corazón

Max Ernst: The eye of silence (1943)

Cuerno inglés

El viento que esta tarde toca atento
-recuerda un sacudir de láminas metálicas-
los instrumentos de los frondosos árboles y barre
el cobrizo horizonte
donde cintas de luz se tienden
como aquilones al cielo que retumba
(¡Nubes viajeras, claros
reinos de allá arriba! ¡De altos Eldorados
puertas mal cerradas!)
y el mar que escama a escama,
lívido, cambia de color
lanza a tierra una tromba
de espumas retorcidas;
el viento que nace y muere
en la hora que lenta se ennegrece
te tocase esta tarde también a ti
desafinado instrumento,
corazón.

*

Corno inglese

ll vento che stasera suona attento –
ricorda un forte scotere di lame –
gli strumenti dei fitti alberi e spazza
l’orizzonte di rame
dove strisce di luce si protendono
come aquiloni al cielo che rimbomba
(Nuvole in viaggio, chiari
reami di lassů! D’alti Eldoradi
malchiuse porte!)
e il mare che scaglia a scaglia,
livido, muta colore
lancia a terra una tromba
di schiume intorte;
il vento che nasce e muore
nell’ora che lenta s’annera
suonasse te pure stasera
scordato strumento,
cuore.

Eugenio MontaleHuesos de sepia, Igitur, Montblanc, Trad. de Carlo Frabetti, 2000, pp. 26-27

corolario

Max Ernst: La liberté détruite par l’absence (1969)

O ogro

Brilla a noite no bandullo do tempo.

O sinal sen exclamación.

Noelia Pena, abril 2017


Demo

Ogro: ogro, ogre.

Brillar: del it. brillare, shine.

Noite: del lat. nox, noctis. La notte.

Bandullo: barriga, panxa, belly, pancia.

Tempo: del lat. tempus, temporis; time.

Sinal: del lat. signalis y esta de signum;  señal, senyal, signal.

Sen: sin, senza, without, but not.

Exclamación: del lat. exclamatio, -ōnis, esclamazione; Voz, grito o frase en que se refleja una emoción, sea de alegría, pena, indignación, cólera, asombro o cualquier otro afecto; whistle.


Max Ernst: Treinta y tres muchachas salen a cazar la mariposa blanca (1958)

En la web del museo Colección Thyssen-Bornemisza, Paloma Alarcó escribe sobre esta obra:

En 1958 Max Ernst obtuvo la nacionalidad francesa. Cinco años antes, el pintor y su cuarta mujer, la pintora americana Dorothea Tanning, habían regresado a Francia y entre 1955 y 1964 residieron en Huismes, cerca de Chinon, donde fue pintado este óleo titulado Treinta y tres muchachas salen a cazar la mariposa blanca, perteneciente desde 1971 a la colección Thyssen-Bornemisza. En esta explosión luminosa, Ernst recupera la técnica del grattage, que había practicado desde los años veinte. Con una espátula ha aplicado pequeños trazos rasgados que se multiplican prácticamente en toda la superficie del lienzo y que producen un efecto abstracto. Como ha resaltado Werner Spies, al aplicar ahora este procedimiento, el artista concede un mayor énfasis a la textura, lo que demuestra que a partir de los años cincuenta su pintura se contagió de las técnicas automáticas del tachismo y el art informel.

Con motivo de su exposición en la Galerie Creuzevault de París en 1958, donde se expuso este lienzo, Max Ernst publicó cinco poemas en prosa entre los que se encontraba el titulado «Présence d’Alice», en el que aparece una referencia explícita al contenido simbólico del cuadro: «En el cruce de dos señales, una de una escuela de arenques y la otra de una escuela de cristales, treinta y tres niñas salen en busca de la mariposa blanca, los ciegos danzan en la noche, los príncipes duermen mal y el noble cuervo toma la palabra».

Menciones

Max Ernst (Brühl, Alemania, el 2 de abril de 1891 – París, Francia, el 1 de abril de 1976): artista alemán nacionalizado francés considerado figura fundamental tanto en el movimiento dadá como en el surrealismo. 

Museo de arte ThyssenBornemisza (Paseo del Prado, 8, Madrid-España)

Noelia Pena: autora de algunos versos y el libro El agua que falta.

Paloma Alarcó, desde 1991 es conservadora del Museo Thyssen teniendo a su cargo el departamento de Pintura Moderna y el comisariado de exposiciones. Una conferencia: Figuración y vanguardia. Arte Pop.

del amor

max-ernst-women-reveling-violently-and-waving-in-menacing-air-1929Max Ernst: Women reveling violently and waving in menacing air (1929)

Pero nunca se sabe qué es el amor. Las librerías y bibliotecas están llenas de manuales y tratados sobre el amor, y es tanto el amor de los autores y compiladores a su propia obra que en ellos se puede aprender mucho sobre los motivos de su escritura y nada sobre el amor.

Tendría que haber alguna suerte de curso, inducción o sistema que adiestrara a la gente habilitándola para saber qué sentir por el amor, qué hacer con el amor, y, qué pensar y decir acerca del amor.

Fogwill: La introducción, Penguin Random House, Barcelona, 2016, p. 114

prisionero

Max Ernst - Rien ne va plus (1973)Max Ernst – Rien ne va plus (1973)

(…) Y cuando se escribe poesía o se escribe prosa, uno en realidad no se “sirve” del lenguaje. Pienso que el periodismo quizás se sirve del lenguaje, o alguien que tenga que divulgar determinadas opiniones. Un escritor no puede en absoluto servirse del lenguaje, creo más bien en lo que dice Nestroy: “Yo hice un prisionero, y él ya nunca me dejará libre”. Naturalmente también esto es una imagen, pero una bastante inteligente como para dar cuenta de la relación completamente diferente que un escritor tiene con el lenguaje.

-¿Podría definir con más exactitud esa relación?

-El hecho de ver la palabra de otra manera, una palabra aislada (cuanto más de cerca se mira, desde más lejos nos devuelve la mirada), está preñado de muchos enigmas; por eso un escritor no puede servirse del lenguaje que ha encontrado, es decir, de las frases, sino que debe reescribirlo después de haberlo destruido. Y el lenguaje que hablamos y el que hablan casi todos es un lenguaje de frases. Y es por eso que a muchos, algo que leen, que para mí está realmente escrito, les parece difícil de comprender o enigmático. Pero de ningún modo es tan enigmático; a menudo me resulta mucho más enigmático lo que se dice en conjunto con esas frases prefabricadas.

Ingeborg Bachmann: Debemos encontrar frases verdaderas. Conversaciones y entrevistas, Universidad Nacional Autónoma de México, México, Trad. de Ana María Cartolano, 2000, p.96