Morgue

Amat madrid 0004

Frederick Amat. Sogas nº1 (2008)

Morgue

 

El poeta se desvela. La hoja degüella la noche. El poeta enciende la luz de la
cocina abre la puerta del frigo
busca algo que corte una hemorragia.

Pero ¿qué harás con la noche descabezada?
Envolverla en papel frío.

El poeta toma las constantes a la noche
mide la temperatura el pulso hunde su mano en la frente
demora la hora del beso

Visita cada noche el poeta sus poemas
de amor
el corazón incandescente.

Noelia Pena, 2014

la rueda

Ilse Bing, Silver Shoes, 1935Ilse Bing: Silver Shoes (1935)

UN BAMBOLEO FRENÉTICO

No pienses…
Date duro en la cabeza,
martillea, entra y sal sin descanso,
persigue el objeto pérfido,
muévete entre sueños,
y… golpea, siempre golpea,
sin solemnidad y siquiera sin belleza,
no hacen falta en esta hora en que caes para siempre.
Ajeno al pensamiento,
cae de los pies a la cabeza
golpeando y golpeando este momento mortal.
Audaz, cae.
Sueña contigo en la tarde
engañosamente se presenta como el confín
de la promesa que miente con labios de oro.
Anoche te debatías en el fango,
te encharcabas en ese baile espeso
anunciador del frío de la tumba.
Golpea y golpea hasta romper.
Es la hora de la decisión.
Convoca a los sonidos para que cese la música
de solo y solo.
Solo, con golpes y genuflexiones,
la sangre y nuevos golpes.
¿Quién se queja a esta hora
en que solo y solo pasa la existencia?
Húndete en los golpes
y bebe tu propia proscripción.
Solo y solo en un dedo parado,
tu último llamamiento a la catástrofe.
Desarticulado de todo, antes que todo y …
siempre solo,
con heridas, con un solo de muecas.
Golpea si quieres que la descomposición te visite,
no desoigas la voz, sigue esa calle y…
con solo y solo baila hasta destriparte.
Que la soledad sea tu solo de mosca y …
¡cataplum! ¡Al hoyo!
Que la caja retumbe en tus oídos:
«Aparta la perfección agazapada,
el colgajo de serenidad.»
Solo entre acompañados
rueda en la rueda de los solos,
en solo de solo con tu solo,
solo nimbado yo te llamo
para zamparte solo y solo en la noche giratoria.

(1961)

Virgilio Piñera: de Un bamboleo frenético, en La isla en peso. Obra poética, Tusquets, Barcelona, 2000, pp. 101-102

isla

Yggdrasil_ manuscrito siglo XVII IslandiaYggdrasil, el árbol de la vida (manuscrito AM 738 4to del siglo XVII, Islandia)

ISLA

Aunque estoy a punto de renacer,
no lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido:
sólo me tocó en suerte,
y lo acepto porque no está en mi mano
negarme, y sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
y poco a poco, igual que un andante chopiniano,
empezarán a salirme árboles en los brazos,
rosas en los ojos y arena en el pecho.
En la boca las palabras morirán
para que el viento a su deseo pueda ulular.
Después, tendido como suelen hacer las islas,
miraré fijamente al horizonte,
veré salir el sol, la luna,
y lejos ya de la inquietud,
diré muy bajito:
¿así que era verdad?

«Isla», 1979

Virgilio Piñera: en Una broma colosal (1988), en La isla en peso. Obra poética, Tusquets, Barcelona, 2000, p. 236

 Nidhogg royendo las raíces de Yggdrasil Nidhogg royendo las raíces de Yggdrasil

sueño desorbitado

Rene MalteteFotografía: René Maltête

EL RESULTADO

Cuando me arrepienta
de mis crímenes
te enviaré un telegrama.
Vendrás vestido de blanco,
darás lechada a mi alma.

Lloraré sobre tu hombro
para constelar tu traje;
negros diamantes en tu pecho
y negro de humo en tus entrañas.

Enfundaremos el puñal
en un sueño desorbitado:
tomará la forma del cordero
que surge del tigre desatado.

Con las heridas haremos rimas
y con los gritos charadas;
la expiación será un pasatiempo
en la eternidad que me aguarda.

Después me sentaré a la mesa
para comer del pan sagrado;
yo lo partiré negro,
tú me lo darás blanco.

(1962)

Virgilio Piñera: en La isla en peso. Obra poética, Tusquets, Barcelona, 2000, pp. 117

todo cuanto queda

Alfred Kubin, Ins Unbekannte, 1900/01Alfred Kubin, Hacia lo desconocido (1900/01)

LAS FURIAS

 

Este helado cristal de la persona
entre Furias cayendo se divierte.
Solemniza los apagados cirios el sueño de su risa
y los dientes que inician el destino.
A un viento de cadáveres
el borde de su túnica interroga:
Es la aplomada pluma de las Furias
la que en la frente de los dioses bate,
más allá de la piel, en sordo vuelo,
solicitando el río envenenado.

Necesito las Furias
—flor de ira ladrando entre las tumbas.
Cruel Narciso,
necesito las Furias desatadas.
Hasta ahora he asistido a los santuarios
con rodillas de perro ajusticiado,
con un golpe de sangre entre los labios,
vestido de cadáveres.
Y tú, perro que velas,
si en noche de caricias
bajas al agua y su rumor trenzado
para beber de la ternura agria,
a las Furias te entrego destripado.
¡Oh, tu remordimiento como un sapo!

Solicito las Furias
que por la noche olvidan
la feroz existencia del recuerdo
y este remordimiento de morirnos
con la cuerda de mimbre del pecado.

Más que una salvación administrada,
quiero vuestro engrasado vuelo, Furias,
cautas miradas sobre mansos brutos,
amarilla locura fulminando
las refinadas artes del fiel perro
y su lengua que lame las miradas.

No he conocido, Furias, el secreto
del pez alegre sin modestia alzada,
ni el envés de las hojas soñolientas,
ni aún los sistros de sones iniciados.
Nada tengo sabido, alegres Furias:
esas islas por aguas ataviadas
donde hombres sombríos y suntuosos
furiosamente sobre dioses ríen.
Esas islas y luz furiosa unidas
pasan con ramas y consagraciones
reclinadas en tenues soledades.
Todo es conocimiento, alegres Furias.
Soy el garzón de las melancolías
distribuyendo aires amarillos.

Amor, amor, vende tu roja pluma,
pero el remordimiento como un sapo,
pero el perro que lame las miradas,
pero las rodillas del santuario,
pero el aire amarillo entre las manos,
pero la salvación administrada,
pero el cadáver de la soledad,
pero el ojo podrido del espejo,
pero la lengua del envenenado,
pero el conocimiento sollozando.

Acaso, Furias, ¿vendéis sangrientas plumas?
Pero después del goce lo gozado,
pero después del agua la frescura,
pero después del sueño las visiones,
pero después del inocente la inocencia,
pero después del perfumado espejo
perfumados cadáveres sonando,
pero después de las combinaciones
los números sumando los cadáveres,
pero después del dios comunicado
siempre el conocimiento sollozando.

¿No es así, Furias mías?
¿No es que el río divido cayendo entre vosotras?
¿No es que el garzón de las melancolías
odia furiosamente esas islas de las consagraciones?
Una amarilla rabia,
una amarilla tela,
un amarillo espejo,
una amarilla lluvia,
es todo cuanto queda,
alegres Furias.

(Las Furias, 1941)

Virgilio Piñera: en La vida entera (1968), en La isla en peso. Obra poética, Tusquets, Barcelona, 2000, pp. 23-25