el sueño

Raoul Hausmann- Jeux mécaniques, Limoges (1957)Raoul Hausmann: Jeux mécaniques, Limoges (1957)

No lograr orientarse en una ciudad aún no es gran cosa. Mas para perderse en una ciudad, al modo de aquel que se pierde en un bosque, hay que ejercitarse. Los nombres de las calles tienen que ir hablando al extraviado al igual que el crujido de las ramas secas, de la misma forma que las callejas del centro han de reflejarle las horas del día con tanta limpieza como un claro en el monte. Este arte lo he aprendido tarde, pero ha cumplido el sueño cuyas huellas primeras fueron los laberintos que se iban formando sobre las hojas de papel secante de mis viejos cuadernos. No, no fueron esas las primeras, pues antes que ellas hubo otro laberinto que sin duda los ha sobrevivido.

Walter Benjamin: Infancia en Berlín hacia mil novecientos, en Obras, Libro IV vol. 1, Abada editores, 2010, trad. de Jorge Navarro Pérez, p. 179

Jeu (mécanique)

Tête mécanique (Raoul Hausmann, 1919)

devenir(vii)

Henri Matisse
Henri Matisse fotografiado por Henri Cartier Bresson (1951)

«Varias veces he tenido también la idea -es necesario que la anote- de hacer hablar al pájaro, de describirlo en primera persona. Tendré que probar esa salida, tantear ese procedimiento.»

Francis Ponge: Notas tomadas para un pájaro, en La rabia de la expresión, Icaria, Barcelona, 2001, p.60

Algunos retratos de Henri Cartier Bresson

en todas partes

Retrato de Guillaume Apollianiare- Pablo Picasso (1918)Pablo Picasso: Retrato de Guillaume Apollinaire (1918)

Guillaume Apollinaire

(Roma, 26 de agosto de 1880 – París, 9 de noviembre de 1918)

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MARAVILLAS DE LA GUERRA*

 

Qué hermosos esos cohetes que iluminan la noche
Ascienden sobre su propia cima y se inclinan para mirar
Son damas que danzan con sus miradas por ojos brazos y corazones

He reconocido tu sonrisa y tu vivacidad

Es también la apoteosis cotidiana de todas mis Berenices cuyas cabelleras se han transformado en cometas
Esas danzarinas sobredoradas pertenecen a todos los tiempos y a todas las razas
Y dan bruscamente a luz hijos que sólo tienen tiempo de morir

Qué hermoso son todos esos cohetes
Pero más hermoso sería si hubiera más aún
Si hubiera millones que tuvieran un sentido completo y relativo como las letras de un libro
Sin embargo eso es tan bello como si la vida misma surgiera de los moribundos
Pero sería más hermoso si hubiera más aún
No obstante los miro con una belleza que se ofrece y se disipa de súbito
Me parece asistir a un gran festín iluminado a giorno
Es un banquete que se ofrece la tierra
La tierra tiene hambre y abre sus largas fauces pálidas
Tiene hambre y este es su festín de Baltasar caníbal

Quién hubiera dicho que se pudiera ser hasta ese punto antropófago
Y que se necesitara tanto fuego para asar el cuerpo humano
Por eso el aire tiene un leve sabor empireumático que a mi parecer no es desagradable
Pero el festín sería más hermoso aún si en él comiera el cielo con la tierra
El cielo sólo se traga almas
Lo cual es una manera de no alimentarse
Y se contenta con hacer juegos de manos con fuegos versicolores

Pero yo me he sumido en la dulzura de esta guerra con toda mi compañía a lo largo de las largas trincheras
Algunos gritos de llamas anuncian sin cesar mi presencia
He ahondado el lecho por donde circulo ramificándome en mil riachuelos que van por todas partes
Estoy en la trinchera de primera línea y sin embargo estoy en todas partes o más bien comienzo a estarlo
Soy yo quien comienza este asunto de los siglos venideros
Será más largo de realizar que la fábula de Ícaro volando
Lego al porvenir la historia de Guillaume Apollinaire
Que fue a la guerra y supo estar en todas partes
En las ciudades felices de la retaguardia
En todo el resto del universo
En los que mueren pataleando en las alambradas
En las mujeres en los cañones en los caballos
En el cenit en el nadir en los cuatro puntos cardinales
Y en el único ardor de esta velada de armas

