cartas

Makart- Abundantia, Gifts of Earth 1870Hans Makart, Abundantia, Gifts of Earth (1870)

LA LIEBRE DE PASCUA PUESTA AL DESCUBIERTO O PEQUEÑA TEORÍA DEL ESCONDRIJO

Walter Benjamin

Esconder significa dejar huellas. Pero unas que sean invisibles. Es el arte de la mano fácil. Rastelli* escondía cosas en el aire.

Cuanto más aéreo un escondrijo, también más ingenioso. Cuanto más a la vista está, mejor.

Por lo tanto, jamás hay que esconder nada en los cajones, ni en armarios, ni bajo las camas o en el piano.

Juego limpio en plena mañana de Pascua: esconderlo todo, pero que se pueda descubrir sin tener que mover ningún objeto.

Mas no esconderlo descuidadamente: un pliegue en el tapete o un bulto en la cortina pueden delatar ese lugar en el que hay que buscar.

¿No conocen ustedes el relato de Poe titulado La carta robada? Entonces se acordarán de la pregunta: «¿No se ha dado usted cuenta de que todos los que esconden una carta sino la meten en un hueco practicado por ejemplo en la pata de una silla, sí la esconden al menos en algún agujero bien oculto?»**. Pues el señor Dupin –el detective de Poe- lo sabe de sobra. Y por eso mismo encuentra la carta donde su astuto rival la ha escondido: dentro de un tarjetero puesto en la repisa de la chimenea, a la vista de todos.

Nunca hay que buscar en el salón. Pues los huevos de Pascua siempre hay que esconderlos en el cuarto de estar; y cuanto menos ordenado esté, mejor.

En el siglo XVIII se escribían tratados eruditos sobre las cosas más raras: sobre los niños abandonados y las casas encantadas, sobre los tipos de suicidio y los ventrílocuos. Puedo muy fácilmente imaginarme uno sobre cómo esconder los huevos de Pascua que compitiera en erudición con todos esos.

Mi tratado estaría organizado en tres distintas partes o capítulos, y expondría al lector los tres principios fundamentales que corresponden al arte del escondrijo.

Primero: el principio de la pinza. Se trataría de las instrucciones para aprovechar junturas y grietas, de la enseñanza del arte de suspender los huevos entre los cerrojos y picaportes, o entre algún cuadro y la pared, o entre la puerta y el gozne, o incluso en la cerradura y entre los tubos de la calefacción.

Segundo: el principio del relleno. Este capítulo enseñaría a utilizar los huevos como tapones en el cuello de una botella, o como velas sobre un candelabro, como los estambres en un cáliz, como la bombilla en una lámpara.

Y, tercero: el principio de la altura con el principio de la profundidad. Como es bien sabido, primero vemos lo que está frente a nosotros, a la altura de nuestros ojos; luego ya miramos hacia arriba, y tan sólo al final nos preocupamos por lo que se encuentra a nuestros pies. Podemos poner los huevos más pequeños en equilibrio sobre los marcos de los cuadros; los grandes, sobre la lámpara de araña –si no nos hemos aún deshecho de ella-. Pero esto no es nada en comparación con los refugios siempre innumerables e ingeniosos que tenemos a disposición solamente a cinco o diez centímetros por encima del suelo. Pues tenemos la hierba que los esconde en las distintas formas de las patas de la mesa, los zócalos y los flecos de alfombra, las papeleras y los pedales de los pianos; ahí va a ser sin dunda en donde la auténtica liebre de Pascua deposite sus huevos, como homenaje a la casa de la gran ciudad.

Y ya que estamos en una capital, digamos unas palabras de consuelo para esos que viven entre paredes lisas con muebles de acero y han racionalizado su existencia, dejando a un lado el calendario de las fiestas. Si echan un vistazo a su gramófono o sino a su máquina de escribir, comprobarán que en ese espacio pequeñísimo hay tantos agujeros y escondrijos como en una casa de siete habitaciones en estilo Makart***.

