indicios

Three Seascapes c.1827 Joseph Mallord William Turner 1775-1851 Accepted by the nation as part of the Turner Bequest 1856 http://www.tate.org.uk/art/work/N05491

Joseph Mallord William Turner: Three Seascapes (hacia 1827)

No defiendo ninguno de mis indicios terrestres, es decir: en la expresión «indicios terrestres», desisto de «terrestres» (la materialidad), pero de «indicios» (el sentido) — no.

No defiendo ninguno de mis indicios terrestres en particular, como tampoco ninguno de mis versos ni mis horas sueltas, — lo importante es el conjunto.
No defiendo siquiera el conjunto de mis indicios terrestres, defiendo solo su derecho a la existencia, y la veracidad — de la mía.

Marina Tsvietáieva: Diarios de la Revolución de 1917, Acantilado, Barcelona, Trad. de Selma Ancina, 2015, p. 180

crisálida

Henry Peach Robinson- Fading away (Los últimos instantes) (1858) Henry Peach Robinson: Fading away (fotografía conocida como Los últimos instantes) 1858

LAS «OBRAS» SON PIEDRA INERTE…

Las «obras» son piedra inerte que escapó del ruidoso cincel,
Cuando, cincelando en el Yo viviente, el maestro las creara.
Las «Obras» anuncian el espíritu, como las crisálidas anuncian la mariposa:
«Mirad, me dejó atrás, sin vida, y echó a volar.»
Las «obras» se parecen a la caña, la susurrante caña de Midas*,
Revelan por doquier secretos, cuando hace ya tiempo que no son verdad.

“WERKE” SIND TOTES GESTEIN

“Werke” sind totes Gestein, dem tönenden Meißel entsprungen,
Wenn am lebendigen Ich meißelnd der Meister erschuf.
“Werke« verkünden den Geist, wie Puppen den Falter verkünden:
“Sehet, er ließ mich zurück, leblos, und flatterte fort.”
“Werke”, sie gleichen dem Schilf, dem flüsternden Schilfe des Midas,
Streuen Geheimnisse aus, wenn sie schon längst nicht mehr wahr.

(1892)

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*Alude al añadido que Ovidio (Met. 11) hace a la fábula del rey Midas, que transformaba todo lo que tocaba en oro; habiéndole tocado a Midas ser juez entre Apolo y Pan, falló a favor de este último, su amigo, y Apolo se vengó de Midas dándole orejas de asno. Éste lo sobrellevó como pudo, pero cansado de guardar el secreto, se fue un día a un lugar solitario, hizo un hueco en la tierra y pronunció en voz baja dentro del mismo que su rey tenía orejas de asno. Algún tiempo después nacieron en el lugar unas cañas que al cabo se secaron y, agitadas por el viento, enseñaron a todo el mundo que Midas tenía orejas de asno. (N. del t.)

 

Hugo von Hofmannsthal: Poesía lírica, seguida de Carta de Lord Chandos, Igitur, Montblanc, 2002, Trad. Olivier Giménez López, pp. 202-203

decir algo

Caspar David Friedrich: Landschaft mit Regenbogen.Caspar David Friedrich: Gebirgslandschaft mit Regenbogen (Arco iris en un paisaje de montañas), 1809-1810

Carpe diem

 

Algo precipita un color dividido,

y mientras la angustia como máscara hace luz,
grave y ligero a la vez
el sentido reverbera.

a Ella la veo más allá de la infancia.
Más allá del miedo.

Y a vos en esos cuadros,
en esas postales,
en esos “quiero-decirte-algo”.

El día infunde desdén
el mascarón de la presencia sin tiempo.
Pero instantes ahora son miles y miles
bellísimos como estambres;
no sé cuántas veces cada uno puntual en una cima
de secreto,

pero aislado
y en esa diáfana razón.

Vive el día. ¡Atrápalo!
Mínimamente consciente
al soñado como venidero.

Carpe diem

 

¿cómo decir “vive el día…”? ¿Cómo:
“piensa vagamente en el venidero”?

¿Cómo tu obligación parece tu destino
en un frágil país que zozobra?
Tu obligación en un horizonte
de ruinas humanas,

burla del amor y el sentimiento.

Tu obligación es entrar en el dolor
con los ojos abiertos.

Arturo Carrera: Noche y día, Losada, Buenos Aires, 2005, p.110 y 118

condición

Avedon_ Hermione Gingold and Cecil Beaton, 1956Richard Avedon: Hermione Gingold y Cecil Beaton (1956)

Una vez, cuando era muy pequeño, había conseguido una moneda de diez centavos y tenía muchos deseos de dársela a una vieja mendiga que solía apostarse entre las dos plazas. Ahora bien, me parecía una cantidad inmensa de dinero, una suma que probablemente ningún mendigo había recibido jamás, y por tanto me avergonzaba hacer algo tan extravagante ante la mendiga. Pero de todos modos tenía que darle el dinero; cambié la moneda, le di un centavo a la vieja, luego di la vuelta entera a la manzana de la Municipalidad y de la arcada, volví a aparecer como un nuevo benefactor por la izquierda, volví a darle un centavo a la mendiga, me eché nuevamente a correr y repetí dichoso diez veces la maniobra. (O tal vez menos, porque creo que en cierto momento la mendiga perdió la paciencia y desapareció.) De todos modos, al final me sentía tan agotado, también moralmente, que me fui corriendo a mi casa y lloré hasta que mi madre me repuso los diez centavos.
Ya ves, tengo mala suerte con los mendigos, no obstante me declaro capaz de entregar toda mi fortuna presente y futura, cambiada en los billetes de menos valor, a una mendiga junto a la Ópera, siempre bajo la condición de que tú estés a mi lado y que yo pueda sentir tu proximidad.

Franz Kafka

Citado en Arturo Carrera: Potlatch, Amargord, Madrid, 2010, p.13