Y sería sin duda mucho más hermoso
Si pudiera suponer que todas estas cosas por las cuales estoy en todas partes
Pudiesen también ocuparme
Pero en este sentido no se ha hecho nada
Pues si en esta hora yo estoy en todas partes es que sólo estoy en mí

Guillaume Apollinaire: Caligramas, Poemas de la Paz y de la Guerra (1913-1916), en Antología, Visor (trad. Manuel Álvarez Ortega), Madrid, 2007, pp. 77-79

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*Apollinaire se alistó como voluntario en la I Guerra Mundial y resultó herido de gravedad en la cabeza en 1916. La obra Caligramas, de la cual forma parte este poema, está atravesada por la experiencia de la guerra.

La tarea

Jean Marais- Orphee

Jean Marais en Orphée (Jean Cocteau, 1950)

Jean Cocteau

(Maisons-Laffitte, 5 de julio de 1889 – Milly-la-Forêt, 11 de octubre de 1963)

No sé ni leer ni escribir. Y cuando me lo pregunta la hoja del censo, me dan ganas de contestar que no.

¿Quién sabe escribir? Es luchar con la tinta para intentar que nos oigan y nos entiendan.

O cuidamos demasiado la tarea o no la cuidamos lo suficiente. Pocas veces damos con el intermedio que cojee con gracia. Leer es harina de otro costal. Leo. Creo que leo. Cada vez que vuelvo a leer, caigo en la cuenta de que no había leído. Es lo malo de una carta. Encontramos lo que buscábamos. Y con ello nos contentamos. La guardamos. Si la volvemos a encontrar, leemos otra carta que no habíamos leído antes.

(…)

Todos estamos enfermos y sólo sabemos leer los libros que tratan de nuestra enfermedad. Por eso tienen tanto éxito los libros que hablan de amor. Pensamos: «Este libro se escribió para mí. ¿Qué pueden entender de él los demás?». «Qué hermoso es este libro», dice la persona a la que amamos y creemos que nos ama, a quien nos apresuramos a dárselo para que lo lea. Pero lo dice porque ama a otro.

Habría que preguntarse si el papel de los libros, que hablan todos para convencer, no sería escuchar y asentir. En Balzac, el lector encuentra el alimento que precisa: «Éste es mi tío, se dice, es mi tía, es mi abuelo, es la señora X…, es la ciudad en donde nací». En Dostoievski, ¿qué se dice?: «Éstas son mi fiebre y mi violencia, de las que nada sospechan quienes me rodean».

Y el lector cree leer. Toma el cristal sin azogue por espejo fiel. Reconoce la escena que transcurre del otro lado. ¡Cuánto se parece a lo que él piensa! ¡Qué bien refleja esa imagen! Cómo colaboran los dos juntos. Qué bien reflexionan.

Jean CocteauLa dificultad de ser, Madrid, Siruela, 2006, pp. 57-58

gestos

Modigliani, Jeanne Hebuterne sitting (1918)

Artículo CXIII. De los gestos de los ojos y del rostro.

No hay pasión alguna que no sea revelada por algún gesto de los ojos (…). Pero, aunque estos gestos de los ojos se adviertan fácilmente y se sepa lo que significan, no por eso es fácil describirlos, porque cada uno se compone de vanos cambios que se producen en el movimiento y en la forma de los ojos, y son tan particulares y tan pequeños que no puede percibirse cada uno de ellos separadamente, aunque sea fácil de notar lo que resulta de su conjunto. Casi lo mismo puede decirse de los gestos del rostro que acompañan también a las pasiones; pues, aunque son más grandes que los de los ojos, es asimismo difícil distinguirlos, y son tan poco diferentes que hay hombres que ponen casi la misma cara cuando lloran que cuando ríen. Cierto es que algunos signos del rostro son bastante evidentes, como las arrugas de la frente en la cólera y ciertos movimientos de la nariz y de los labios en la indignación y en la burla; pero parecen ser más voluntarios que naturales. Y generalmente el alma puede cambiar todos los gestos, sean del rostro o de los ojos, cuando, queriendo ocultar su pasión, imagina intensamente una contraria; de suerte que lo mismo podemos servirnos de los gestos para disimular nuestras pasiones que para expresarlas.

R. Descartes, Tratado de las pasiones del alma (1649)