privilegio

Marina Abramović- Carrying the Skeleton 2008Marina Abramović: Carrying the Skeleton (2008)

Si plantamos semillas, lo que crece es otra generación de la planta. Si se esqueja, la misma planta se prolonga hasta el infinito. (Vuelve a empezar, joven.) ¿Por qué no descubrirán un elemento comparable a la tierra que permita perpetuar al hombre, ya que el individuo entero, la mirada, la voz, la forma de andar, está en la mínima de sus células y, si plantasen un recorte de uñas suyo, volvería a nacer y a empezar desde el principio? Pues porque todo hay que pagarlo. Las plantas pagan ese privilegio de no morir con el suplicio del escaso lugar que ocupan, con el estatismo, la anquilosis, la privación de una libertad (relativa) para moverse, cosas que el hombre tiene y paga muy caras, con el conocimiento del poco espacio por recorrer y con la muerte.
En algunas especies, el árbol se acoda él solo, deja colgar una rama hasta el suelo y, de esa rama, nace, con otra edad, pero exactamente igual. Esas especies eluden, pues, la intervención del hombre. Si pudieran, se reirían. Pues la risa es el gran privilegio que poseemos.
El conocimiento del hombre se alivia con la risa.

Jean Cocteau: De la risa, en La dificultad de ser, Siruela, Madrid, Trad. de María Teresa Gallego Urrutia, 2006, p.110

tinta

Joan Miró- Invention of Fire (1960)Joan Miró: Invention of Fire (litografía, 1960)

SOMBRA

De nuevo estáis aquí a mi lado
Recuerdos de mis compañeros muertos en la guerra
La oliva del tiempo
Recuerdos que no sois más que uno solo
Como cien pieles que no forman más que un manto
Como esos miles de heridas que no son más que un artículo de periódico
Apariencia impalpable y sombría que has apresado
La forma cambiante de mi sombra
Un indio al acecho durante la eternidad
Sombra te arrastras junto a mí
Pero ya no me oyes
No conocerás más los hermosos poemas que canto
Mientras yo te oigo aún te veo
Destino
Sombra múltiple que el sol te guarde
A ti que me amas lo suficiente para no abandonarme nunca
Y que danzas al sol sin levantar polvo
Sombra tinta del sol
Escritura de mi vida
Arcón de penas
Un dios que se humilla

Guillaume Apollinaire: Caligramas, Poemas de la Paz y de la Guerra (1913-1916), en Antología, Visor, Madrid, trad. de Manuel Álvarez Ortega, 2007, p. 68

OMBRE

Vous voilà de nouveau près de moi
Souvenirs de mes compagnons morts à la guerre
L’olive du temps
Souvenirs qui n’en faites plus qu’un
Comme cent fourrures ne font qu’un manteau
Comme ces milliers de blessures ne font qu’un article de journal
Apparence impalpable et sombre qui avez pris
La forme changeante de mon ombre
Un Indien à l’affût pendant l’éternité
Ombre vous rampez près de moi
Mais vous ne m’entendez plus
Vous ne connaîtrez plus les poèmes divins que je chante
Tandis que moi je vous entends je vous vois encore
Destinées
Ombre multiple que le soleil vous garde
Vous qui m’aimez assez pour ne jamais me quitter
Et qui dansez au soleil sans faire de poussière
Ombre encre du soleil
Ecriture de ma lumière
Caisson de regrets
Un dieu qui s’humilie

el sueño

Raoul Hausmann- Jeux mécaniques, Limoges (1957)Raoul Hausmann: Jeux mécaniques, Limoges (1957)

No lograr orientarse en una ciudad aún no es gran cosa. Mas para perderse en una ciudad, al modo de aquel que se pierde en un bosque, hay que ejercitarse. Los nombres de las calles tienen que ir hablando al extraviado al igual que el crujido de las ramas secas, de la misma forma que las callejas del centro han de reflejarle las horas del día con tanta limpieza como un claro en el monte. Este arte lo he aprendido tarde, pero ha cumplido el sueño cuyas huellas primeras fueron los laberintos que se iban formando sobre las hojas de papel secante de mis viejos cuadernos. No, no fueron esas las primeras, pues antes que ellas hubo otro laberinto que sin duda los ha sobrevivido.

Walter Benjamin: Infancia en Berlín hacia mil novecientos, en Obras, Libro IV vol. 1, Abada editores, 2010, trad. de Jorge Navarro Pérez, p. 179

Jeu (mécanique)

Tête mécanique (Raoul Hausmann, 1919)

plano

Germaine Krull- Bicycle Wheels (1929)Germaine Krull: Ruedas de Bicicleta (1929)

ARTÍCULOS DE ESCRITORIO Y PAPELERÍA

PLANO-PHARUS. Conozco a una mujer que es distraída. Ahí donde yo tengo a mano los nombres de mis proveedores, el lugar donde guardo mis documentos, las direcciones de mis amigos y conocidos, la hora de una cita, en ella se han fijado conceptos políticos, consignas del partido, fórmulas confesionales y órdenes. Vive en una ciudad de consignas y habita en un barrio de términos conspiradores y hermanados, en el que cada callejuela toma partido y cada palabra tiene por eco un grito de guerra.

