega el momento en que un bromista le toma el pelo por la vía de las ondas. Orson Welles anuncia que han llegado los marcianos. Una radio francesa, que ha llegado un bólido. En el acto esos intrépidos guerreros nuestros no piensan sino en evadirse, pero no con la mente sino con las piernas. Se las rompen. Huyen. Se desvanecen. Abortan. Piden socorro. Tanto es así que el gobierno se inmuta y prohíbe la emisión imaginaria. Se supone que la poesía ha de calmarlos y conducirlos lejos de la espantosa realidad. Eso es lo que piensan y a lo que sacan partido muchísimas revistas cuyo mínimo reclamo entreabre las puertas del sueño.

El poeta estaba solo en medio de un mundo industrial. Ahora está solo en medio de un mundo poético. Merced a ese mundo al que el teatro, el cinematógrafo y los comercios de lujo equipan tan generosamente tanto para la evasión cuanto para los deportes de invierno, el poeta recupera al fin su condición de invisible.

Jean Cocteau: La dificultad de ser, Siruela, Madrid, Trad. de María Teresa Gallego Urrutia, 2006 pp. 86-87

*

Nota: En 2011 Chantal Akermann adaptó libremente la primera novela de Joseph Conrad, La folie Almayer.

privilegio

Marina Abramović- Carrying the Skeleton 2008Marina Abramović: Carrying the Skeleton (2008)

Si plantamos semillas, lo que crece es otra generación de la planta. Si se esqueja, la misma planta se prolonga hasta el infinito. (Vuelve a empezar, joven.) ¿Por qué no descubrirán un elemento comparable a la tierra que permita perpetuar al hombre, ya que el individuo entero, la mirada, la voz, la forma de andar, está en la mínima de sus células y, si plantasen un recorte de uñas suyo, volvería a nacer y a empezar desde el principio? Pues porque todo hay que pagarlo. Las plantas pagan ese privilegio de no morir con el suplicio del escaso lugar que ocupan, con el estatismo, la anquilosis, la privación de una libertad (relativa) para moverse, cosas que el hombre tiene y paga muy caras, con el conocimiento del poco espacio por recorrer y con la muerte.
En algunas especies, el árbol se acoda él solo, deja colgar una rama hasta el suelo y, de esa rama, nace, con otra edad, pero exactamente igual. Esas especies eluden, pues, la intervención del hombre. Si pudieran, se reirían. Pues la risa es el gran privilegio que poseemos.
El conocimiento del hombre se alivia con la risa.

Jean Cocteau: De la risa, en La dificultad de ser, Siruela, Madrid, Trad. de María Teresa Gallego Urrutia, 2006, p.110

la distancia

Philippe Halsman- French poet, artist and filmmaker Jean Cocteau with American actress Ricki Soma and American dancer Leo Coleman. (New York City), 1949Philippe Halsman: Jean Cocteau con la actriz Ricki Soma y el bailarín Leo Coleman (New York, 1949)

El estilo, esa comodidad para instalarse e instalar el mundo, ¿será el hombre? ¿Esa sospechosa adquisición por la cual se elogia al escritor que se regocija? Su supuesto don se adherirá a él, endureciéndolo sordamente. Estilo: (mal) signo de la distancia no modificada (pero que hubiera podido, hubiera debido cambiar), la distancia en la que erróneamente permanece y se queda frente a su ser, a las cosas y a las personas. ¡Bloqueado! Se había precipitado en su estilo (o lo había buscado laboriosamente). Por un falso camino, abandonó su totalidad, su posibilidad de cambio, de mutación. Nada de qué enorgullecerse. Estilo que se volverá falta de coraje, falta de apertura, de reapertura: en suma, una invalidez.

Trata de salir de allí. Vé lo suficientemente lejos en ti para que tu estilo ya no pueda seguir.

*

Le style, cette commodité à se camper et à camper le monde, serait l’homme ? Cette suspecte acquisition dont, à l’écrivain qui se réjouit, on fait compliment? Son prétendu don va coller à lui, le sclérosant sourdement. Style : signe (mauvais) de la distance inchangée (mais qui eût pu, eût dû changer), la distance où à tort il demeure et se maintient vis-à-vis de son être et des choses et des personnes. Bloqué! Il s’était précipité dans son style (ou l’avait cherché laborieusement). Pour une vie d’emprunt, il a lâché sa totalité, sa possibilité de changement, de mutation. Pas de quoi être fier. Style qui deviendra manque de courage, manque d’ouverture, de réouverture : en somme une infirmité.