Pero ahora tenemos que evitar que esta simpática lista, antes de que llegue el nuevo lunes de Pascua, vaya a caer en manos de los niños.

Walter Benjamin: Imágenes que piensan, en Obras libro IV/vol.I, Abada, Madrid, 2010, pp. 349-350

 

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Publicado en abril de 1932 en la revista Der Uhu. En Alemania existe la costumbre de que el domingo de Pascua los niños reciban el regalo de unos huevos coloreados, huevos que se supone que una liebre antes ha escondido en el jardín.

*Enrico Rastelli (1896-1931), famoso malabarista [N.T.]
** Cfr. Edgar Allan Poe, Cuentos, trad. Julio Cortázar, Madrid: Alianza, 1970, volI, pág. 537. [N.T.]
*** El Makart es un estilo decorativo que tuvo gran difusión en Alemania a finales del siglo XIX, bajo la influencia dominante del pintor Hans Makart (1840-1884). [N.T.]

a tientas

Chirico-La-vuelta-de-Ulises-1968

Giorgio de Chirico: El retorno de Ulises (1968)

EL PENSAMIENTO

Es un error suponer que la verdad de una teoría es lo mismo que su fecundidad. Muchos, sin embargo, parecen pensar exactamente lo contrario. Creen que una teoría tiene tan poca necesidad de encontrar su aplicación en el pensamiento que, en general, es mejor que prescinda de ello. Toman toda afirmación en el sentido de una profesión de fe definitiva, de una orden o de un tabú. Quieren someterse a la idea como a un dios, o bien la atacan como a un ídolo. No tienen libertad frente a ella. Pero es esencial a la verdad el estar presente como sujeto activo. Uno puede oír proposiciones que en sí son verdaderas, pero sólo captará su verdad pensando y repensando en ellas.

Ese fetichismo se expresa hoy en forma extrema. Se es llamado a rendir cuentas del pensamiento como si éste fuese directamente la praxis*. No sólo la palabra que busca atacar al poder, sino también aquella otra que se mueve a tientas, experimentando, jugando con las posibilidades del error, resulta simplemente por eso intolerable. Pero ser incompleto y saberlo es también la señal del pensamiento, y justamente de ese pensamiento con el que vale la pena morir. La tesis según la cual la verdad es el todo** se revela como idéntica a su opuesta, según la cual la verdad sólo existe como parte. La excusa más miserable que los intelectuales han podido encontrar para los verdugos —y en el siglo pasado no han estado, al respecto, con las manos quietas— es la de que el pensamiento de la víctima, por el que ésta fue asesinada, había sido un error.

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* «directamente la praxis»/1944: «directamente la praxis. En Europa apenas existe ya una nación donde uno no sea fusilado por un lapsus linguae.»

** (Hegel, Phänomenologie des Geistes, cit., 24, trad. cast., Fenomenología del espíritu, cit., 16).

T. Adorno y M. Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid, 1998, p.290

demasiada lógica

Maurice Maeterlinck

(29 de agosto de 1862 –  5 de mayo de 1949)

