arquitectura

Helen Levitt- NY, 1940Helen Levitt: NY (1940)

LOS ELEMENTOS QUE COMPONEN un poema -las imágenes, los pensamientos, las metáforas, las comparaciones, los pasajes neutros- todo eso debe ensamblarse y estructurarse de tal manera que el poema, como unidad con existencia propia, no pierda entidad ni autonomía. Entonces, cuando los poemas empiecen a cobrar mayor dimensión, cuando tengamos que enfrentarnos a una composicion mayor, va poco a poco abriéndose paso, en mi opinión, el factor de la forma. Dicho de otra manera, un poema que ocupa un libro entero no puede ser simplemente un texto largo. Debe tener una cierta arquitectura. Doy énfasis a esto para ampliar la noción de la forma poética tal como la entendíamos hasta el presente.

La noción de la forma, tal como nos ha sido entregada por la tradición occidental, no ha variado. Existía el soneto, existía la balada, y cualquiera que fuese el sujeto del poema, ya fuera la naturaleza, ya fuera el amor, debía caber en el mismo molde. Eso es exactamente lo que nosotros hemos negado y abolido. Y ello muchos no lo comprenden, cuando, de algún modo, me reprochan haber vuelto hacia una especie de culto a la forma. No es culto a la forma, es arquitectura. Igual que en una casa grande, la puerta o la entrada principal deben estar en el medio y las ventanas repartidas a la derecha y a la izquierda, así debe ser también una composición como To Áxion Estí o María Nefeli, que tienen la extensión de un libro entero. Así adquieren sus fundamentos y su solidez.

Dicho esto, cada poema engendra su propia forma en función de su contenido. No existe límite alguno, como en la antigua noción de forma que permite encerrar el poema dentro de un determinado esquema, dentro de una determinada botella. Cada poema, en función de su naturaleza, te inspira una forma, a la cual habrás de someterte. Esto que podrá parecer una gran dificultad para el poeta, en el fondo, no lo es. Valéry sostenía que la rima ayuda al poeta puesto que, gracias a ella, no avanza en el vacío, sabiendo que debe terminar con la misma rima, y, en consecuencia, le inspira el contenido del verso siguiente. Lo mismo sucede también aquí: el hecho de que debas plegarte a una cierta forma arquitectónica, te obliga a utilizar ciertos modos de expresión y ciertos tipos de versificación.

Naturalmente, todos estos son detalles que conciernen al poeta; el lector no debe percibirlos, y es un fallo del poeta si son tan evidentes que el lector los distingue de inmediato. El lector debe estar completamente absorbido por el sentido. Hay que tener en cuenta el hecho de que la arquitectura es necesaria sencillamente para dar solidez a la obra.

Odysseas Elytis: Autorretrato en lenguaje oral, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz, Trad. de Nina Anghelidis, 2005, pp. 101-105

decir no

Joan Miró- Femme, Echelle de L'Evasion, 1977Joan Miró: Femme, Echelle de L’Evasion (1977)

Que quizás nuestra vida era el sueño de la vida real que se continuaba cada noche de sueño en sueño. Y, si no podíamos concebirla y descodificarla, tendría la culpa nuestra propia lógica, nuestra educación adaptada a una mala tradición que dejaba atrás la parte más noble de nosotros mismos. Nuestra empresa era rebelarnos, decir no, y extender nuestras manos sobre todos los Misterios. Qué hermoso. Mi cama se hacía más ligera y Karyotakis muy lejano, pequeñísimo, como si lo viese por la parte opuesta de unos anteojos.

Un asentamiento en toda la superficie del mundo, desde antiguas costumbres y prejuicios, nos privaba de la alegría de entrar en contacto con las cosas y de relacionarlas libremente, como pedían nuestros deseos más ocultos aunque no se atrevieran a confesarlo. Seguramente debería existir cualquier otro camino, paralelo al camino de la lógica, que si se emprendía con ánimo podía conducir muy lejos, a terrenos insospechados, en donde todo sería posible y realizable. Quién sabe. Puede que sonriamos con lo que veíamos hasta ahora como inescrutable y nos llenaba de angustia. Y puede que la muerte adquiriese entonces su otro sentido, el verdadero. La anulación colectiva de las particularidades que habíamos aprendido a dar a las cosas, nos otorgaría el derecho de sentar a la realidad en un taburete. El Amor, la Poesía, el Amor y la Poesía inseparablemente, debían darnos el ejemplo. Sobrepasar las barreras que levantan la fatuidad, la lengua, la sintaxis, las cadenas de una mediocre y estúpida sociedad. Dentro y más allá del orden lógico, sobre e independientemente del tiempo, en una duración interminable, pasaba una voz secreta. He aquí la misión del poeta: hacer sensible, aunque sea por un momento, la presencia de la poesía. En los siglos pasados, los espíritus más agudos, desde Heráclito hasta Sade y hasta Rimbaud, sin saberlo, lo habían conseguido. En momentos de perfecto desarme de toda preocupación estética y de absoluta sumisión a los Misterios, se había concebido la voz Surrealista. Y esa voz existirá siempre y sonará para todos.

Odysseas Elytis: Crónica de una década, Fundación Cultura y Progreso, Córdoba, Trad. de Jose Antonio Moreno Jurado, 1989, pp.49-50

técnica

George Braque- L'oiseau et son nid (L'oiseau retournant à son nid) 1955George Braque: L’oiseau et son nid (L’oiseau retournant à son nid), 1955.

MI INTERÉS POR LA PINTURA ha nacido mucho antes, y fue siempre muy vivo. Me halaga pensar que si yo no fuese poeta, podría haber sido quizá un buen pintor. Quiero decir que la posibilidad de dar forma concreta a lo que yo me imaginaba me hubiese dado grandes satisfacciones. Pero no pude realizar esa ambición, ni siquiera como aficionado. Sencillamente porque desconocía la técnica -nunca la había aprendido. Y así, para satisfacerla como fuera, para dar entidad a mis anhelos, dirigí mi atención al denominado collage.

Max Ernst había inventado el collage, en el seno del movimiento surrealista, asociando diversas imágenes tomadas de antiguas cincografías para crear nuevas combinaciones trascendentales.

Yo realicé, empero, algunas sustituciones, porque la mayoría de sus imitadores trabajaba como él con antiguas cincografías. Utilicé la fotografía de hoy día con cuanta temáticamente griega encontré: con mares, con muchachas, con iconos… y de ese modo he creado unas cuantas composiciones que las llamé conimágenes.

Muchos creen que es fácil, pero no es así, puesto que las mismas reglas que rigen la composición en la pintura son igualmente válidas para los collages. Además uno debe de estar atento a la forma en que se logrará la unidad del conjunto, para que no sea visible que se trata de pedazos ensamblados. Si, por ejemplo, un elemento recibe la luz desde un ángulo, debe ser lo mismo para los demás elementos, y así sucesivamente.

Odysseas Elytis: Autorretrato en lenguaje oral, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz, Trad. de Nina Anghelidis, 2005, 88-91