el sonido de las palabras

Max Ernst: The Entire City (hacia 1935)

LA HOGUERA

A veces había una hoguera y yo me adentraba en ella
y salía ileso de ella y seguía mi camino,
y para mí era otra cosa más que había hecho.
Lo de apagar la hoguera se lo dejaba a los otros,
que se apresuraban hacia el tempestuoso humo con escobas
y mantas para sofocar las llamas. Cuando habían terminado,
se apiñaban para hablar de lo que habían visto:
la suerte que habían tenido al ver el fulgor del calor,
el sonido de las cenizas como un siseo o, mejor aún, al haber conocido la fragancia
del papel quemado, el sonido de las palabras que exhalaban el último suspiro.

*

FIRE

Sometimes there would be a fire and I would walk into it
and come out unharmed and continue on my way,
and for me it was just another thing to have done.
As for putting out the fire, I left that to others
who would rush into the billowing smoke with brooms
and blankets to smother the flames. When they were through
they would huddle together to talk of what they had seen—
how lucky they were to have witnessed the lusters of heat,
the hushing effect of ashes, but even more to have know the
fragrance
of burning paper, the sound of words breathing their last.

Mark Strand: Hombre y camello. Poemas, Visor, Madrid, 2010, Trad. de Dámaso López García, pp. 36-37

al mar

Tormenta

La última noche de nuestro arresto domiciliario
rugía el viento destrozándolo todo por las calles,
rompiendo las persianas, dispersando las tejas,
dejando tras sí un río de basura. Cuando el sol
se alzó sobre la cancela de mármol, vi que los guardias,
perezosos bajo el sol de la mañana, dejaban sus puestos
y caminaban trastabillando hacia las arboledas de las afueras.
«Cariño  —dije—, vayámonos, se han ido los guardias,
este lugar está destrozado». Pero era olvidadiza.
«Vete tú», dijo y se subió el embozo hasta cubrirse
los ojos. Corrí escaleras abajo y llamé
a mi caballo. «Al mar», susurré y nos fuimos
aprisa, qué rápido íbamos, mi caballo y yo,
cabalgando sobre los verdes campos, como si fuéramos a ser libres.

Mark Strand, Hombre y camello: Poemas, Visor, Madrid, 2006, p.45

*

Storm

In the last night of our house arrest
a howling wind tore through the streets,
ripping down shutters, scattering roof tiles,
leaving behind a river of refuse. When the sun
rose over the marble gate, I could see the guards,
sluggish in the morning heat, desert their posts
and stagger toward the woods just out of town.
“Darling,” I said, “let’s go, the guards have left,
the place is a ruin.” But she was oblivious.
“You go,” she said, and she pulled up the sheet
to cover her eyes. I ran downstairs and called
for my horse. “To the sea,” I whispered, and off
we went and how quick we were, my horse and I,
riding over the fresh green fields, as if to our freedom.
*
.

otro mar:

Les quatre cents coups (1959)

fotograma de Les quatre cents coups (1959) dirigida por François Truffaut

Mark Strand

Keeping Things Whole

In a field
I am the absence
of field.
This is
always the case.
Wherever I am
I am what is missing.

When I walk
I part the air
and always
the air moves in
to fill the spaces
where my body’s been.

We all have reasons
for moving.
I move
to keep things whole.