Sir John Lubbock se inclina a negar a la abeja todo discernimiento que sale de la rutina de sus trabajos habituales. Da como prueba de ello una experiencia que cada cual puede fácilmente repetir. Meted en una garrafa media docena de moscas, y media docena de abejas; colocad luego horizontalmente la garrafa con el fondo hacia la ventana de la habitación; las abejas se empeñarán, durante horas, hasta morir de fatiga o inanición, en buscar una salida a través del fondo del cristal, mientras que las moscas, en menos de dos minutos, habrán salido todas en el sentido opuesto por el cuello de la botella. Sir John Lubbock deduce de esto que la inteligencia de la abeja es en extremo limitada y que la mosca es mucho más hábil en salir del paso y encontrar el camino. Esta conclusión no parece irreprochable. Volved alternativamente hacia la luz, veinte veces seguidas si queréis, ora el fondo, ora el cuello de la esfera transparente, y veinte veces seguidas las abejas volverán al mismo tiempo para hacer frente a la luz. Lo que las pierde en la experiencia del sabio inglés es su amor a la luz y es su razón misma. Se imaginan, evidentemente, que en toda prisión el rescate está por la parte de la claridad más viva, obran en consecuencia y se obstinan en obrar con demasiada lógica. No han tenido nunca conocimiento de ese misterio sobrenatural que para ellas representa el vidrio, esa atmósfera súbitamente impenetrable que no existe en la Naturaleza, y el obstáculo y el misterio deben de serles tanto más inadmisibles, tanto más incomprensibles, cuanto más inteligentes son. Al paso que las moscas aturdidas, sin seso, sin tener cuenta de la lógica, del llamamiento de la luz, del enigma del cristal, revolotean al azar en el globo y, encontrando aquí la buena suerte de los simples, que a veces se  salvan donde perecen los más sabios, acaban necesariamente  por encontrar a su paso el buen cuello que las salva.

Maurice Maeterlinck, La vida de las abejas, Barcelona, Orbis, pp.66-67

Grete Stern, Botella al mar, 1950

el ojo inocente

Mark Tansey: The innocent eye test (1981)

Un físico, un matemático y un filósofo contemplan una región para los tres desconocida desde su compartimento en un tren en marcha. Al otro lado de la ventana se ve una vaca negra pastando. “En este lugar, las vacas son negras”, dice el físico. “Vas demasiado lejos”, dice el matemático. “Lo más que puedes decir con los datos de que disponemos es que, en este lugar, al menos una vaca es negra”. “Tú también vas demasiado lejos”, dice el filósofo. “Lo más que puedes concluir es que, en este lugar, al menos una vaca es negra por un lado ”.

Manuel García-Carpintero: Las palabras, las ideas y las cosas, Barcelona, Ariel, 1996, p.74

lo que no somos

Eugenio Montale

 (Génova, 12 de octubre de 1896 – Milán, 12 de septiembre de 1981)

No nos pidas la palabra

No nos pidas la palabra que de par en par exhiba
nuestro ánimo informe y con letra de fuego
lo declare y resplandezca como una amarilla
flor perdida en un terreno polvoriento.

Ah, el hombre que camina sin recelo,
amigo de los otros y de sí mismo y no se cuida
de su sombra que en el punto extremo
del calor se imprime sobre un desconchado muro.

No nos pidas la fórmula que mundos pueda abrirte,
sí alguna sílaba torcida y seca como una rama.
Sólo esto podemos hoy decirte:
lo que no somos, lo que no queremos.

*

Non chiederci la parola che squadri da ogni lato
l’animo nostro informe, e a lettere di fuoco
lo dichiari e risplenda come un croco
perduto in mezzo a un polveroso prato.

Ah l’uomo che se ne va sicuro,
agli altri ed a se stesso amico,
e l’ombra sua non cura che la canicola
stampa sopra uno scalcinato muro!

Non domandarci la formula che mondi possa aprirti,
sì qualche storta sillaba e secca come un ramo.
Codesto solo oggi possiamo dirti,
ciò che non siamo, ciò che non vogliamo.

Eugenio Montale, Huesos de sepia (Ossi di seppia, 1925)

ese baile

Hermann Karl Hesse

(Alemania, 2 de julio de 1877 – Suiza, 9 de agosto de 1962)

Lo sabía: el mismo juego, el mismo anhelo ávido, noble, sin esperanza, de algo auténtico, eterno, valioso en sí mismo, que le impulsaba a llenar hojas de papel escrito, empujaba también a todos los demás, al general, al ministro, al diputado, a la elegante dama, al aprendiz de tendero. Todos los hombres, iluminados por secretas ilusiones, cegados por ideas preconcebidas, seducidos por ideales, anhelaban de algún modo, muy inteligente o tonto, poco importaba, salir de sí mismos,  y de los límites de lo posible. No había teniente que no llevase consigo la imagen de Napoleón… ni Napoleón que en su época no se sintiera como un imitador, no considerara sus hazañas medallas de juguete, sus objetivos ilusiones. Nadie había quedado fuera de ese baile. Nadie tampoco había dejado de experimentar en algún momento, a través de alguna hendidura, la certeza de ese engaño.

