ecuación

Lucio Fontana- Concetto spaziale (Concepto espacial) Acrílico sobre lienzo 1950Lucio Fontana: Concetto spaziale (1950)

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Escoged un material cualquiera; sí, escoged un material cualquiera; no obstante, un material cualquiera determina la biología del poeta, la diagnostica; escoged un material cualquiera como quien escoge estrellas entre gusanos.

Pablo de Rokha: de Ecuación (Canto de la fórmula estética), en Antología, Visor, Madrid, 1992, pp. 109-110

la imagen

Viktor Kolár- Ohne Titel, Ostrava, 1963Viktor Kolár: Ohne Titel, Ostrava (1963)

LA IMAGEN PROVISIONAL

Este lamento indeciso que era el mío en relación al del mar
se vuelve, como término de comparación, vago.

No confío, al imaginar este texto, en la posible similitud
entre la descripción del mar y mi marginalidad,
situación en la margen. Antes, hasta el sentido de la pasión
el mar me lo traducía.

Había textos en la Historia en que algo
uno e indiferente era el intermediario
entre el pensamiento y el chorro de la fuente fiel
del sentimiento. Hoy tengo la lengua del llanto
junto al cerebro. Los datos naturales se me niegan.
El mar no me confirma a mí. Solo me confronta,
y a todas las páginas que oí sobre el arte,
la ciencia, el sentido naútico.

Cuando alguien invocó una cosa recíproca
como su imagen, era en otros tiempos. Hoy me defino como ente
solo. A nada, ni a un vocativo imaginado
puedo llamar, en su origen, mi reflejo específico.
En alguna parte capto los atributos. Junto a la fijeza
que yo atribuyo al mar, reconozco que se ha de completar,
hasta mi muerte, la imagen.

(De Nuevas visiones del pasado)

*

A IMAGEM PROVISÓRIA

Este lamento irresoluto que era o meu em ralação ao do mar
torna-se, como termo de comparação, vago.

Não confio, ao imaginar este texto, na possível similitude
entre a descripção do mar e a minha marginalidade,
situação na margem. Antes, até o sentido da paixão
o mar mo traduzia.

Havia textos na História en que qualquer coisa
una e indiferente era o intermediário
entre o pensamento e o jorro da fonte fiel
do sentimento. Hoje tenho a língua de choro
junto ao cérebro. Os dados naturais negam-se-me.
O mar não me confirma a min. Apenas me confronta,
e a todas as páginas que ouvi sobre a arte,
a ciência, o senso náutico.

Quando alguém invocou uma coisa recíproca
como sua imagem, era outra. Hoje defino-me como ente
só. A nada, nem a um vocativo imaginado
posso chamar, na sua origem, meu específico reflexo.
Algures apreendo os atributos. Junto à fixidez
que eu atribuo ao mar, reconheço que se há-de completar
até à minha morte, a imagem.

(de Novas visões do passado)

Fiama Hasse Pais Brandão: de Nuevas visiones del pasado, en Antología de la poesía portuguesa contemporánea, Tomo II, Madrid, Júcar, trad. Ángel Crespo, 1982, pp. 237-239

blancura

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CELSO.- (Lee.) «…ya que los tres somos otras tantas ilusiones que él engendró; y tus ilusiones forman parte de ti, lo mismo que la carne, los huesos, los recuerdos…Estaremos reunidos en el tormento, ya no será necesario acordarse del amor y la impureza, y puede ser que en el tormento ya no se acuerde uno de por qué está allí. Y si no recordamos todo esto, el suplicio no ha de ser tan terrible.» (Pausa.) Es un plagio. Un plagio descarado.

ISMAEL.- Hay coincidencias, sí…

CELSO.- Un vulgar plagio… que, además, ofende al original.

ISMAEL.- Yo no diría tanto…

CELSO.- Y no es que Faulkner (34) me guste especialmente, al contrario. Más de un libro suyo se me cayó de las manos. Pero…

ISMAEL.- Habría que distinguir el plagio, como tú lo llamas, de otras… de otras formas de influencia… La impronta que todo gran autor… Las huellas… inevitables, claro de los maestros sobre… Y no sólo de los maestros. A veces autores mediocres, obras de segunda o tercera categoría… ejercen una… Piensa, por ejemplo en Dujardin(35)… ¿Quién lo recuerda hoy… aparte de los críticos literarios, claro?… Sí: Édouard Dujardin, un autor de lo más mediocre. Nadie lo lee hoy… Y esa novela, Les lautiers sont coupés, ¿qué? Nada: una novelucha sin… Pero, ahí lo tienes… Inventó, por casualidad, el monólogo interior y… Sí, lo de menos es que Joyce (36) lo leyera… Hay otras formas de … Eso tiene un nombre… Quiero decir: esas huellas, esa… penetración de unos textos en otros, ¿comprendes? Tiene un nombre: intertextualidad. Es la vida misma de la literatura… En toda obra hay… otras obras. Los textos circulan… hay flujos, ¿comprendes?… Intertextualidad, sí… Es más que una influencia concreta… O menos… Penetraciones… involuntarias, inconscientes, si quieres… Pero, ¿plagios? Yo no diría tanto. (Pausa) Las grandes obras, los maestros, dejan como… como estelas a su paso… Es inevitable que… No todo es inspiración, ni talento… Es inevitable que las lecturas dejen… un poso, un fermento. A veces son… texturas concretas… Quiero decir… paisajes, ritmos, configuraciones que… La originalidad no… O sea: absoluta. La originalidad absoluta es una quimera, nadie la… Siempre hay lecturas, texturas concretas que vienen de… Es inconsciente, claro… La inspiración muchas veces necesita… Todo escritor sabe lo que eso… Esos momentos… Años a veces años enteros en que… (Pausa.) ¿Cómo lo encontraste?

