contrapunto

Helena AlmeidaSaída Negra (1995)

En primer lugar, el artista ha de intentar transformar la situación reconociendo su deber frente al arte y frente a sí mismo, y considerarse no como señor de la situación sino como servidor de designios más altos cuyos deberes son precisos, grandes y sagrados. El artista se debe “educar” y ahondar en su propia alma, cuidarla y desarrollarla para que su talento externo tenga algo que vestir y no sea como el guante perdido de una mano desconocida, un simulacro de mano, sin sentido y vacía.

El artista debe tener algo que decir porque su deber no es dominar la forma sino adecuarla a un contenido.(6)

El artista no es un privilegiado de la vida, no tiene derecho a vivir sin deberes, está obligado a un trabajo pesado que a veces se convierte en su cruz. Ha de saber que cualquiera de sus actos, sentimientos y pensamientos constituyen el frágil, intocable, pero fuerte material de sus obras, y que, por lo tanto, no es libre en la vida sino solo en el arte.

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(6) Espero que quede claro que nos referimos a la educación del alma y no a una supuesta necesidad de introducir por la fuerza en cada obra un contenido consciente o de revestir artísticamente este contenido pensado. En tal caso no obtendríamos más que un resultado intelectual sin vida. Ya dijimos más arriba que la verdadera obra de arte nace misteriosamente. Cuando el alma del artista vive, no necesita el apoyo de las teorías y de la cabeza. Ella misma sabe expersar cosas que para el artista son aún poco claras en ese momento. La voz interior del alma le dice entonces qué forma necesita y de dónde debe tomarla (de la “naturaleza” interior o exterior). Todo artista que trabaje según su intuición ha experimentado de qué manera una forma escogida de pronto e inesperadamente resulta errónea y cómo surge automáticamente otra idónea que ocupa el lugar de la forma rechazada. Böcklin dijo que la verdadera obra de arte había de ser como una gran improvisación: reflexión, construcción y composición previa tienen que ser fases preparatorias con las que se alcanza el objetivo a veces sorprendente para el mismo artista. Así ha de ser comprendido el futuro contrapunto.

Vasili Kandinsky: De lo espiritual en el arte, Paidós, Barcelona, 2017, pp. 103-104