hacia otra estrella

Burt Glinn: Helen Frankenthaler working in her West End Avenue studio, New York (1956)

EL TIEMPO ESTÁ PARADO

El tiempo está parado
somos nosotros los que transcurrimos.
Y si vamos lanzados en el tren nos parece
que casa y tierra y hatos que allí pastan
se escapan de nosotros como espectro.
Alguien saluda y luego, como en sueños, se esfuma,
con casa y tierra, con farola y árbol.

También así el paisaje de la vida se mueve,
dejándonos atrás, hacia otra estrella
y en su mismo acercarse se nos está alejando.
En vano pretendemos detenerlo,
bien sabemos que todo es sólo un espejismo.

El paisaje se queda, en tanto nuestro tren
deja atrás esas millas que ha medido.

El tiempo está parado.
Somos nosotros los que huimos.

Mascha Kaléko: Tres maneras de estar sola, Renacimiento, Salamanca, Trad. de Inmaculada Moreno, 2012, p. 59

descanso

Louise Bourgeois: Le Lit, Gros Édredon, Bleu (1997)

SIN TÍTULO…

Ven, déjame cerrar en silencio la puerta.
Fue duro el día. Es mejor que quede fuera.
Deja sólo que caiga la lluvia mansamente,
somos dos, ¿qué podría sucedernos?

Deja que otros deliren por fulgores de estrellas,
yo ya celebro cómo cae la luz de la lámpara.
¿Crees pues, finalmente, que la distancia nunca
mantiene sus promesas?

¿Te dolió? ¿es que nos ha cambiado el otoño?
Sí, nuestros sueños se mustian con el tiempo,
y con la realidad se va una conformando
si es que por los años transita honestamente.

…¡Qué calma! Si callamos sólo se oye el reloj.
Ante nuestra ventana susurra el único árbol.
Y, si alguien en el patio escucha atentamente,
suena a lo lejos como si tocaran a Chopin.

¡Qué tontería, no! Sólo se me ha ocurrido.
(¡Nada de, como dices, «caer» en lo romántico!)
Seguro que será la orquesta cursi
del Gran Hotel Atlántico aquí al lado.

Ah, no acudiste con pasos nerviosos
de un lado a otro. Y me dejaste sola.
Si las dos que hay en mí ya no se pelearan,
me callaría ahora, me acercaría a ti.

Deja que salga por el albañal la noche.
Un niño nos diría: «¡No lo hagas más!».
Estoy tan harta de esta vida pequeña
y no tengo descanso ni para descansar…

Mascha Kaléko: Tres maneras de estar sola, Renacimiento, Salamanca, Trad. de Inmaculada Moreno, 2012, pp. 103-105