Hermann Hesse, El rastro de un sueño (1926), Madrid, Planeta, 1977, p.27

el otro

M.M., Wells Cunningham

HandelHalvorsen Passacaglia for cello and violin

El dúo es una composición musical para dos ejecutantes, instrumentales o vocales. Cuando se trata de dos instrumentistas se suele hablar de dúo (Dúo de violines), reservándose el término dueto (diminutivo de dúo) para las composiciones de dos cantantes. Además de ser una composición musical, se conoce por este nombre a la formación musical de dos intérpretes.

fuente: http://es.wikipedia.org

tiempo

Cândido Portinari. Mulher chorando (1947)

Cândido Portinari: Mulher chorando (1947)

 Carlos Drummond de Andrade (1902 – 1987)

Nuestro tiempo

A Oswaldo Alves

I

Este es tiempo de partido,

tiempo de hombres partidos.

En vano recorremos volúmenes,

viajamos y nos coloreamos.

La hora presentida se desmenuza en polvo por la calle.

Los hombres piden carne. Fuego. Zapatos.

Las leyes no bastan. Los lirios no nacen

de la ley. Mi nombre es tumulto, y se escribe

en la piedra.

Visito los hechos, no te encuentro.

¿Dónde te ocultas, precaria síntesis,

prenda de mi sueño, luz

durmiendo encendida en la balaustrada?

Menudas certezas de préstamo, ningún beso

sube al hombro para contarme

la ciudad de los hombres completos.

Me callo, espero, descifro.

Las cosas tal vez mejoren.

¡Son tan fuertes las cosas!

Pero yo no soy las cosas y me rebelo.

Tengo palabras en mí buscando canal,

son roncas y duras,

irritadas, enérgicas,

comprimidas hace tiempo,

perdieron el sentido, apenas quieren estallar.

II

Este es tiempo de divisas,

tiempo de gente cortada.

De manos viajando sin brazos,

obscenos gestos sueltos.

Cambió la calle de la infancia.

Y el vestido rojo

rojo

cubre la desnudez del amor,

al relente, no sirve.

Símbolos oscuros se multiplican.

¿Guerra, verdad, flores?

De los laboratorios platónicos movilizados

viene un soplo que limpia los rostros

y disipa, en la playa, las palabras.

La oscuridad se extiende pero no elimina

el sucedáneo de la estrella en las manos.

¡Ciertas partes de nosotros cómo brillan! Son uñas,

anillos, perlas, cigarros, linternas,

son partes más íntimas,

la pulsación, el jadeo,

y el aire de la noche es el estrictamente necesario

para continuar, y continuamos.

III

Y continuamos. Es tiempo de muletas.

Tiempo de muertos habladores

y viejas paralíticas, nostálgicas de bailongo,

pero todavía es tiempo de vivir y contar.

Ciertas historias no se perdieron.

Conozco bien esta casa,

por la derecha se entra, por la izquierda se sube,

la sala grande conduce a cuartos terribles,

como el del entierro que fue hecho, del cuerpo olvidado en

la mesa,

conduce a la copa de frutas ácidas,

al claro jardín central, al agua

que gotea y segrega

el incesto, la bendición, la partida,

conduce a las celdas cerradas, ¿qué contienen?

¿papeles?

¿crímenes?

¿monedas?

