los asesinos

Paul Delvaux. The Great Sirens (1947)

Las matanzas han pasado {y siguen pasando sobre la víctima mortal de las últimas inundaciones, secuestrada, obligada a la prostitución, escondida en un sótano en el que sería pronto anegado cuerpo junto a neveras y cajas de cerveza o similar}, pero los asesinos siguen entre nosotros {en la mesa de la cocina, en el despacho de un comerciante, en el canal de la televisión, en las tiendas de ese pueblo, en la primera planta del hotel en el que estaba ese sótano}, muchas veces mentados {qué viejos los de antaño, más callados, la levita era de corte seco sin frunce, los gemelos bien puestos} y otros localizados {no hay apellido sin seña o apartado de correo postal y abogado}, y algunos, no todos {los menos, los solo algunos}, condenados en procesos. La existencia de estos asesinos ha penetrado en la conciencia de todos nosotros {se arrima a nuestros sueños, nos araña la vela antes de conseguir apagarla, nos desvela al tocar la frente ardiendo}, no por medio de un periodismo más o menos vergonzante {más o menos procedimentalista}, sino precisamente a través de la literatura {que un día espera, aún es el día que espera ser una cura, un paño sobre una herida, un punto de no retorno}.

{Enmienda} al Prefacio de El caso Franza, de Ingeborg Bachmann, Akal, Trad. de Adan Kovacsics, 2001, p.8

la tensión

Edward Burne-Jones: The Princess Sabra Led to the Dragon (1866)

El Malte Laurids Brigge de Rilke, algunas novelas cortas de Musil y Rönne, cuadernos de un médico, de Benn, partiendo de tribulaciones de naturaleza muy diversa, nos muestran el testimonio de experiencias semejantes a la de Hofmannsthal. Sin embargo, no deberíamos pensar en un consenso en la literatura, sino que hay que tener presente que se trata de iniciativas revolucionarias aisladas. Siempre se ha dicho que las cosas están en el aire. No creo que estén en el aire así como así y que cualquiera pueda agarrarlas y poseerlas, puesto que una experiencia nueva se construye, no se toma del aire. Del aire y de los otros sólo toman aquellos que no han vivido ninguna experiencia por sí mismos. Creo que no surgirá una nueva poesía si no surgen estas eternas preguntas, ineludibles, sobre el sentido y el porqué de las cosas y todo aquello que conllevan (como es la cuestión de la culpa); si no se plantea la sospecha y con ello una problemática real en aquel que ha de producir esta nueva poesía. Puede sonar paradójico, porque hace un momento hablábamos del enmudecimiento y del silencio como consecuencia de esta necesidad del escritor consigo mismo y con la realidad: una necesidad que hoy no ha hecho sino adoptar otras formas. Los conflictos religiosos y metafísicos han dado paso a los sociales, interpersonales y políticos. Para el escritor, todos acaban desembocando en el conflicto con el lenguaje. Esto es porque las producciones realmente importantes de estos últimos cincuenta años, las que han puesto de manifiesto una literatura nueva, no han surgido porque se quisiera experimentar con los estilos, porque de repente se buscara expresarse de una manera y de repente en otra, porque se pretendiera ser moderno. Han nacido donde un nuevo pensamiento ha hecho de detonante de toda nueva idea; donde ha habido un impulso moral anterior a toda moral formulable suficientemente grande para comprender y concebir una nueva posibilidad ética. En este sentido no creo que tengamos hoy los problemas que nos quieren encasquetar; y, sin embargo, caemos con demasiada frecuencia en la tentación de andar comentándolos. Tampoco creo que, después de tantos y tantos descubrimientos y aventuras como se han llevado a cabo en este siglo (sobre todo al principio), no nos quede más remedio que escribir de una manera epigonal; si no es que se escribe ya más surrealista que los surrealistas y aún más expresionista que los expresionistas. Tampoco creo que no nos quede más que valernos de los descubrimientos de Joyce y de Proust, de Kafka y de Musil. Y es que Joyce y Proust y Kafka y Musil no se sirvieron de ninguna experiencia precedente con la que se hubieran topado. Lo que utilizaron, lo que se ha constatado en seminarios y en tesis doctorales, es en cualquier caso lo de menos, es superficial o ha quedado amalgamado. Si asumimos a pies juntillas las determinaciones de la realidad de aquel tiempo, las formas de pensamiento que ayer eran nuevas, nos quedaremos tan sólo con el mero calco o con un pálido retrato de las grandes obras. Si la única posibilidad fuera ésa: continuar igual, proseguir y andar haciendo probaturas sin experiencia alguna hasta que parezca que vale la pena, entonces serían justas las acusaciones que se vierten hoy en día contra los escritores jóvenes. Pero ya se respira la tensión. La noche se adelanta al día, y el fuego prende en el crepúsculo.

