soliloquio

Remedios Varo- Rompiendo el Círculo Vicioso, 1962Remedios Varo: Rompiendo el Círculo Vicioso (1962)

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Un motivo por el que Cervantes necesita que a don Quijote le acompañe un Sancho Panza en sus viajes es que el caballero debe tener a alguien con quien hablar. Cuando don Quijote envía a Sancho a buscar a Dulcinea y se queda solo durante el primer periodo largo de la novela, «no piensa», tal como ahora entenderíamos el término. Habla en voz alta, monologa.

La novela empieza en el teatro, y la caracterización novelística empieza cuando el soliloquio va hacia el interior. El soliloquio, a su vez, tiene su origen en la plegaria, como podemos ver por la tragedia griega o por el canto V de la Odisea, o por los Salmos, o por los cantos de David al Señor en Samuel 1 y 2. Los héroes y heroínas de Shakespeare todavía usan el soliloquio para invocar a los dioses, aunque no para rezarles: «Venid a mí, espíritus, quitadme el sexo», «¡Soplad, vientos, hasta agrietar los carrillos!» y así sucesivamente. El actor se acerca a la parte delantera del escenario y dice lo que piensa al público, que es tanto Dios como los espectadores en sus asientos. Los novelistas del siglo XIX como Charlotte Brontë y Thomas Hardy continuaron describiendo a sus personajes como si «monologaran», hablando consigo mismos.

James Wood: Los mecanismos de la ficción, Taurus, Barcelona, Trad. de Ana Herrera, 2016, p.127

la prueba

Remedios Varo- Creación-de-las-Aves-1957Remedios Varo: Creación de las aves (1957)

—Hablo siempre del poeta —dijo Andrés—. Sospecho que el poeta es ese hombre para quien, en última instancia, el dolor no es una realidad. Los ingleses han dicho que los poetas aprenden sufriendo lo que enseñarán cantando; pero ese sufrimiento el poeta no lo aceptará nunca como real, y la prueba es que lo metamorfosea, le da otro uso. Y ahí está precisamente lo terrible de un dolor así; padecerlo y saber que no es real, que no tiene potestad sobre el poeta porque el poeta lo prisma y lo rebota poema, y además goza al hacerlo como si estuviera jugando con un gato que le araña las manos. El dolor solo es real para aquél que lo sufre como una fatalidad o una contingencia, pero dándole derecho de ciudad, admitiéndolo en su alma. En el fondo el poeta no admite jamás el dolor; sufre, pero a la vez es ese otro que lo mira sufrir parado a los pies de la cama y pensando que afuera está el sol.

Julio Cortázar: El examen, Sudamericana, Buenos Aires, 1986, pp. 103-104

entrañas

Remedios Varo: Tránsito en espiral

Remedios Varo, Tránsito en espiral (1962)

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El sueño estaba compuesto como una torre formada por capas sin fin que se alzaran y se perdieran en el infinito, o bajaran en círculos perdiéndose en las entrañas de la tierra. Cuando me arrastró en sus ondas la espiral comenzó, y esa espiral era un laberinto. No había ni techo ni fondo, ni paredes ni regreso. Pero había temas que se repetían con exactitud.

ANAÏS NIN, Winter of Artifice.

Julio Cortázar, Rayuela (1963)