Tâche d’en sortir. Va suffisamment loin en toi pour que ton style ne puisse plus suivre.

Henri Michaux: de Postes angulares (1981), en Antología Poética 1927-1986, edición bilingüe, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, trad. de Silvio Mattoni, 2002, pp. 231-232

el contacto

Philippe Halsman- Jean Cocteau's Painting Comes to Life,  with model Leo Coleman (1949)Philippe Halsman: Jean Cocteau’s Painting Comes to Life,  with model Leo Coleman (1949)

Derivaba incesantemente. Un nadador, arrastrado por una poderosa corriente transversal, a veces, a pesar de su braza regular, se ve igualmente arrastrado lejos de la orilla que desea alcanzar. Y yo, no sólo me alejaba de la orilla, sino que la perdía de vista, y divisaba otra de la cual también algo desconocido, y de modo similar, me alejaba, hasta que -rápidamente- me la hacía perder de vista, y otra nueva aparecía, y yo deseaba dirigirme a ella, aunque mis propios movimientos me iban alejando, hasta perderla de vista y aparecer una cuarta, de la que me alejaba cuando pretendía aproximarme a ella, y eran cuatro, cinco orillas, o diez, doce orillas, ya no sé cuántas eran las orillas de las que me veía sucesivamente apartado.

Pero mi frase, que era mi modo de nadar, persistía, y estaba oscuramente convencido de que, si mantenía el contacto, por defectuoso que fuese, con lo que me pasaba por la cabeza y muy poco por la escritura, antes o después daría con el recuerdo del que me hallaba inexplicablemente cercenado.

Henri Michaux: Las grandes pruebas del espíritu y las innumerables pequeñas, Tusquets, Barcelona, trad. Francecs Parcerisas, 2000, pp. 42-43

nota continua

Mendieta- Bird Transformation, 1972

Ana Mendieta- Bird Transformation (1972)

Que nadie se imagine que la preocupación que me gobierna es de orden estético. Sólo tiene que ver con la línea.

¿Qué es la línea? Es la vida. Una línea debe vivir en cada punto de su recorrido de forma tal que la presencia del artista se imponga más que la del modelo. La muchedumbre opina según la línea del modelo sin entender que puede desaparecer en provecho de la del pintor con tal de que su línea viva con vida propia. Por línea entiendo la permanencia de la personalidad. Pues la línea existe igual en Renoir, en Seurat, en Bonnard, en Matisse o en Picasso.

En el escritor, la línea prima sobre el fondo y la forma. Atraviesa las palabras que reúne. Emite una nota continua que no perciben ni el oído ni la vista. Es, como quien dice, un estilo del alma, y si esa línea deja de vivir en sí, si se limita a trazar un arabesco, el alma está ausente y el escrito está muerto.

(…)

Proteger la línea se convierte en nuestra terapéutica en cuanto notamos que se debilita o cuando se abre, como un pelo en mal estado. La reconocemos incluso si carece de significado. Si nuestros pintores dibujasen una cruz en una hoja, yo podría decir perfectamente quién la ha hecho. Y si abro a medias un libro, la veo antes de haberlo abierto del todo.

(…)

Se me dirá que un hombre no enseña el esqueleto, que sería el mayor atentado al pudor. Pero esa línea no es un esqueleto. Tiene que ver con la mirada, con el metal de voz, con el ademán y la forma de andar, de un conjunto que constituye la personalidad física.

(…)

Grosso modo, cruza por mis obras una línea de combate. Si a veces me quedo con las armas del adversario es porque me adueñé de ellas en la batalla. Son los resultados lo que cuentan. Que las hubiera usado mejor.

Jean Cocteau: De la línea, en La dificultad de ser, Siruela, Madrid, 2006,  135-138

 

receta

Helena-Almeida-Untitled

Helena-Almeida-Untitled2

Helena Almeida, Untitled (2010)

El sufrimiento me hizo pisar el freno. Por mucho que me empeñaba en vencerlo por el cansancio y por el revoloteo, llega un día en el que nos ordena que nos callemos y nos quedemos quietos. En el hospital aún no había abierto los ojos a eso. Los poemas acerca de la nieve, este libro en el que me cuento a mí mismo, estos papeles cubiertos de letras, este cuarto estudioso en vez de ese vacío al que tenía que forzarme (la medicina nos recomienda: no piense usted en nada), parecen algo así como una recompensa escolar del silencio. Así es como los interpreto. Es la única forma de «no pensar en nada» que me viene bien. Me espanta, ante esta bruma y estos Alpes, haber corrido el riesgo de escoger otra. La que recetan los médicos.

