aproximación

Pablo Picasso- Minotaure caressant du Mufle la Main d'une Dormeuse, from the Suite Vollard, 1933-1934Pablo Picasso: Minotaure caressant du Mufle la Main d’une Dormeuse, de la Suite Vollard (1933-1934)

La metamorfosis

PRESENTIMIENTO Y METAMORFOSIS ENTRE LOS BOSQUIMANOS

 

La capacidad del hombre para la metamorfosis, que tanto poder le ha conferido sobre todas las criaturas restantes, apenas ha sido enfocada y comprendida. Pertenece a los mayores enigmas: cada cual la aplica, cada cual la considera muy natural. Pero pocos se dan cuenta de que le deben lo mejor de aquello que son. Es desacostumbradamente difícil sondear la esencia de la metamorfosis, y hay que aproximársele desde distintos lados.

En una obra sobre folklore bosquimano, a la que considero el documento más precioso de la humanidad temprana y que dista mucho de estar agotado -a pesar de que fue escrita hace más de cien años por Bleek e impresa hace más de sesenta- se encuentra un párrafo sobre los presentimientos de los bosquimanos, del que se pueden sacar importantes explicaciones. Se trata, como se mostrará, de principios de metamorfosis de forma sobremanera sencilla. Los bosquimanos perciben desde lejos el venir de gentes a las que no pueden ver ni oír. También tienen el sentimiento de que se acercan animales de caza y narran los signos en su propio cuerpo por los que reconocen esta aproximación.

«Un hombre dice a sus niños que estén a la escucha de su abuelo. “Prestad atención, me parece que el abuelo se acerca. Pues siento el lugar de la antigua herida en su cuerpo..” Los niños están atentos. Perciben a un hombre a lo lejos. Le dicen a su padre: “Allí viene un hombre”. El padre les contesta: “Aquel es vuestro abuelo, el que viene allí. Yo sabía que viene. He sentido su venir en el lugar de su antigua herida. Quería que vosotros mismos lo vierais: viene realmente. Vosotros no creéis a mi presentimiento. Pero dice la verdad.”»

(…)

Los mismos presentimientos se refieren también a animales. Son los animales, tan importantes para el bosquimano como sus parientes más próximos, sus animales más cercanos por decir así, los que caza y de los que se nutre.

(…)

De estas declaraciones de los bosquimanos uno percibe qué importancia atribuyen a tales presentimientos o sospechas. Sienten en sus cuerpos cuando ciertos acontecimientos son inminentes. Una especie de golpetear en su carne les habla y les participa de ello. Sus letras, como dicen ellos, están dentro de su cuerpo. Estas letras hablan y se mueven y los inducen incluso al movimiento. Un hombre impone silencio a los otros y se mantiene bien quieto cuando nota que en su cuerpo golpea. El presentimiento habla la verdad. Los tontos no entienden las enseñanzas y caen en la desgracia, son muertos por un león, o les acontece algo grave. Las señales por golpes les dicen a aquellos que las entienden qué camino no deben  pisar, qué flechas no han de emplear. Les advierten cuándo se aproxima mucha gente por la carretera. Cuando se está en busca de alguien, los golpecitos le dicen a uno en qué camino se le ha de buscar para encontrarlo.

No es nuestro asunto verificar aquí si los presentimientos de los bosquimanos son ciertos o engañosos. Puede que hayan desarrollado y ejerciten en su vida diaria capacidades que nosotros hemos perdido. Puede que tengan motivo para seguir creyendo en sus presentimientos, a pesar de que a veces hayan sido engañados por ellos. Sea como fuere, sus declaraciones acerca de la manera en que los presentimiento0s se anuncian pertenecen a los documentos más precisos sobre la esencia de la metamorfosis. Nada hay que pudiera comparárseles. Pues contra todo lo que se extraiga de mitos o cuentos acerca de ello, vale la objeción de que todo es pura poesía. Aquí, además, nos enteramos de cómo se siente el bosquimano en su vida real, cuando piensa en un avestruz o una gacela en la lejanía; lo que le sucede mientras tanto; qué es lo que en suma significa eso de pensar en una criatura que no es él mismo.

Elias Canetti: Masa y poder, Alianza, Madrid, Trad. de Horst Vogel, 2005, pp. 393-397

 

acontecimiento

günter brus

Günter Brus

En su propio descubrimiento, Nietzsche entrevió como en un sueño el medio de hollar la tierra, de acariciarla, de bailar y de devolver a la superficie lo que quedaba de los monstruos del fondo y de las figuras del cielo. Pero es cierto que se impuso una exigencia más profunda, más grandiosa, más peligrosa: en su descubrimiento vio un nuevo medio de explorar el fondo, de mirar con un ojo distinto, de discernir mil voces en sí mismo, de hacer hablar a todas estas voces, con el riesgo de ser atrapado por ese fondo que interpretaba y poblaba como nadie antes que él lo había hecho. No soportaba permanecer sobre la frágil superficie, cuyo trazado sin embargo había realizado a través de los hombres y los dioses. Reconquistar un sin-fondo que él renovaba, que ahondaba, es así como Nietzsche a su modo pereció. O mejor, «casi-pereció»; porque la enfermedad o la muerte son el acontecimiento mismo, y como tal sometido a una doble causalidad: la de los cuerpos, estados de cosas y mezclas, y también la de la casi-causa que representa el estado de organización o desorganización de la superficie incorporal. Así pues, Nietzsche se volvió loco y murió de parálisis general, al parecer, mezcla corporal sifilítica. Pero, la andadura que seguía este acontecimiento, esta vez respecto de la casi-causa que inspiraba toda la obra y co-inspiraba la vida, todo esto no tiene nada que ver con la parálisis general, con las migrañas oculares y los vómitos que le aquejaban, excepto para darles una nueva causalidad, es decir, una verdad eterna independientemente de su efectuación corporal, un estilo en una obra en lugar de una mezcla en el cuerpo. No se puede plantear el problema de las relaciones entre la obra y la enfermedad sino bajo esta doble causalidad.

Gilles Deleuze: Lógica del sentido, Decimoquinta Serie. De las singularidades. (trad. Miguel Morey)

síntoma