(…)

Walter Benjamin: Dirección única, Alfaguara, Madrid, Traducción de Juan J. del Solar y Mercedes Allendesalazar, 1987, p. 50

nombres

 Toute la mémoire du monde (Alain Resnais, 1956)Fotograma de Toute la mémoire du monde (Alain Resnais, 1956)

Preguntas de un obrero que lee

¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas?
En los libros figuran solo nombres de reyes.
¿Acaso arrastraron ellos los bloques de piedra?
Y Babilonia, mil veces destruida,
¿Quién la volvió a levantar otras tantas? Quiénes edificaron
la dorada Lima, ¿en qué casas vivían?
¿Adónde fueron la noche
en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles?
Llena está de arcos triunfales
Roma la grande. Sus césares
¿sobre quiénes triunfaron? Bizancio,
tantas veces cantada, para sus habitantes
¿solo tenía palacios? Hasta en la legendaria
Atlántida, la noche que en que el mar se la tragó, los que se ahogaban
pedían, bramando, ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César venció a los galos.
¿No llevaba siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al saber su flota hundida.
¿No lloró más que él?
Federico de Prusia ganó la Guerra de los Treinta Años.
¿Quién la ganó también?

Un triunfo en cada página.
¿Quién preparaba los festines?
Un gran hombre cada diez años.
¿Quién pagaba los gastos?

A tantas historias,
tantas preguntas.

 

Bertolt Brecht: Historias de almanaque, Alianza, Madrid, 1980, trad. Joaquín Rábago, pp. 88-89

Cortometraje Toute la mémoire du monde (Alain Resnais, 1956)

incesantemente

Niño amputado tras un bombardeo del Ejército sirio en Alepo. (Manu Brabo-AP)

Alepo, Siria, 2013  (Manu Brabo-AP)

ÉL.- Tal vez Mario pensó en aquel momento que es preferible no preguntar por nada ni por nadie.

ELLA.- Que es mejor no saber.

ÉL.- Sin embargo, siempre es mejor saber, aunque sea doloroso.

ELLA.- Y aunque el saber nos lleve a nuevas ignorancias.

ÉL.- Pues en efecto: ¿quién es ése? Es la pregunta que seguimos haciéndonos.

ELLA.- La pregunta que invadió el planeta en el siglo veintidós.

ÉL.- Hemos aprendido de niños la causa: las mentiras y las catástrofes de los siglos precedentes la impusieron como una pregunta ineludible.

ELLA.- Quizá fueron numerosas, sin embargo, las personas que, en aquellos siglos atroces, guardaban ya en su corazón… ¿Se decía así?

ÉL.- Igual que decimos ahora: en su corazón.

ELLA.- Las personas que guardaban ya en su corazón la gran pregunta. Pero debieron de ser hombres oscuros, habitantes más o menos alucinados de semisótanos o de otros lugares parecidos.

(La luz se extingue sobre MARIO, cuyo espectro se aleja lentamente.)

ÉL.- Queremos recuperar la historia de esas catacumbas; preguntarnos también quiénes fueron ellos. [Y las historias de todos los demás: de los que nunca sintieron en su corazón la pregunta.]

ELLA.- Nos sabemos ya solidarios, no sólo de quienes viven, sino del pasado entero. Inocentes con quienes lo fueron; culpables con quienes lo fueron.

ÉL.- Durante siglos tuvimos que olvidar, para que el pasado no nos paralizase; ahora tenemos que recordar incesantemente, para que el pasado no nos envenene.

ELLA.- Reasumir el pasado vuelve más lento nuestro avance, pero también más firme.

ÉL.- Compadecer, uno por uno, a cuantos vivieron, es una tarea imposible, loca. Pero esa locura es nuestro orgullo.

ELLA.- Condenados a elegir, nunca recuperaremos la totalidad de los tiempos y las vidas. Pero en esa tarea se esconde la respuesta a la gran pregunta, si es que la tiene.

ÉL.- Quizá cada época tiene una, y quizá no hay ninguna. En el siglo diecinueve, un filósofo aventuró cierta respuesta. Para la tosca lógica del siglo siguiente resultó absurda. Hoy volvemos a hacerla nuestra, pero ignoramos si es verdadera… ¿Quién es ése?

ELLA.- Ése eres tú y tú y tú. Yo soy tú, y tú eres yo. Todos hemos vivido, y viviremos, todas las vidas.