Oh cuenta, vieja negra, oh periodista, poeta, pequeño

historiador urbano,

oh sordomudo, depositario de mis desfallecimientos, ábrete y cuenta,

muchacha prendida en la memoria, viejo alejado, cucaracha

de los archivos, puertas chirriantes, soledad y asco,

personas y cosas enigmáticas, contad,

capa de polvo de los pianos desmantelados, contad;

viejos sellos del emperador, vajillas de porcelana partidas, contad;

huesos en la calle, fragmentos de diario, cierres en el piso de la

costurera, luto en el brazo, palomas, perros errantes, animales cazados, contad.

Todo es tan difícil desde que os callasteis…

Y muchos de vosotros nunca se abrieron.

IV

Es tiempo de medio silencio,

de boca helada y murmullo,

palabra indirecta, aviso

en la esquina. Tiempo de cinco sentidos

en uno solo. El espía cena con nosotros.

Es tiempo de cortinas pardas,

de cielo neutro, política

en la manzana, en el santo, en el gozo,

amor y desamor, cólera

blanca, gin con agua tónica,

ojos pintados,

dientes de vidrio,

grotesca lengua torcida.

A eso llamamos: equilibrio.

En el callejón,

apenas una pared,

sobre ella la policía.

En el cielo de la propaganda

aves anuncian

la gloria.

En el cuarto,

irrisión y tres cuellos sucios.

V

Escucha la hora formidable del almuerzo

en la ciudad. Las oficinas, en un instante, se vacían.

Las bocas chupan un río de carne, legumbres y tortas vitamínicas.

¡Salta aprisa del mar la bandeja de peces argénteos!

Los subterráneos del hambre lloran caldo de sopa,

ojos líquidos de perro a través del vidrio devoran tu hueso.

Come, brazo mecánico, aliméntate, mano de papel, es tiempo de comida,

más tarde será el de amor.

Lentamente las oficinas se recuperan, y los negocios, forma indecisa, evolucionan.

El espléndido negocio se insinúa en el tráfico.

Multitudes que lo cruzan no ven. No tiene color ni olor.

Está disimulado en el tranvía, por detrás de la brisa del sur,

viene en la arena, en el teléfono, en la batalla aérea,

toma cuenta de tu alma y extrae de ella un porcentaje.

Escucha la hora deshecha del regreso.

Hombre tras hombre, mujer, criatura, hombre,

ropa, cigarro, sombrero, ropa, ropa, ropa,

hombre, hombre, mujer, hombre, mujer, ropa, hombre,

imaginan esperar cualquier cosa,

y se quedan mudos, chorrean paso a paso, se sientan,

últimos siervos del negocio, imaginan volver a casa,

ya de noche, entre paredes apagadas, en una supuesta ciudad, imaginan.

Escucha la pequeña hora nocturna de compensación, lecturas, llamado al casino, paseo en la playa,

el cuerpo al lado del cuerpo, finalmente distendido,

con los pantalones despedido el incómodo pensamiento de esclavo,

escucha al cuerpo chirriar, enlazar, refluir,

errar en objetos remotos y, bajo ellos enterrado sin dolor,

confiarse a lo que bien me importa

del sueño.

Escucha el horrible empleo del día

en todos los países de habla humana,

la falsificación de las palabras goteando en los periódicos,

el mundo irreal de los registros civiles donde la propiedad es una torta con flores,

los bancos triturando suavemente el pescuezo del azúcar,

la constelación de las hormigas y usureros,

la mala poesía, la mala novela,

los frágiles que se entregan a la protección del basilisco,

el hombre feo, de fealdad mortal,

paseando en bote

en un siniestro crepúsculo de sábado.

VI

En los sótanos de la familia,

orquídeas y opciones

de compra y desquite.

La gravidez eléctrica

ya no trae languideces.

Criaturas alérgicas

se cambian; se reforman.

Hay una implacable

guerra a las cucarachas.