CELSO.- Uno de mis asesores, librero de viejo…

ISMAEL.- Todo escritor conoce esos momentos, esos períodos de… Incluso los grandes, ¿eh? Incluso los genios. Períodos en que parece que ya la inspiración… o como quieras llamarla… Buscas, buscas dentro de ti… o fuera… Y sólo hay miedo… La gente cree que escribir es… Yo no comprendo a esos jóvenes novelistas… Bueno, tú dices que no los lees. Pero es increíble: sacan una novela por año… Y todas son magníficas, según la crítica… Una novela por año, ¿te lo imaginas? ¿Cómo pueden…? Claro: el tiempo las barrerá, como si fueran… Pero las lees y… no están mal escritas, no: hay ingenio, imaginación, soltura… Nada más, desde luego. No pasarán a la historia. El tiempo las barrerá… Pero se editan, y se venden, sí, y se habla de ellas… Claro: rascas un poco y descubres que lo han leído todo, que han aprendido la lección, que están al día… Pero nadie habla de plagio. Es curioso, ¿no? (Pausa.) No es el famoso miedo a la página en blanco. O, entonces, todo es una página en blanco… La siniestra blancura de Melville (37)…

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34. William Faulkner (1897-1962). Novelista americano, autor, como se dirá poco después de títulos como Mientras agonizo, Las palmeras salvajes o Absalón. Es notable la influencia de Joyce sobre su obra. De ahí que Ismael aduzca su nombre, y el de Dujardin, probablemente como defensa frente a la acusación de plagio formulada por el enigmático y puntilloso librero.
35. Édouard Dujardin (1861-1949) es, en efecto, un novelista francés a quien se atribuye el descubrimiento del monólogo interior como procedimiento narrativo. Les lauriers sont coupés es de 1888.
36. James Joyce (1882-1941). Novelista irlandés, autor de títulos como Dublineses, Retrato de un artista adolescente y, sobre todo, del Ulises (1922), la magna novela en la que se explora el procedimiento del monólogo interior.
37. Herman Melville (1819-1891). Este novelista americano es un nombre imprescindible entre las lecturas del autor. Melville es uno de los maestros de la novela de aventuras, extraídas de su propia experiencia como marino y como cautivo durante muchos años. Su novela más famosa es Moby Dick (1851), en la que la ballena blanca que da título a la novela simboliza la fuerza del mal en el mundo. La inactividad literaria de Ismael recuerda también a la actitud de Bartleby, el protagonista de Bartleby, el escribiente, la novela carta de Melville.

José Sanchís Sinisterra: El lector por horas, Espasa Calpe, Madrid, 2000, pp. 232-234

*

Sinisterra es autor de una obra de teatro titulada El cerco de Leningrado. En ella dos protagonistas femeninas se parapetan en un teatro en ruinas, se quedan de últimas, en todos los sentidos. En ese teatro habían pasado gran parte de su vida. Se afanan en la búsqueda de una obra perdida que lleva por nombre El cerco de Leningrado. Apenas recuerdo la obra. Sé que era divertida, que había sarcasmo y seguramente lucidez aunque de adolescente estaba lejos de saber qué era la lucidez -con más edad la vi en Sinisterra.

Me imagino hoy a las protagonistas bajando a platea y mirando desde allí la ruina del escenario. No sé qué verían, en el caso de que acertaran a ver algo.

Quizás nos vendría bien, a falta de escenarios y plateas, tener un espejo a mano, por si  vemos algún detalle desapercibido dentro de la ruina a la que nos agarramos desesperadamente.  En ese alejarse que nos facilitan a veces los espejos podríamos quizás descubrir hacia dónde dirigir el esfuerzo para acometer la siguiente transformación. Es decir poco para los acostumbrados a los espejos. Pero también ellos necesitan buscar una manera diferente de mirarse. Un caleidoscopio. Quién sabe si la escritura.

síntoma

Günter Brus — Self-Painting, Self-Mutilation (1965)
Günter Brus:  Self-Painting, Self-Mutilation (1965)

Igualmente, el escritor como tal no está enfermo, sino que más bien es médico, médico de sí mismo y del mundo. El mundo es el conjunto de síntomas con los que la enfermedad se confunde con el hombre. La literatura se presenta entonces como una iniciativa de salud: no forzosamente el escritor cuenta con una salud de hierro (…),  pero goza de una irresistible salud pequeñita producto de lo que ha visto y oído de las cosas demasiado grandes para él, demasiado fuertes para él, irrespirables, cuya sucesión le agota, y que le otorgan no obstante unos devenires que una salud de hierro y dominante haría imposibles. [7] De lo que ha visto y oído, el escritor regresa con los ojos llorosos y los tímpanos perforados. ¿Qué salud  bastaría  para  liberar la vida allá donde esté encarcelada por y en el hombre, por y en los organismos y los géneros? Pues la salud pequeñita de Spinoza, hasta donde llegara, dando fe hasta el final de una  nueva visión a la cual se va abriendo al pasar.

[7] Sobre la literatura como problema  de salud, pero para aquellos que carecen de ella o que sólo cuentan  con una  salud  muy frágil, vid. Michaux, posfacio  a «Mis propiedades»,  en La nuit remue, Gallimard. Y Le Clézio, Haï, pág. 7: «Algún día, tal vez se sepa que no había arte, sino sólo medicina

Deleuze, G.: Crítica y clínica, Anagrama, Madrid, Barcelona, 1996, pp.14-15