Jean Cocteau: La dificultad de ser, Siruela, Madrid, 2006, p.78

Je te veux

andamiaje

Brassai

Autorretrato, Brassai

Además del significado que tengan las palabras, éstas gozan de una virtud mágica, de un poder de encantamiento, de una capacidad de hipnosis, de un fluido que opera más allá del sentido que tengan. Pero sólo opera cuando las agrupamos y deja de operar si el grupo que forman no es sino verbal. El acto de escribir está pues sometido a varios apremios: intrigar, expresar, hechizar. Hechizo que nadie nos enseña puesto que es el nuestro, y es importante que la cadena de palabras se nos aparezca para poder actuar. En resumidas cuentas, nos sustituyen y tienen que suplir la ausencia de nuestras miradas, de nuestros ademanes, de nuestra forma de andar. No pueden, pues, actuar sino en las personas permeables a estas cosas. En el caso de las demás, son letra muerta, y letra muerta seguirán siendo para ellos, alejadas de nosotros y tras nuestra muerte.

El poder mágico de esas palabras agrupadas y todas juntas hace que pueda conversar con un escritor de cualquier época. Pues me ponen en presencia suya. Lo interrogo. El andamiaje interno de esas palabras me permite oír lo que me habría contestado. A menos que dé con la respuesta ya escrita, cosa que a veces me ha sucedido.

Mi libro no tiene más proyecto que entablar conversación con quienes lo lean. Es lo contrario de una clase. Intuyo que poco enseñaría a quien me trate. Sólo aspira a coincidir con desconocidos a quienes les hubiera gustado conocerme y charlar conmigo acerca de los enigmas por los que no se interesa Europa y se convertirán en el susurro de unos pocos mandarines chinos.

Jean Cocteau: La dificultad de ser, Siruela, Madrid, 2006, p.119

palabras

 

La tarea

Jean Marais- Orphee

Jean Marais en Orphée (Jean Cocteau, 1950)

Jean Cocteau

(Maisons-Laffitte, 5 de julio de 1889 – Milly-la-Forêt, 11 de octubre de 1963)

No sé ni leer ni escribir. Y cuando me lo pregunta la hoja del censo, me dan ganas de contestar que no.

¿Quién sabe escribir? Es luchar con la tinta para intentar que nos oigan y nos entiendan.

O cuidamos demasiado la tarea o no la cuidamos lo suficiente. Pocas veces damos con el intermedio que cojee con gracia. Leer es harina de otro costal. Leo. Creo que leo. Cada vez que vuelvo a leer, caigo en la cuenta de que no había leído. Es lo malo de una carta. Encontramos lo que buscábamos. Y con ello nos contentamos. La guardamos. Si la volvemos a encontrar, leemos otra carta que no habíamos leído antes.

(…)

Todos estamos enfermos y sólo sabemos leer los libros que tratan de nuestra enfermedad. Por eso tienen tanto éxito los libros que hablan de amor. Pensamos: «Este libro se escribió para mí. ¿Qué pueden entender de él los demás?». «Qué hermoso es este libro», dice la persona a la que amamos y creemos que nos ama, a quien nos apresuramos a dárselo para que lo lea. Pero lo dice porque ama a otro.

Habría que preguntarse si el papel de los libros, que hablan todos para convencer, no sería escuchar y asentir. En Balzac, el lector encuentra el alimento que precisa: «Éste es mi tío, se dice, es mi tía, es mi abuelo, es la señora X…, es la ciudad en donde nací». En Dostoievski, ¿qué se dice?: «Éstas son mi fiebre y mi violencia, de las que nada sospechan quienes me rodean».

Y el lector cree leer. Toma el cristal sin azogue por espejo fiel. Reconoce la escena que transcurre del otro lado. ¡Cuánto se parece a lo que él piensa! ¡Qué bien refleja esa imagen! Cómo colaboran los dos juntos. Qué bien reflexionan.

Jean CocteauLa dificultad de ser, Madrid, Siruela, 2006, pp. 57-58