Se cuentan historias

por correspondencia.

La mesa reúne

una copa, un cuchillo,

y la cama devora

tu soledad.

Se salva la honra

y la herencia del ganado.

VII

O no se salva, y es lo mismo. Hay soluciones, hay bálsamos

para cada hora y dolor. Hay fuertes bálsamos,

dolores de clase, de sangrienta furia

y plácido rostro. Y hay mínimos

bálsamos, sofocados dolores innobles,

lesiones que ningún gobierno autoriza,

no obstante duelen,

melancolías insobornables,

ira, reprobación, disgusto

de ese sombrero viejo, de la calle embarrada, del Estado.

Está el llanto en el teatro,

¿en el palco?, ¿en el público?, ¿en las butacas?

está sobre todo el llanto en el teatro,

ya tarde, ya confuso,

él oscurece las luces, se engolfa en el linóleo,

va a minar los depósitos, en los callejones coloniales donde pasean ratas nocturnas,

va a mojar, en la plantación madura, el maíz ondulante,

y a secar al sol, en pozo amargo.

Y dentro del llanto mi rostro irónico,

mi ojo que ríe y desprecia,

mi repugnancia total por vuestro lirismo deteriorado,

que profana la esencia misma de los diamantes.

VIII

El poeta

declina toda responsabilidad

en la marcha del mundo capitalista

y con sus palabras, intuiciones, símbolos y otras armas

promete ayudar

a destruirlo

como a una cantera, una selva,

un gusano.

Carlos Drummond de Andrade, La rosa del pueblo, 1945

un poema más

50 poemas escogidos

A rosa do povo

pensar de otro modo

Michel Foucault
(Poitiers, 15 de octubre de 1926 – París, 25 de junio de 1984)

En cuanto al motivo que me impulsó, fue bien simple. Espero que, a los ojos de algunos, pueda bastar por sí mismo. Se trata de la curiosidad, esa única especie de curiosidad, por lo demás, que vale la pena de practicar con cierta obstinación: no la que busca asimilar lo que conviene conocer, sino la que permite alejarse de uno mismo. ¿Qué valdría el encarnizamiento del saber si sólo hubiera de asegurar la adquisición de conocimientos y no, en cierto modo y hasta donde se puede, el extravío del que conoce? Hay momentos en la vida en los que la cuestión de saber si se puede pensar distinto de como se piensa y percibir distinto de como se ve es indispensable para seguir contemplando o reflexionando. Quizá se me diga que estos juegos con uno mismo deben quedar entre bastidores, y que, en el mejor de los casos, forman parte de esos trabajos de preparación que se desvanecen por sí solos cuando han logrado sus efectos. Pero ¿qué es la filosofía hoy -quiero decir la actividad filosófica si no el trabajo crítico del pensamiento sobre sí mismo? ¿Y si no consiste, en vez de legitimar lo que ya se sabe, en emprender el saber cómo y hasta dónde sería posible pensar distinto?

Siempre hay algo de irrisorio en el discurso filosófico cuando, desde el exterior, quiere ordenar a los demás, decirles dónde está su verdad y cómo encontrarla, o cuando se siente con fuerza para instruirles con positividad ingenua; pero es su derecho explorar lo que, en su propio pensamiento, puede ser cambiado mediante el ejercicio que hace de un saber que le  es extraño.

Se trata de un ejercicio filosófico: en él se ventila saber en qué medida el trabajo de pensar su propia historia puede liberar al pensamiento de lo que piensa en silencio y permitirle pensar de otro modo.

Michel Foucault, introducción a Historia de la sexualidad. II. El uso de los placeres

la lógica

Edgar Degas, Bailarines en tutu verde (1880)

.

Sum, si fallor

 

La lógica parecía deseable,

no había motivo para dudas.

Para cualquier corazón tembloroso

la lógica parecía deseable.

