capital

Joan Miró- Femme et oiseaux devant la lune , echelle de l´evasion (1980)Joan Miró: Femme et oiseaux devant la lune, echelle de l´evasion (1980)

Une capitale n’est pas absolutament nécessaire à l’homme.

El hombre no necesita en absoluto una capital.

 

Étienne Pivert de Senancour, citado en Walter Benjamin: Charles Baudelaire. Un lírico en la época del altocapitalismo, en Obras, libro I/ vol.2, Abada, Madrid, Trad. de Alfredo Brotons Muñoz, 2012, p.90

decir no

Joan Miró- Femme, Echelle de L'Evasion, 1977Joan Miró: Femme, Echelle de L’Evasion (1977)

Que quizás nuestra vida era el sueño de la vida real que se continuaba cada noche de sueño en sueño. Y, si no podíamos concebirla y descodificarla, tendría la culpa nuestra propia lógica, nuestra educación adaptada a una mala tradición que dejaba atrás la parte más noble de nosotros mismos. Nuestra empresa era rebelarnos, decir no, y extender nuestras manos sobre todos los Misterios. Qué hermoso. Mi cama se hacía más ligera y Karyotakis muy lejano, pequeñísimo, como si lo viese por la parte opuesta de unos anteojos.

Un asentamiento en toda la superficie del mundo, desde antiguas costumbres y prejuicios, nos privaba de la alegría de entrar en contacto con las cosas y de relacionarlas libremente, como pedían nuestros deseos más ocultos aunque no se atrevieran a confesarlo. Seguramente debería existir cualquier otro camino, paralelo al camino de la lógica, que si se emprendía con ánimo podía conducir muy lejos, a terrenos insospechados, en donde todo sería posible y realizable. Quién sabe. Puede que sonriamos con lo que veíamos hasta ahora como inescrutable y nos llenaba de angustia. Y puede que la muerte adquiriese entonces su otro sentido, el verdadero. La anulación colectiva de las particularidades que habíamos aprendido a dar a las cosas, nos otorgaría el derecho de sentar a la realidad en un taburete. El Amor, la Poesía, el Amor y la Poesía inseparablemente, debían darnos el ejemplo. Sobrepasar las barreras que levantan la fatuidad, la lengua, la sintaxis, las cadenas de una mediocre y estúpida sociedad. Dentro y más allá del orden lógico, sobre e independientemente del tiempo, en una duración interminable, pasaba una voz secreta. He aquí la misión del poeta: hacer sensible, aunque sea por un momento, la presencia de la poesía. En los siglos pasados, los espíritus más agudos, desde Heráclito hasta Sade y hasta Rimbaud, sin saberlo, lo habían conseguido. En momentos de perfecto desarme de toda preocupación estética y de absoluta sumisión a los Misterios, se había concebido la voz Surrealista. Y esa voz existirá siempre y sonará para todos.

Odysseas Elytis: Crónica de una década, Fundación Cultura y Progreso, Córdoba, Trad. de Jose Antonio Moreno Jurado, 1989, pp.49-50

enseñanza

Joan Miró- Untitled, 1949Joan Miró: Untitled (1949)

La enseñanza de la araña no es para la mosca.

L’enseignement de l’araignée n’est pas pour la mouche.

Rebanadas de saber / Tranches de savoir (fragmento)

Henri Michaux: de Frente a los cerrojos (1954), en Antología Poética 1927-1986, edición bilingüe, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, trad. de Silvio Mattoni, 2002, p. 169

tinta

Joan Miró- Invention of Fire (1960)Joan Miró: Invention of Fire (litografía, 1960)

SOMBRA

De nuevo estáis aquí a mi lado
Recuerdos de mis compañeros muertos en la guerra
La oliva del tiempo
Recuerdos que no sois más que uno solo
Como cien pieles que no forman más que un manto
Como esos miles de heridas que no son más que un artículo de periódico
Apariencia impalpable y sombría que has apresado
La forma cambiante de mi sombra
Un indio al acecho durante la eternidad
Sombra te arrastras junto a mí
Pero ya no me oyes
No conocerás más los hermosos poemas que canto
Mientras yo te oigo aún te veo
Destino
Sombra múltiple que el sol te guarde
A ti que me amas lo suficiente para no abandonarme nunca
Y que danzas al sol sin levantar polvo
Sombra tinta del sol
Escritura de mi vida
Arcón de penas
Un dios que se humilla