Ingeborg Bachmann: Preguntas y pseudopreguntas (primera de las Conferencias de Fráncfort), en Literatura como Utopía, Pre-textos, Valencia, Trad. de Mónica Fernández Arizmendi y Àngels Giménez Campos, 2012, pp.135-136

hambre

George Valdez (Random photo, nothing staged and no cropping) // Paul Klee (Portrait of an Equilibrist, 1927) George Valdez conecta una foto casual tomada en 2013 con el Retrato de un equilibrista (Paul Klee, 1927)

«El pueblo necesita la poesía como el pan»: esta conmovedora frase, que es más que nada la expresión de un deseo, la escribió Simone Weil. Pero hoy en día la gente necesita cine y revistas como si fueran nata montada, y los más exigentes (entre los que por supuesto nos encontramos nosotros) necesitan un pequeño shock, un poco de Ionesco o el aullido del beatnik para no perder el apetito del todo. ¿Poesía como el pan? Este pan debería hacer rechinar los dientes y despertarnos el hambre aún más en vez de calmarla. Esta poesía debería ser incisiva de ideas y amarga de nostalgia, para poder tocar el sueño de los hombres. Dormimos, sí; somos durmientes, por el miedo que nos da percibirnos a nosotros y a nuestro mundo.

Ingeborg Bachmann: Preguntas y pseudopreguntas (primera de las Conferencias de Fráncfort), en Literatura como Utopía, Pre-textos, Valencia, Trad. de Mónica Fernández Arizmendi y Àngels Giménez Campos, 2012, p.142

demostrar

László Moholy-Nagy - Bridges 1 K 33, 1920László Moholy-Nagy: Bridges 1 K 33 (1920)

Hoy se oye tan a menudo, profanada, la pregunta de Hölderlin: ¿Para qué poetas en estos tiempos de penuria? Otra pregunta no menos justificada sería: ¿Y para qué poemas? ¿Qué hay que demostrar y a quién? Si los poemas no tuvieran que ser una demostración de nada, tendríamos que atenernos a que estimulan la memoria.

Ingeborg Bachmann: [¿Para qué poemas?], en Literatura como Utopía, Pre-Textos, Valencia, Trad. de Mónica Fernández Arizmendi y Àngels Giménez Campos, 2012, p.87

gramática

leonora-carrington-the-recital-of-dreamsLeonora Carrington: The recital of dreams

«Toda una nube de filosofía se condensa en una gotita de gramática.»

Ludwig Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, citado en Ingeborg Bachmann: Lo decible y lo indecible, en Literatura como Utopía, Pre-textos, Valencia, Trad. de Mónica Fernández Arizmendi y Àngels Giménez Campos, 2012, p.67

sentimiento

Alex Webb - Child with photographer background, Jeongsun Station, South Korea (2013)Alex Webb: Child with photographer background, Jeongsun Station, South Korea (2013)

No se nos ocurrirá aferrarnos al ideario del clasicismo ni al de cualquier otra época, puesto que éstos ya no pueden ser nuestra norma. Nuestra realidad, nuestros conflictos se han transformado. Por muy radiantes que nos lleguen algunos pensamientos aislados de tiempos pasados, cuando los citamos como testigos, lo hacemos como apoyo a nuestro pensamiento actual. Tampoco se trata de darlo todo por hecho, porque hace cincuenta o cuarenta años surgieran algunas mentes privilegiadas. De nada sirve continuar confiándoles el pensamiento como si fueran nuestras estrellas fijas. De nada sirve apoyarse en aquello digno de admiración que ha sido creado en las últimas décadas. La única lección posible es que no podremos eludir la misma peligrosa práctica. En el arte no se avanza en línea horizontal, sino que siempre se está desgarrando la vertical. Sólo los medios y las técnicas artísticas crean la impresión de que se trata de un progreso. Lo que es posible en realidad es la transformación, y el efecto transformador que aflora de las obras nuevas nos prepara para una nueva percepción, un nuevo sentimiento, una nueva conciencia.

Ingeborg Bachmann: Preguntas y pseudopreguntas (primera de las Conferencias de Fráncfort), en Literatura como Utopía, Pre-textos, Valencia, Trad. de Mónica Fernández Arizmendi y Àngels Giménez Campos, 2012, p. 140

conciencia

Erwin Blumenfeld - Spring fashion, for Vogue (1953)Erwin Blumenfeld: Spring fashion, for Vogue (1953)

Porque, ¿qué es lo que se pretende con la descripción de toda la sociedad, el estado de conciencia de una época? Eso no significa que uno deba repetir las frases que pronuncia esa sociedad, sino que éstas deben parecer otras. Y deben parecer radicalmente distintas, porque de lo contrario jamás se sabrá qué fue nuestra época. Y la enfermedad del mundo, y la enfermedad de ese personaje, la tortura que ella implica, para mí es la enfermedad de nuestra época. Y si esto no puede verse así mi libro es inútil. Pero quizás no si es posible verlo.

Ingeborg Bachmann: Debemos encontrar frases verdaderas. Conversaciones y entrevistas, Universidad Nacional Autónoma de México, México, Trad. de Ana María Cartolano, 2000, p. 84