Ordené el mundo,

mi pretendida inteligencia:

si p entonces q,

el principio de no contradicción,

modus tollens,

ex contraditione quod libet.

Tan lógicamente válidas

las acrobacias de aquella danza

circunscribieron mi universo.

El absurdo

cosquilleó  la palma de mi mano.

10/04/2009

libros

Los libros que necesitamos son aquellos que tienen sobre nosotros el efecto del infortunio,  que nos hacen sufrir como sufrimos por la muerte de alguien que queremos más que nosotros, los que nos hacen sentir que estamos al borde del suicidio, o perdidos en un bosque muy lejano a la civilización –un libro debería servir como el hacha para el mar helado que hay en nuestro interior.

Carta de Kafka a Oskar Pollak

género

Anne Sexton

(1928-1974)

Acompañada de ángeles

Estaba cansada de ser mujer,

cansada de cucharadas y cazuelas,

cansada de mi boca y mis pechos,

cansada de cremas y de sedas.

Aún había hombres sentados a la mesa,

en círculo alrededor del cuenco que ofrendaba.

El cuenco estaba lleno de uvas violeta

y las moscas lo sobrevolaban atraídas por el aroma

y hasta mi padre llegó con su hueso blanco.

Pero estaba cansada del género de las cosas.

Anoche tuve un sueño

y  le dije…

“Eres la respuesta,

Sobrevivirás a mi marido y a mi padre.”

En aquel sueño había una ciudad hecha de cadenas

en la que Juana era ejecutada con ropa de hombre

y la naturaleza de los ángeles seguía inexplicada,

no había dos de la misma especie,

uno con una nariz, uno con una oreja en su mano,

uno masticando una estrella y grabando su órbita,

cada uno como un poema obedeciendo a sí mismo,

haciendo las tareas de Dios,

un pueblo aparte.

“Vosotros sois la respuesta.”

dije, y entré,

tumbada a las puertas de la ciudad.

Luego ataron las cadenas a mi cuerpo

y perdí mi género neutro y mi aspecto final.

Adán estaba mi izquierda

y  Eva estaba a mi derecha,

ambos del todo incompatibles al mundo de la razón.

Entrelazamos nuestros brazos

y  cabalgamos bajo el sol.

Ya no era una mujer,

ni una cosa o la otra.

Oh hijas de Jerusalén,

el rey me ha traído a su cámara.

Soy negra y hermosa.

Me han abierto y desvestido.

No tengo brazos o piernas.

Como un pez soy de una sola piel.

No soy más mujer

que Cristo fue un hombre.

Febrero de 1963

Anne Sexton, Vive o muere, Vitruvio, 2008

(trad. Julio Mas Alcaraz)

[el original]

los juegos

Nunca me resultó demasiado interesante el ajedrez, ni como metáfora ni como juego. No hasta conocer la historia del autómata jugador de ajedrez, historia que me vino a la mente al leer este artículo.

La historia es simple. Juegas contra el Muñeco y pierdes. También los listos pierden. El autómata siempre gana. ¿Cómo podía ser que tan burdo mecanismo venciese siempre? Edgar Allan Poe da una explicación precisa en “El jugador de Ajedrez de Maelzel”. Poe demuestra en el análisis de los movimientos del autómata en qué medida los resortes del juego son algo totalmente distinto a lo que aparentan ser. En la explicación es dejado atrás el juego. Despojada de sus adornos nos devuelve la imagen de una caja vacía.

Resuelto el misterio, desnudado el artilugio ¿podría quedar todavía alguna razón para seguir manteniendo la ficción de espejos? Cada vez se hace más evidente -Poe muestra minuciosamente hasta qué punto- la necesidad abandonar la ilusión del juego para empezar de verdad a pensar. Sólo así podremos llegar a producir nueva realidad -que ya no será juego-, como bien apunta Amador Fernández-Savater en la coda al final del texto.

Febrero, 2012

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estado y máquina de guerra: ajedrez y go