ÉL.- Si todos hubiesen pensado al herir, al atropellar, al torturar, que eran ellos mismos quienes lo padecían, no lo habrían hecho… Pensémoslo así, mientras la verdadera respuesta llega.

ELLA.- Pensémoslo por si no llega.

(Un silencio.)

Antonio Buero Vallejo: El tragaluz (Parte Segunda), Espasa Calpe, Madrid, 1992, pp. 87-89

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(A vos.)

No sé exactamente por qué entre el 93 y 95 recorté imágenes de guerra de los periódicos que llegaban a casa. La única forma que encontré de hacer algo con aquellas fotos fue guardarlas en una caja, una caja plana de medias. Todas eran imágenes de guerra: Bosnia, Angola… Fotos en blanco y negro, de personas con piernas, brazos y sangre en blanco y negro. La sangre en blanco y negro no impresiona tanto como la sangre en color.

Mi aprendizaje de la guerra había comenzado antes, en la Guerra del Golfo. En casa no veíamos la tele a la hora de comer, por ese motivo no había visto demasiadas imágenes de guerra, pero la guerra acabó apareciendo, aún de perfil, en el colegio. Impactada por lo relatado, sin saber bien qué era, una noche comencé a rezar para que se acabase la guerra. La casualidad hizo que dos días más tarde se decretara el alto al fuego. El dios de los niños es el único al que podría uno fiar el destino de la humanidad. Pero también el tiempo hace que los dioses dejen de ser niños.

en todas partes

Retrato de Guillaume Apollianiare- Pablo Picasso (1918)Pablo Picasso: Retrato de Guillaume Apollinaire (1918)

Guillaume Apollinaire

(Roma, 26 de agosto de 1880 – París, 9 de noviembre de 1918)

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MARAVILLAS DE LA GUERRA*

 

Qué hermosos esos cohetes que iluminan la noche
Ascienden sobre su propia cima y se inclinan para mirar
Son damas que danzan con sus miradas por ojos brazos y corazones

He reconocido tu sonrisa y tu vivacidad

Es también la apoteosis cotidiana de todas mis Berenices cuyas cabelleras se han transformado en cometas
Esas danzarinas sobredoradas pertenecen a todos los tiempos y a todas las razas
Y dan bruscamente a luz hijos que sólo tienen tiempo de morir

Qué hermoso son todos esos cohetes
Pero más hermoso sería si hubiera más aún
Si hubiera millones que tuvieran un sentido completo y relativo como las letras de un libro
Sin embargo eso es tan bello como si la vida misma surgiera de los moribundos
Pero sería más hermoso si hubiera más aún
No obstante los miro con una belleza que se ofrece y se disipa de súbito
Me parece asistir a un gran festín iluminado a giorno
Es un banquete que se ofrece la tierra
La tierra tiene hambre y abre sus largas fauces pálidas
Tiene hambre y este es su festín de Baltasar caníbal

Quién hubiera dicho que se pudiera ser hasta ese punto antropófago
Y que se necesitara tanto fuego para asar el cuerpo humano
Por eso el aire tiene un leve sabor empireumático que a mi parecer no es desagradable
Pero el festín sería más hermoso aún si en él comiera el cielo con la tierra
El cielo sólo se traga almas
Lo cual es una manera de no alimentarse
Y se contenta con hacer juegos de manos con fuegos versicolores

Pero yo me he sumido en la dulzura de esta guerra con toda mi compañía a lo largo de las largas trincheras
Algunos gritos de llamas anuncian sin cesar mi presencia
He ahondado el lecho por donde circulo ramificándome en mil riachuelos que van por todas partes
Estoy en la trinchera de primera línea y sin embargo estoy en todas partes o más bien comienzo a estarlo
Soy yo quien comienza este asunto de los siglos venideros
Será más largo de realizar que la fábula de Ícaro volando
Lego al porvenir la historia de Guillaume Apollinaire
Que fue a la guerra y supo estar en todas partes
En las ciudades felices de la retaguardia
En todo el resto del universo
En los que mueren pataleando en las alambradas
En las mujeres en los cañones en los caballos
En el cenit en el nadir en los cuatro puntos cardinales
Y en el único ardor de esta velada de armas

Y sería sin duda mucho más hermoso
Si pudiera suponer que todas estas cosas por las cuales estoy en todas partes
Pudiesen también ocuparme
Pero en este sentido no se ha hecho nada
Pues si en esta hora yo estoy en todas partes es que sólo estoy en mí

Guillaume Apollinaire: Caligramas, Poemas de la Paz y de la Guerra (1913-1916), en Antología, Visor (trad. Manuel Álvarez Ortega), Madrid, 2007, pp. 77-79

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*Apollinaire se alistó como voluntario en la I Guerra Mundial y resultó herido de gravedad en la cabeza en 1916. La obra Caligramas, de la cual forma parte este poema, está atravesada por la experiencia de la guerra.