Guillaume Apollinaire: Caligramas, Poemas de la Paz y de la Guerra (1913-1916), en Antología, Visor, Madrid, trad. de Manuel Álvarez Ortega, 2007, p. 68

OMBRE

Vous voilà de nouveau près de moi
Souvenirs de mes compagnons morts à la guerre
L’olive du temps
Souvenirs qui n’en faites plus qu’un
Comme cent fourrures ne font qu’un manteau
Comme ces milliers de blessures ne font qu’un article de journal
Apparence impalpable et sombre qui avez pris
La forme changeante de mon ombre
Un Indien à l’affût pendant l’éternité
Ombre vous rampez près de moi
Mais vous ne m’entendez plus
Vous ne connaîtrez plus les poèmes divins que je chante
Tandis que moi je vous entends je vous vois encore
Destinées
Ombre multiple que le soleil vous garde
Vous qui m’aimez assez pour ne jamais me quitter
Et qui dansez au soleil sans faire de poussière
Ombre encre du soleil
Ecriture de ma lumière
Caisson de regrets
Un dieu qui s’humilie

nada más

Joan Miró- Pintura (Cabeza y araña) 1925Joan Miró: Pintura (Cabeza y araña), 1925

Esta mañana

Esta mañana pasaba algo. Un poco de nieve
en el suelo. El sol flotaba en un cielo
azul claro. El mar era azul, y azul verdoso,
hasta donde alcanzaba la vista.
Escasamente agitado. Tranquilo. Me vestí y fui
a dar un paseo –decidido a no volver
hasta coger lo que la naturaleza tenía que ofrecer.
Pasé junto a unos árboles viejos, abatidos.
Crucé un prado salpicado de piedras
donde se amontonaba la nieve. Seguí
hasta llegar al acantilado.
Desde allí miré el mar, y el cielo, y
las gaviotas revoloteando sobre la blanca playa
allá abajo. Todo encantador. Todo bañado por una fría
y pura luz. Pero, como siempre, mis pensamientos
empezaron a dispersarse. Tuve que obligarme
a ver lo que estaba viendo
y nada más. Tuve que decirme esto es lo que
importa y nada más. (¡Y lo estuve viendo,
durante un minuto o dos!) Durante un minuto o dos
eso se impuso sobre las meditaciones habituales acerca de
lo que estaba bien y lo que estaba mal –deber,
tiernos recuerdos, ideas de muerte, de cómo debería tratar
a mi antigua mujer. Todas las cosas
que esperaba que se fueran esta mañana.
Las que vivo cada día. Las que
he pisoteado para seguir vivo.
Pero durante un minuto o dos me olvidé
de mí mismo y de todo lo demás. Sé que lo hice.
Pues cuando me di la vuelta, no sabía
dónde estaba. Hasta que algunos pájaros se alzaron
de los nudosos árboles. Y se alejaron volando
en la dirección que yo necesitaba.

Raymond Carver: Bajo una luz marina, Visor, Madrid, traducción Mariano Antolín Rato, 2005, pp.33-34

*

This Morning

This morning was something. A little snow
lay on the ground. The sun floated in a clear
blue sky. The sea was blue, and blue-green,
as far as the eye could see.
Scarcely a ripple. Calm. I dressed and went
for a walk — determined not to return
until I took in what Nature had to offer.
I passed close to some old, bent-over trees.
Crossed a field strewn with rocks
where snow had drifted. Kept going
until I reached the bluff.
Where I gazed at the sea, and the sky, and
the gulls wheeling over the white beach
far below. All lovely. All bathed in a pure
cold light. But, as usual, my thoughts
began to wander. I had to will
myself to see what I was seeing
and nothing else. I had to tell myself this is what
mattered, not the other. (And I did see it,
for a minute or two!) For a minute or two
it crowded out the usual musings on
what was right, and what was wrong — duty,
tender memories, thoughts of death, how I should treat
with my former wife. All the things
I hoped would go away this morning.
The stuff I live with every day. What
I’ve trampled on in order to stay alive.
But for a minute or two I did forget
myself and everything else. I know I did.
For when I turned back i didn’t know
where I was. Until some birds rose up
from the gnarled trees. And flew
in the direction I needed to be going.